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¡El “ahorro fiscal” siempre cae sobre los mismos!

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por Franco Machiavelo

Hay mucha gente que cumpliendo todos los requisitos para obtener el bono invierno – y no se los han otorgado.
Incluso gente que sobrevive con la PGU 230 mil pesos y también se las negaron.
Atención,es sólo el comienzo si la gente acepta – se normalizara esta injusticia o robo de un beneficio otorgado por ley! 

¡El “ahorro fiscal” siempre cae sobre los mismos!
Qué curiosa coincidencia: cuando se trata de rescatar grandes empresas, perdonar deudas millonarias o garantizar privilegios a los de arriba, el dinero “aparece”. Pero cuando una persona jubilada espera un Bono de Invierno para enfrentar el frío, comprar remedios o pagar una cuenta de gas, entonces comienzan los milagros burocráticos: sistemas “automáticos”, cálculos “complejos”, requisitos “técnicos”, revisiones eternas y ventanillas que se pasan la responsabilidad unas a otras.

Porque claro, el problema nunca sería el modelo. Nunca sería una política de recorte silencioso. Nunca sería una decisión ideológica de reducir derechos sociales mientras se habla de “responsabilidad fiscal” con tono solemne y cara de tecnócrata iluminado. No. Siempre es “un error administrativo”. Qué conveniente.

Resulta impresionante cómo el ajuste económico tiene una puntería casi científica: jamás empieza por los privilegios del poder financiero, jamás toca las ganancias obscenas de los monopolios, jamás cuestiona las fortunas protegidas por el sistema. El bisturí cae exactamente sobre el adulto mayor que vive con una pensión miserable y esperaba un apoyo mínimo para pasar el invierno con dignidad.

Y después aparecen los discursos oficiales llenos de sensibilidad prefabricada: “nadie quedará atrás”, “estamos comprometidos con nuestros mayores”, “el Estado acompaña”. Todo muy emotivo… hasta que llega el depósito y la persona descubre que fue excluida por algún misterioso algoritmo previsional digno de una secta esotérica de contadores neoliberales.

Lo más brutal es que estas políticas no suelen anunciarse diciendo: “vamos a reducir derechos sociales”. Sería demasiado honesto. Se ejecutan lentamente, mediante filtros, topes, tecnicismos y exclusiones administrativas que desgastan a la gente hasta que reclamar se vuelve otra forma de cansancio. El recorte moderno no siempre llega con tanques; a veces llega con formularios, claves únicas y frases como “su caso será revisado”.

Y mientras miles de personas mayores hacen filas para preguntar por qué no recibieron un bono básico, desde los sectores más privilegiados todavía se atreven a hablar de “gasto excesivo en ayudas sociales”. Como si entregar un apoyo para calefacción fuese el verdadero peligro económico del país y no décadas de concentración obscena de riqueza.

El mensaje de fondo parece brutalmente claro: austeridad para los vulnerables, abundancia para los poderosos. Una vieja doctrina maquillada de eficiencia técnica. Porque en este modelo, el frío siempre termina siendo más duro para quienes menos tienen… y mucho más llevadero para quienes jamás tendrán que elegir entre calefacción o comida. 
 
 
 

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