Felipe Portales
El histórico Partido Demócrata Cristiano que se formó en nuestro país en la década del 50
del siglo pasado (y cuyo antecesor, la Falange Nacional, en los 30) dejó de existir a fines de
los 80. Estamos hablando del Partido cuyo Gobierno (1964-1970) logró una Reforma
Agraria para terminar con el semi-feudal sistema de haciendas; que logró, por fin, legalizar
la sindicalización campesina; que comenzó en el agro con las empresas de trabajadores;
que hizo una profunda Reforma Educacional e hizo efectiva finalmente la educación
primaria obligatoria en todo el país; que comenzó el proceso de nacionalización del cobre;
que obtuvo la constitución legal de las Juntas de Vecinos en todo el país; que promovió
notablemente el movimiento cooperativo y el sistema de autoconstrucción de viviendas; y
que –entre otras cosas- desempeñó un papel crucial en la creación del Pacto Andino
formado por Chile, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú (1969); del Consejo
Intergubernamental de Países Exportadores de Cobre (CIPEC), conformado por Chile, Perú,
Zambia y Zaire (1967); y en el Consenso Latinoamericano de Viña del Mar (1969) que por
primera vez logró un planteamiento común de la región vis-a-vis Estados Unidos.
Además, estamos hablando de un Partido, cuya Democracia Cristiana Universitaria
desempeñó un papel crucial (dado que presidía la generalidad de las federaciones de
estudiantes universitarios) en el logro de la Reforma Universitaria en los 60 que incluyó la
institución del co-gobierno de las universidades por académicos, estudiantes y
administrativos.
Y, por cierto, de un Partido que desempeñó un muy importante papel en la lucha contra la
dictadura y en la creación –entre otras entidades- de la Comisión Chilena de Derechos
Humanos, del Grupo de los 24, de la Alianza Democrática y de la Concertación de Partidos
por la Democracia. Y que específicamente elaboró en la primera mitad de los 80 –a través
de decenas de comisiones y de dos grandes seminarios- un “Proyecto Alternativo” que se
expresó en cuatro volúmenes (que sumaron más de mil páginas) de total cuestionamiento
al modelo neoliberal impuesto por la dictadura y de propuestas de sustitución de aquel en
todos los ámbitos.
Sin embargo, desgraciadamente su liderazgo jugó también un papel fundamental (en
conjunto con el de los demás partidos de la Concertación) en el viraje en 180°
experimentado por el conglomerado a fines de los 80, producto de una “convergencia”
con la derecha como lo denominó el máximo ideólogo de la Concertación, Edgardo
Boeninger (en su libro escrito en 1997: “Democracia en Chile. Lecciones para la
Gobernabilidad”, Edit. Andrés Bello; y que está en PDF), “convergencia que políticamente
el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer” (p. 369).
Es por ello que luego de seis gobiernos de “centro-izquierda” (ininterrumpidos, cuatro de
ellos, entre 1990 y 2010) todavía sufrimos el modelo impuesto por la dictadura, con sus
privatizaciones, AFP, Isapres, Plan Laboral, universidades privadas con fines de lucro,
sistema tributario que permite la “elusión” de los más ricos, etc.
Peor aún, dichos gobiernos procedieron a profundizar dicho modelo a través de un
aumento significativo de las privatizaciones en favor de grandes grupos económicos
nacionales y extranjeros, ¡particularmente en el cobre en que hoy más del 70% de su gran
minería está privatizada!; ¡del exterminio de los numerosos medios de prensa de centro-
izquierda que existían en 1990 y que desaparecieron con la total discriminación del avisaje
estatal y de los bloqueos de ayudas extranjeros que les infringieron!; y de la efectiva
inserción solitaria y subordinada de Chile a la globalización neoliberal a través de múltiples
TLC, lo que ha provocado una consolidación del carácter primario-exportadora de nuestra
economía, abandonando todo proyecto de industrialización y de integración
latinoamericana.
Para graficar en toda su extensión (¡y patetismo!) el giro copernicano del PDC (y de la
Concertación) tenemos a la vista expresiones del mismo Alejandro Foxley, primero como
el exponente económico fundamental del PDC en 1984 (“Marco Programático Global”) en
un Seminario del “Proyecto Alternativo”; y, luego, como senador en 2000, y ya habiendo
sido ministro de Hacienda de Aylwin (1990-1994) y presidente del PDC (1994-1997).
1984: “El proyecto de transformación económica y social (de la dictadura) se inspira en
ideas extranjeras que buscan convertir al hombre en un consumidor y a la sociedad en un
gran mercado. Se trata de un proyecto neoliberal. De acuerdo a este modelo de sociedad,
las relaciones entre los individuos estarán reguladas a través de su intercambio mercantil.
El anonimato del mercado diluirá los conflictos. El ‘dulce comercio’ temperará las
pasiones. La ‘mano invisible’ administrará con generosa equidad los recursos escasos. Se
nos dice: en este mundo todo tiene su precio. Incluso los derechos individuales son
transables en un mercado (…) El proyecto concibe un conjunto de ‘modernizaciones’, a
través de las cuales se asegurará el imperio del mercado y de los ‘precios’ en la educación,
en la salud, en la previsión y hasta en la justicia. Se abre la economía abruptamente al
exterior, como definitiva e ingenua prueba de nuestra seriedad libre-mercadista. Se
entregan los bienes del Estado a unos pocos privilegiados a bajo precio. Se les concede a
estos el derecho a endeudarse sin límites, hasta que terminan hipotecando el futuro del
país por una década. En suma, se da libre uso al libertinaje económico, mientras se
suprimen al mismo tiempo todas las otras libertades (…) Se crea una pequeña casta de
privilegiados. Estos concentran en sus manos el patrimonio como nunca antes en el país.
Se impone un estilo de desarrollo excluyente y concentrador” (Seminario de profesionales
y técnicos humanistas cristianos.- Proyecto Alternativo, Tomo I; Edit. Aconcagua, 1984; pp.
113-4).
“Pinochet realizó una transformación, sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización que ocurrió una década después, al cual están tratando de encaramarse todos los países del mundo. Hay que reconocer su capacidad y la del equipo de economistas que entró a ese gobierno el año 73, con Sergio de Castro a la cabeza, en forma modesta y en cargos secundarios, pero que fueron capaces de persuadir a un gobierno militar –que creía en la planificación, en el control estatal y en la verticalidad de
las decisiones- de que había que abrir la economía al mundo, descentralizar, desregular, etcétera. Esa es una contribución histórica que va perdurar por muchas décadas en Chile y que, quienes fuimos críticos de algunos aspectos de ese proceso en su momento, hoy lo reconocemos como un proceso de importancia histórica para Chile, que ha terminado siendo aceptado prácticamente por todos los sectores. Además, ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues terminó cambiando el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo, y eso sitúa a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar. Su drama personal es que, por las crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos en ese período, esa contribución a la historia ha estado permanentemente ensombrecida” (“Cosas”; 5-5-2000).
Por cierto, contrastes como los anteriores (que, además, no fueron “monopolio” DC
dentro de la Concertación…) no significaron ningún demérito en la trayectoria política de
Foxley, quien se desempeñó posteriormente como canciller de Michelle Bachelet entre
2006 y 2009. Y hoy tenemos un “PDC” completamente irrelevante, si no en fase terminal, y
que -en una coalición de nueve partidos de “centro-izquierda”- apoya una candidata
presidencial continuista de los rasgos esenciales del modelo neoliberal, ya que no postula
ningún cambio estructural en lo laboral, sindical, previsional, salud, educación, etc. Ni
menos una nacionalización del cobre y del litio; o una política estatal de fomento de la
industrialización; o una promoción de la integración latinoamericana. Es decir, no hay
ningún signo que insinúe siquiera un renacimiento del auténtico PDC de otrora, inspirado
por la fraternidad, la justicia social y el protagonismo popular; lo que implicaría el
consiguiente rechazo de una sociedad sustentada en el individualismo y liberalismo
económico, y con estructuras que, entre otras cosas y desde hace muchos años, causan el
horror de la muerte de decenas de miles de personas al año, mientras permanecen en
listas de espera para recibir una atención de salud que el sistema no les da…











