Por: Esteban Silva Cuadra
Donald Trump ha culminado la primera etapa de su ofensiva contra el derecho internacional al atacar a la República Bolivariana de Venezuela con el objetivo de secuestrar a su presidente constitucional, Nicolás Maduro Moros. Tras esta agresión, intentará organizar un espectáculo mediático y pseudo judicial, ilegal e ilegítimo, destinado a encubrir su crimen con el fin de otorgar una falsa apariencia de legalidad al secuestro del jefe del Estado venezolano y de su esposa, la diputada Cilia Flores.
Ante sus captores en el Tribunal de Nueva York, el presidente Nicolás Maduro expresó con firmeza y claridad:
«Soy el presidente de Venezuela y me considero prisionero de guerra. Fui capturado en mi casa en Caracas».
El verdadero objetivo de esta operación de secuestro y del bombardeo contra Venezuela ha sido claro: apoderarse del petróleo venezolano. Se vislumbran así días particularmente oscuros y complejos para Venezuela, América Latina y para la humanidad en su conjunto.
La Doctrina Monroe, que Trump reivindica abiertamente, constituye hoy una forma renovada de colonialismo contra los pueblos libres de América Latina y el Caribe. Sin embargo, esta política no se limita a nuestra región. Su alianza estratégica con el fascismo y con el colonialismo sionista para perpetuar el genocidio contra el pueblo palestino en Gaza y consolidar la dominación colonial sobre Palestina, así como su alianza con el colonialismo del reino feudal de Marruecos para legitimar la ocupación ilegal del Sáhara Occidental, además de su confrontación estratégica con la República Popular China, convierten a la administración Trump en un peligro global para los pueblos del Sur Global y para la humanidad entera.
En esta coyuntura crítica, los pueblos del Sur Global enfrentan desafíos históricos que exigen una profunda renovación del espíritu de solidaridad internacionalista y de la lucha anticolonial. La reactivación de doctrinas hegemónicas y la formación de alianzas orientadas a consolidar la dominación sobre territorios, recursos naturales y pueblos soberanos constituyen una amenaza directa al derecho de autodeterminación y al desarrollo independiente.
En esta hora de crisis y de escalada del conflicto global, resulta imperativo revivir, actualizar y proyectar los principios fundacionales de Bandung y del Movimiento de Países No Alineados. No se trata de un conflicto meramente geopolítico entre potencias, sino de una confrontación histórica entre un modelo de dominación unipolar y neocolonial, y la aspiración legítima de la mayoría de la humanidad a construir un orden internacional multipolar, justo y democrático, basado en el respeto de la soberanía, la integridad territorial y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados.
La cooperación Sur-Sur, la defensa y el control soberano de nuestros recursos estratégicos, y la construcción de soberanías integrales —alimentaria, energética, productiva y tecnológica— constituyen los pilares fundamentales de esta resistencia histórica y la base de un futuro en el que el derecho al desarrollo sea una realidad concreta para todos nuestros pueblos. La defensa del Estado de Palestina, de la República Árabe Saharaui Democrática, de la República Bolivariana de Venezuela, y de toda nación sometida a ocupación, agresión o bloqueo, es parte inseparable de esta lucha común por un mundo verdaderamente multipolar.
La unidad en la diversidad, la movilización conjunta y la articulación política de los pueblos del Sur Global representan hoy nuestra principal fortaleza. En esta hora decisiva de la historia, ese es el camino para enfrentar la ofensiva imperialista y abrir paso a un nuevo orden internacional basado en la justicia, la dignidad y la emancipación de los pueblos.
5 de enero de 2026











