por Franco Machiavelo
LETRAS GRANDES PARA UNA VERDAD INCÓMODA.
PALABRAS CLARAS PARA UNA REALIDAD BRUTAL.
El narcotráfico no es un error del sistema: es un síntoma del neoliberalismo más inhumano. Expresa cómo la burguesía organiza la sociedad para acumular riqueza mientras empuja a los sectores populares a la precariedad, la violencia y la exclusión.
Para la burguesía, la droga no es balas ni muerte: es dinero que se lava, se invierte y se vuelve respetable. El capital no pregunta por el origen de la ganancia, solo exige que circule. El neoliberalismo integra la ilegalidad cuando le sirve y la condena solo cuando altera el orden que protege a los poderosos.
Para el pueblo, en cambio, el narcotráfico es devastación. En barrios abandonados, sin trabajo digno ni derechos reales, el narco aparece como única salida. El sistema expulsa primero y castiga después: quita protección social y luego criminaliza la pobreza que él mismo produce.
Esta lógica cumple una función política. La violencia entre pobres fragmenta a las comunidades, reemplaza la organización social por miedo y asegura la tranquilidad de los de arriba. El Estado refuerza este orden con represión selectiva: cárceles llenas de jóvenes pobres y silencio frente a las estructuras económicas que sostienen el negocio.
La contradicción es clara y brutal: el neoliberalismo genera miseria y luego gobierna esa miseria con castigo. Por eso el narcotráfico no amenaza al sistema, lo refuerza. Enfrentarlo de verdad no es solo cuestión policial, sino romper con un modelo que convierte la exclusión en negocio y la represión en norma.











