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El “Facho Progre”: burócrata ideológico del capitalismo neoliberal!

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por Franco Machiavelo

En la estructura social chilena contemporánea, ha emergido un sujeto político que encarna la forma más sofisticada de la superestructura ideológica del capitalismo: el “Facho Progre”. Lejos de ser un agente de emancipación, funciona como brazo ideológico del capital, garantizando la reproducción del sistema de explotación mientras se disfraza con las banderas de la justicia social, los derechos humanos y la diversidad.
 
Este nuevo burgués ilustrado no posee el poder económico directo, pero es indispensable para la burguesía: legitima la dominación, neutraliza el antagonismo de clase y blinda los privilegios de la oligarquía mediante el consentimiento forzado. Habla de igualdad, pero solo dentro de los límites tolerados por el mercado; proclama inclusión, pero jamás cuestiona la expropiación de la tierra, la privatización de los bienes comunes o la concentración de la riqueza. Su función es crear la ilusión de cambio, mientras asegura la continuidad del capital y la subordinación del proletariado.
 
El “Facho Progre” es la encarnación del fetichismo ideológico: maquilla la explotación con discursos progresistas, convierte la crítica social en espectáculo mediático y neutraliza toda posibilidad de ruptura revolucionaria. En Chile, su actividad se observa en la protección de intereses forestales, la defensa de políticas privatizadoras y la neutralización de luchas populares, particularmente de los pueblos originarios.
 
Este sujeto es un agente consciente de la reproducción de la superestructura: sabe que su existencia depende de la obediencia al capital global y a los mandatos de la oligarquía. La burguesía no necesita solo represión física, necesita la legitimación intelectual y cultural que proveen estos burócratas ideológicos. Cada “Facho Progre” en la administración pública, en las universidades o en los medios actúa como mediador entre el capital y la conciencia de clase, asegurando que el proletariado permanezca fragmentado y desmovilizado.
 
La consecuencia histórica es devastadora: la explotación se naturaliza, la desigualdad se perpetúa y la dominación se reproduce bajo la apariencia de modernidad, inclusión y progreso. El desafío estratégico de la clase trabajadora y de los pueblos oprimidos no es solo confrontar a la derecha explícita, sino desmantelar esta capa ideológica que sostiene la maquinaria del neoliberalismo: desenmascarar al “Facho Progre” como lo que es —un burócrata del capital que pavimenta, con sonrisa y hashtags, la continuidad del sistema de dominación.

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