por Mg. Josè A. Amesty Rivera
La reciente publicación del medio estadounidense Axios en su artículo, Exclusiva: Estados Unidos
analiza la amenaza de drones de ataque procedentes de Cuba, sobre una supuesta “amenaza de
drones cubanos” contra intereses de EEUU, no puede analizarse como una noticia aislada. No
estamos frente a un simple reportaje de seguridad internacional, sino ante una operación
comunicacional cuidadosamente diseñada para instalar miedo, fabricar consenso y preparar
psicológicamente a la opinión pública ante posibles acciones más agresivas contra Cuba.
La historia es vieja en América Latina, cada vez que Washington necesita justificar sanciones,
bloqueos, invasiones o golpes blandos, primero construye un enemigo; y para construirlo, necesita
medios de comunicación obedientes, amplificadores de rumores, filtraciones “clasificadas”,
expertos alineados y titulares alarmistas. Esta vez le tocó nuevamente a Cuba.
El artículo de Axios intenta presentar a Cuba como una especie de plataforma militar ofensiva
apoyada por Irán, Rusia y China. Habla de drones, espionaje, asesores militares iraníes, soldados
cubanos en Ucrania y hasta posibles ataques a Florida, todo mezclado en una narrativa de tensión
permanente.
Pero el mismo texto termina contradiciéndose; después de encender las alarmas durante varios
párrafos, reconoce finalmente que los funcionarios estadounidenses “no creen que Cuba
represente una amenaza inminente”, es decir, el gran titular se derrumba por sí mismo.
Entonces surge la pregunta elemental, si no existe amenaza inmediata, ¿por qué fabricar
semejante escándalo mediático?
Porque el imperialismo estadounidense necesita mantener viva la imagen de Cuba como enemigo,
necesita justificar el bloqueo criminal que asfixia al pueblo cubano desde hace más de seis
décadas, necesita convencer a la opinión pública estadounidense de que la isla no es una víctima
de agresión económica, sino un “peligro regional”. Y aquí entra la maquinaria mediática.
Durante años, muchos sectores progresistas latinoamericanos denunciaron cómo grandes
corporaciones mediáticas actuaban como verdaderos partidos políticos de derecha; hoy el
fenómeno es más profundo, los medios no solo manipulan elecciones o destruyen dirigentes
populares, también ayudan a construir escenarios de guerra.
Axios no actúa aquí como prensa independiente, funciona como canal de filtración de sectores del
aparato de seguridad estadounidense. La propia nota admite que la información proviene de
inteligencia clasificada, es decir, alguien dentro del poder estadounidense decidió entregar ese
relato al medio para que fuera difundido masivamente.
Y el problema no es solo la filtración, el problema es la ausencia total de contraste periodístico. No
hay pruebas verificables sobre esos supuestos planes cubanos de ataque, no aparecen
documentos públicos, no se muestran imágenes satelitales, no se presentan fuentes
independientes, todo descansa sobre “altos funcionarios estadounidenses”.
En otras palabras, el lector debe creerle ciegamente al Pentágono, a la CIA y al Departamento de
Estado. Esto no es periodismo serio, es propaganda imperial con apariencia de noticia.
Lo ocurrido recuerda demasiados episodios históricos. EEUU tiene larga experiencia inventando
amenazas para justificar agresiones: ocurrió con el hundimiento del Maine en 1898 para intervenir
en Cuba, aconteció con el Golfo de Tonkín para escalar la guerra en Vietnam, pasó con las
inexistentes armas de destrucción masiva en Irak, ocurrió con las falsas acusaciones sobre Libia,
Siria y Venezuela.
Ahora el esquema se recicla contra Cuba utilizando un elemento moderno, los drones. La narrativa
es casi de película, una isla pequeña, empobrecida y bloqueada aparece presentada como una
amenaza tecnológica regional vinculada a Irán y Rusia; es el clásico mecanismo de miedo
geopolítico, y mientras tanto, se oculta la verdadera realidad.
La realidad es que Cuba vive una crisis económica brutal agravada por el bloqueo
estadounidense, es que millones de cubanos sufren apagones, escasez y dificultades cotidianas,
es que Washington mantiene medidas de asfixia económica destinadas explícitamente a provocar
desesperación social, pero nada de esto ocupa los grandes titulares.
Hay además una hipocresía monumental en toda esta campaña. EEUU posee cientos de bases
militares alrededor del mundo, mantiene flotas navales cerca de múltiples países, financia guerras
indirectas, utiliza drones armados en distintos continentes, invade, sanciona y amenaza
constantemente. Sin embargo, cuando Cuba habla de defensa nacional, inmediatamente se
convierte en “amenaza”.
La Habana respondió correctamente recordando un principio básico del derecho internacional,
todo país tiene derecho a defenderse, y eso es cierto. Cuba conoce demasiado bien la historia de
agresiones estadounidenses, como: invasiones, sabotajes, terrorismo, bloqueo económico,
atentados y operaciones encubiertas forman parte de más de sesenta años de hostilidad
permanente.
¿O acaso ya olvidaron Playa Girón? ¿La Operación Mangosta? ¿Los cientos de intentos contra
Fidel Castro?
Cuando un país vive bajo amenaza constante, prepararse defensivamente no es agresión; es
supervivencia. Hoy las guerras ya no comienzan solamente con bombas, comienzan con
narrativas.
Primero se demoniza al adversario, luego se exagera el peligro, después se habla de “seguridad
nacional”, “amenaza regional” o “protección de la democracia”, finalmente llegan las sanciones, las
operaciones encubiertas o la intervención directa.
La batalla mediática es parte esencial del conflicto contemporáneo; por esto la política
comunicacional de muchos grandes medios occidentales resulta tan peligrosa, no informan para
comprender la realidad, informan para moldearla según intereses de poder.
Y en el caso cubano, existe además un objetivo psicológico, aislar internacionalmente a la isla y
desgastar moralmente a los pueblos latinoamericanos solidarios con la revolución cubana.
Se busca instalar la idea de que Cuba es inviable, peligrosa, fracasada y aislada, que toda
resistencia al imperialismo termina derrotada, que no existe alternativa posible al dominio
estadounidense. Es una guerra ideológica permanente.
Desde una perspectiva seria de izquierda latinoamericana, defender a Cuba no significa negar sus
problemas internos, económicos o dificultades políticas, significa comprender el contexto histórico
real.
No se puede analizar la situación cubana ignorando el bloqueo económico más largo de la historia
moderna, no se puede hablar honestamente de crisis cubana sin mencionar las sanciones
financieras, el cerco comercial y la persecución económica extraterritorial impulsada por
Washington.
Muchos medios internacionales presentan la realidad cubana como si el bloqueo no existiera o
fuera un detalle secundario, esto también es manipulación. La izquierda latinoamericana tiene el
deber de desmontar esas operaciones comunicacionales, no desde el fanatismo, sino desde el
análisis crítico y antiimperialista.
Porque cuando atacan a Cuba, no atacan solamente a un gobierno, arremeten contra el símbolo
histórico de soberanía latinoamericana que la revolución cubana representa desde 1959.
Acometen la idea misma de que un pequeño país pueda resistir al poder imperial más grande del
planeta.
Lo más grave del artículo de Axios, es que normaliza la posibilidad de una acción militar
estadounidense; el propio texto reconoce que esa información “podría convertirse en un pretexto
para una acción militar”, y aun así publica el material sin cuestionarlo.
Esto demuestra hasta qué punto ciertos medios ya ni siquiera esconden su alineamiento con los
intereses geopolíticos de Washington. Se intenta crear una atmósfera donde futuras agresiones
parezcan “preventivas”, “necesarias” o incluso “defensivas”, exactamente igual que ocurrió antes
de Irak en 2003.
La fórmula se repite: fabricar miedo; exagerar amenazas; demonizar al adversario; preparar
psicológicamente a la población; justificar medidas agresivas. Nada nuevo bajo el sol imperial.
Pese a todas las dificultades, Cuba sigue siendo un símbolo incómodo para el poder
estadounidense, porque demuestra que un país pequeño puede resistir durante décadas sin
rendirse completamente, que sigue defendiendo su soberanía, que aún conserva una profunda
legitimidad histórica en amplios sectores populares del continente.
Por esto la ofensiva no es solamente económica, también es mediática, cultural e ideológica. Se
busca quebrar la moral colectiva, convencer a las nuevas generaciones de que toda experiencia
antiimperialista está condenada al fracaso.
Sin embargo, la historia latinoamericana enseña otra cosa, los pueblos resisten incluso en las
condiciones más difíciles. Y hoy más que nunca resulta necesario denunciar cómo ciertos medios
corporativos, actúan como instrumentos de guerra psicológica al servicio de intereses imperiales.
La campaña contra Cuba no trata realmente sobre drones, trata sobre soberanía, sobre control
geopolítico, sobre el miedo de Washington a cualquier experiencia que desafíe su dominio
histórico sobre América Latina.
Por esto, frente a las mentiras mediáticas, frente a las operaciones psicológicas y frente a la
manipulación imperial, la tarea sigue siendo la misma, defender la verdad de nuestros pueblos,
ejercer pensamiento crítico y mantener viva la solidaridad latinoamericana.
Porque cuando el imperialismo fabrica enemigos, normalmente está preparando agresiones,
y porque Cuba, con todos sus ataques y dificultades, sigue siendo una trinchera simbólica de
dignidad para Nuestra América.











