Inicio Nacional ¡EL VOTO NULO TAMBIÉN ES UNA OPCIÓN DEMOCRÁTICA!

¡EL VOTO NULO TAMBIÉN ES UNA OPCIÓN DEMOCRÁTICA!

84
0

por Franco Machiavelo

En tiempos donde la política se disfraza de pluralidad pero opera bajo los mismos hilos de poder, el voto nulo emerge como un gesto profundamente consciente. No es apatía ni desinterés: es la negativa a legitimar un juego diseñado para que nada cambie realmente. Cuando dos programas —el de Jara y el de Kast— se presentan como opuestos, pero ambos reproducen la matriz neoliberal, la subordinación a la oligarquía local y la obediencia dócil al orden imperial global, la ciudadanía queda atrapada en una falsa elección. Una pantomima democrática donde las personas deben escoger entre dos administradores del mismo proyecto histórico.

Votar nulo, entonces, se convierte en un acto de ruptura simbólica. Es un modo de señalar que la democracia no puede reducirse a colocar un nombre en una línea previamente escrita por los grupos que concentran el poder. Es un gesto que cuestiona la “normalidad” fabricada: esa normalidad que espera obediencia, que define qué es “responsable”, qué es “realista”, qué es “posible”, y que trata de culpabilizar a quien se niega a reforzar la continuidad del mismo modelo.

Quienes sostienen que “hay que elegir el mal menor” olvidan que esa lógica ha sido siempre el mecanismo para asegurar que nunca se elige algo distinto. Se instala el miedo, se produce la ansiedad del “peor escenario”, se reprime la imaginación política y se deja intacto el núcleo duro del poder económico que realmente decide. La maquinaria electoral opera como un dispositivo disciplinario: produce ciudadanos obedientes, no sujetos críticos.

El voto nulo, en cambio, es una grieta en ese dispositivo. Es un recordatorio de que la hegemonía no es eterna y de que existen resistencias que no pueden ser capturadas por la lógica binaria del sistema. Es una forma de recuperar la autonomía, de rechazar la domesticación política que pretende que elegir entre dos versiones del mismo proyecto sea lo más democrático posible.

Nular el voto es decir: no acepto esta coreografía impuesta. No legitimo programas que continúan el saqueo del territorio, la concentración de la riqueza, la subordinación a intereses transnacionales, y la criminalización de quienes defienden la tierra y la dignidad. No participo en una ficción donde la ciudadanía solo puede ratificar un orden que la excluye.

En un país donde la crítica suele ser convertida en sospecha y la disidencia en irresponsabilidad, votar nulo es un acto profundamente político. Es afirmar que la democracia también se construye desde la negación, desde el cuestionamiento radical, desde la valentía de no entregar el consentimiento a un sistema que solo permite elegir entre muros distintos del mismo laberinto.

El voto nulo no resuelve el futuro, pero sí abre un espacio: el espacio del desacuerdo, de la creatividad, de la posibilidad. Y a veces, en sociedades acostumbradas a obedecer, ese pequeño espacio es el gesto más revolucionario que puede hacerse.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.