Por Rucio R.
Chile tiene un déficit de viviendas, que según como se mida puede alcanzar a casi 641 última cifra oficial 2023 mil viviendas, pero si se suma la cantidad de viviendas existentes de manera precaria o que necesitan mejoras urgentes para ser consideradas viviendas dignas, la cifra llega a casi un millón trescientas mil.
No está demás decir, que el problema de la vivienda es una tarea del Estado. El mercado por sí solo es incapaz de regular y terminar con el déficit habitacional.
Desde el golpe de estado en 1973, todo lo social se fue privatizando y con ello también se dejó en manos de privados y del “el mercado” la solución habitacional.
En las campañas presidenciales y parlamentarias, todos los candidatos, quien más quien menos, ofrecen diferentes soluciones, ninguna realmente creíble, porque no van al fondo del problema, que es el sistema capitalista.
Todas las promesas de campaña quedan cortas a la hora de llevarlas a la práctica, ya sea por falta de financiamiento o por baja cobertura, así mismo en el sector privado hay una cantidad importante de viviendas o departamentos que no se han vendido, entre otras razones, porque los créditos hipotecarios tienen altos intereses y la exigencia de los bancos para otorgarlos también son altas.
Esto condena a muchas parejas jóvenes a vivir de allegados a tener que arrendar porque prácticamente el acceso a crédito hipotecario para la vivienda es prohibitivo en Chile. Pero este no es solo un fenómeno chileno, ocurre lo mismo en otros países del mundo, incluso en países desarrollados.
El fenómeno de la especulación inmobiliaria, por otra parte, contribuye al alza en el valor de los arriendos, al concentrar en pocas manos una cantidad importante de viviendas para arriendo.
Cada día está más claro que el sistema capitalista está en un callejón de crisis permanente, donde las únicas salidas son el recorte de los derechos sociales, como salud, educación, pensiones y viviendas.
Ante esta situación, ningún candidato presidencial supuestamente de izquierda o progresista, ha ofrecido una alternativa diferente y creíble para salir de este flagelo que significa la falta de un techo para vivir.
No es necesario decir que este es un problema de la clase media empobrecida y de la clase trabajadora, porque la elite y sus hijos no enfrentan estos sinsabores de la vida.
La idea de crear una empresa constructora pública, con filiales a lo largo de todo el país, desde Arica a Magallanes, donde un organismo técnico con profesionales del rubro de la construcción se encargue de hacer el catastro y el diseño de barrios integrales, con viviendas dignas con un mínimo de 56 M2 para familias de tres personas y aumento de 10 M2 por cada integrante adicional, policlínicos, colegios, salas cunas, jardines infantiles, bibliotecas públicas, centros deportivos, teatro y centros comerciales, cuartel de bomberos y comisarías. No está en el programa de nadie.
Junto a esta empresa constructora pública, también el Estado debe contar con una distribuidora pública de materiales de construcción, una especie de CENABAST (central de abastecimiento de insumos médicos) para la construcción de viviendas.
Esto aseguraría contar con materiales de construcción más baratos y de buena calidad, lo cual redundaría en viviendas con un costo menor al actual, integrando al Banco estado que debiera volver a ser el “Banco del Estado” con un departamento de créditos hipotecarios especial para las viviendas sociales con tasa de interés preferencial.
¿Cuál sería el beneficio de llevar adelante este programa de construcción de barrios integrales?
Primero que nada, atacar de manera eficaz la falta de viviendas a lo largo del todo el país, segundo, un incremento sustancial de la mano de obra, bajando así también los índices de cesantía. Esto significará por otra parte dinamizar la economía, ya que habría un mayor consumo de bienes y servicios para satisfacer la demanda de los nuevos puestos de trabajos con salarios que alcanzaran para vivir de manera decente, un mínimo de un millón de pesos que es la cifra que logra cubrir los gastos actuales de una familia durante un mes.
La construcción de barrios integrales también sería una política que reduciría de manera real los índices de delincuencia y un verdadero combate al crimen organizado, ya que todos los estudios indican que el crimen organizado y el narcotráfico se hacen fuertes ahí donde el estado no está presente.
Barrios donde la población esté integrada y sea parte activa en el desarrollo de la comunidad y no sean simples espectadores de las políticas dictadas desde las autoridades, juntas de vecinos con financiamiento público para que ejerzan labores de cuidados y vigilancia, cuerpos de vigilancia y cuidados integrados por los propios vecinos, que se ocupen básicamente de problemas, como violencia intrafamiliar, cuidados de adultos mayores, ayudantes en salas cunas y jardines infantiles.
También este desarrollo implicaría que serían necesarios más profesionales de salud. Un ejemplo de lo absurdo del capitalismo. Algunas estadísticas de medios como Smile Avenue y web dental.cl hablan del exceso de profesionales de odontología que existe y que el mercado no logra ocupar. Esto es una paradoja, en un país donde un alto porcentaje de la clase trabajadora, tiene problemas dentales.
Un plan intensivo de construcción de barrios integrales podría dar cabida a los miles de profesionales de los muchos rubros que hoy día trabajan como vendedores o en aplicaciones como UBER.
Una política para terminar con las carencias de las viviendas existentes, con un plan de mejoramiento para convertir en dignas muchas viviendas precarias, también significa un desarrollo económico a lo largo y ancho de todo el país, se dinamizará la economía local.
Con la construcción de nuevos barrios, se va a necesitar más alimentos y toda clase de insumos que se requieren en una casa, más negocios, más agricultura, etc.
En Chile no hay recursos para financiar algo así, es el argumento de muchos “especialistas en economía”. Lo mismo decían de la educación gratuita y el CAE terminó siendo una gran transferencia de recursos desde el estado hacia la banca privada, por concepto de deudas impagas. (Mayol demostró en ENADE 2011 que el estado gastó más recursos en el CAE que el costo de otorgar gratuidad universal).
Esa afirmación, es falsa. Chile es rico en recursos naturales, tenemos las mayores reservas de Cobre, tenemos las mayores reservas de Litio, elemento esencial hoy día para la fabricación de baterías para la electro movilidad.
Solo que estos recursos son entregados a los privados y multinacionales, conformándose el Estado a un mísero porcentaje por concepto de Royalty e impuestos.
Pero también, tenemos en Chile un sistema que mes a mes incrementa un fondo de recursos frescos, este sistema son las AFP. Cada mes estas empresas reciben poco más del 10% del salario de cada trabajador en Chile, y a partir de la “seudo reforma previsional, este porcentaje aumentó a 16%).
¿A dónde se va parte importante de estos recursos?
Una parte importante de nuestros fondos van a financiar el retail, la banca y la especulación financiera.
Las utilidades de estos negocios no van a los fondos para pagar pensiones, sino al bolsillo de los grupos económicos que controlan la economía del país.
Al poner fin al sistema de AFP y capitalización individual y reemplazarlo por un sistema de reparto solidario sin fines de lucro, invirtiendo esos recursos en la economía real, en la fabricación de insumos y bienes, se podría duplicar y en algunos casos incluso triplicar las pensiones actuales, y durante los siguientes 50 años tendríamos un exceso de ingresos. lo que permitiría invertir en el desarrollo del país, entre otras cosas en la creación de una empresa estatal y en cooperativas de construcción de viviendas.»
Poniendo fin a las AFP, parte de los aportes de los trabajadores, puede ser invertido en este programa intensivo de construcción y las utilidades generadas, redundaría en mejores pensiones para los mismos trabajadores al cambiar el sistema de capitalización individual por un sistema de reparto.
Una situación de pleno empleo, elevaría los salarios y llevaría aún más recursos frescos todos los meses a los fondos de administración previsional.
Los detractores dicen. Con la tasa de natalidad actual, el futuro de los sistemas de pensiones de reparto, estaría en riesgo porque no habrá reemplazo de cotizantes.
Pero si se implementa esta política de desarrollo a lo largo de todo el país, con ingresos altos e instituciones que aseguren el bienestar de la población, con beneficios sociales, se revertiría también el fenómeno de los bajos índices de natalidad, ya que hoy en día muchas parejas jóvenes no están en condiciones económicas para mantener hijos, por los elevados costos que esto significa.
Si los salarios suben, la cesantía baja a niveles de pleno empleo, florecerá la cultura, las artes, la gente viviría más contenta, los jóvenes no tendrían miedo de comprometer su nivel de vida teniendo hijos y a futuro estaría asegurada la tasa de reemplazo para el sistema previsional.
¿Por qué no se hace?
¿Por qué nadie plantea algo así?
La respuesta está en que, bajo el actual sistema capitalista neoliberal, el estado está condenado a ser un mero administrador, un fiscalizador de las políticas económicas y a entregar al sector privado toda iniciativa de mejoras sociales.
La otra razón es que todos los actuales dirigentes políticos de todos los colores políticos, solo juegan a administrar el sistema y el problema es que el sistema mismo es el que está en crisis, es el capitalismo el gran freno al desarrollo de la humanidad como conjunto social.
Bajo el sistema capitalista es imposible llevar adelante un programa como el que acá se expone, porque está pensado en un beneficio social, colectivo y no individual, la propia constitución le asigna al Estado un rol de subsidiariedad, esto es que le prohíbe participar en la matriz productiva del país, salvo honrosas excepciones, como CODELCO Y ENAP.
La solución al problema de la vivienda, provocaría una reacción en cadena solucionando a la vez, los problemas de la delincuencia, cuidados de adultos mayores, problemas de atención de salud, podría revertir la tasa de baja natalidad, transformándose en un círculo virtuoso.
Pero nada de esto puede ser llevado a la práctica bajo el sistema capitalista de ahí la importancia que el nuevo REENCUENTRO DEL PUEBLO se arme de un programa claro de transformación de la sociedad, enfrentado directamente al sistema capitalista para construir una verdadera sociedad SOCIALISTA. Democrática, participativa, equitativa, donde el poder no esté en una élite privilegiada, sino depositada en las organizaciones de la clase trabajadora. Una sociedad que defienda y recupere el medio ambiente y asegure el bienestar de toda la población y sus derechos. La vivienda es un DERECHO, organizarnos y movilizarnos para buscar soluciones colectivas es nuestra responsabilidad.











