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Crónica de un Divorcio Cósmico: Cuando el Ego Choca con el Botón Rojo

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por Carlos Pichuante

Se acabó el idilio. Y no, no hablamos de una pareja rota en un departamento con vista al Central Park ni de una telenovela barata de Netflix. No. Esta vez se separan dos idiotas con superpoderes: uno con el botón rojo y el otro con los cohetes, las redes sociales, y el ego tan inflado que necesita su propio satélite geoestacionario.
 
La relación parecía sacada de un thriller distópico: un presidente con alma de influencer y carácter de gelatina, y un millonario que confundió la filantropía con la egolatría, convencido de que puede salvar al mundo mientras lo tuitea a 280 caracteres por tragedia.
 
La Casa Blanca ya no huele a democracia, huele a pólvora y marketing digital. El presidente, con sonrisas forzadas y discursos de teleprompter, termina la relación , porque su “amigo” de Silicon Valley no le dio suficientes likes geopolíticos. Y el otro, dueño de los cohetes y las criptolágrimas, responde con memes y amenazas que suenan a película mala de Marvel.
 
Y nosotros, los simples mortales, aquí abajo, viendo cómo se desmorona el teatro mientras los actores principales hacen berrinches desde sus jets privados y bunkers a prueba de sentido común.
 
Dicen que la guerra es entre ellos. Ja. Qué risa. Porque cuando se pelean los dioses del Olimpo Capitalista, quienes terminan bajo los escombros no son ellos. Somos nosotros. Los mismos de siempre: los que no tienen ni botón rojo ni cuenta verificada. Los que no pueden escapar a Marte cuando el apocalipsis esté en “fase beta”.
 
Y ahí está la paradoja: el político sin brújula ni pantalones se alía con el magnate sin límites ni filtros. ¿El resultado? Un Frankenstein del siglo XXI que decide el rumbo del planeta entre un tuit y una explosión.
 
Hoy se termina la luna de miel. Hoy se rompen los platos. Y si hay algo que deberíamos aprender de este circo sin carpa es que el verdadero peligro del mundo no está en las bombas, sino en los egos. Porque cuando un hombre con el botón rojo no sabe decir “no” y otro con mil millones de dólares no sabe cuándo callar, el mundo se vuelve rehén de sus caprichos.
 
Así que, mientras ellos se bloquean mutuamente en sus plataformas y se declaran la guerra con emojis nucleares, el resto del planeta,nosotros,seguiremos recogiendo los pedazos, preguntándonos cómo es posible que dos adultos con tanto poder tengan tan poco juicio.
 
Ojalá que la próxima vez que se enamoren, lo hagan de la cordura.

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