por Esteban Silva
Boric implementó una política exterior continuista de la vieja Concertación, aunque en varios aspectos incluso fue mucho más reaccionaria. Su apoyo y alineamiento con Zelensky y con la Unión Europea —es decir, con la OTAN— fue explícito desde el primer momento y sistemáticamente contrario a Rusia. Paralelamente, le dio la espalda al ya frágil proceso de integración y de unidad impulsado desde la CELAC, y jamás priorizó un acercamiento real con América Latina y el Caribe ni mecanismos concretos que fortalecieran la coordinación, la cooperación y el comercio regional.
Con la Unión Europea, su gobierno patrocinó, impulsó y aprobó la llamada “modernización” del Tratado con la UE, un TLC (Tratado de Libre Comercio) abiertamente neocolonial. Nunca quiso escuchar a las organizaciones sociales y sindicales que nos opusimos con argumentos sólidos y con movilización. Del mismo modo terminó aprobando el TPP-11, pues sus principales ministros y aliados de su coalición habían sido desde antes fervientes promotores de ese nefasto acuerdo.
En el plano internacional, su referente político terminó siendo la socialdemocracia liberal del PSOE del presidente español Pedro Sánchez Castejón, integrante de la OTAN. Por ejemplo, En el conflicto del Sáhara Occidental que es un tema de descolonización pendiente apoyó tácitamente a la monarquía feudal marroquí en las relaciones con Chile, e ignoró por completo las demandas de cientos de organizaciones políticas, sociales e intelectuales que —a través de cartas y comunicaciones desde el inicio de su mandato— le solicitamos que Chile reconociera a la República Árabe Saharaui Democrática y estableciera relaciones diplomáticas. También soslayó las sistemáticas violaciones a los derechos humanos contra el pueblo saharaui en los territorios ocupados ilegalmente por Marruecos.
Conviene recordar que, cuando fue diputado, el propio Boric había firmado solicitudes públicas a los gobiernos de turno exigiendo exactamente lo contrario: que Chile reconociera a la RASD y condenara las violaciones a los derechos humanos cometidas por Marruecos. Ya como presidente olvidó —o renunció deliberadamente— a esas posiciones y pronunciamientos, si es que alguna vez los asumió de verdad.
Contra la Revolución Cubana endureció progresivamente su discurso hasta llegar a calificarla de dictadura y calificar también a Fidel Castro de dictador. Con Nicaragua mantuvo una obsesión y una crítica furibunda: al asumir su gobierno no reconoció la reelección del presidente Ortega y de Rosario Murillo, y hasta hoy no ha querido nombrar un embajador chileno en Managua. En cambio y en contraste, mantuvo al embajador chileno en Israel frente al genocida Netanyahu, pese a sus críticas públicas contra las masacres perpetradas por Israel en contra del pueblo palestino en Gaza.
Su virulencia contra el socialismo venezolano y contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro lo llevó a asumir acríticamente la narrativa imperial basada en fake news y procesos de demolición política contra la Revolución Bolivariana, llegando incluso a acusar a dirigentes del gobierno socialista venezolano de vínculos con el narcotráfico. Al extremo de responsabilizar públicamente a sus principales líderes de supuestas relaciones con el llamado “Cartel de Aragua” en operaciones criminales dentro de Chile.
Los ejemplos para el análisis podrían ser muchos más, pero los mencionados permiten caracterizar sintéticamente cuál fue finalmente su verdadera política internacional y de relaciones exteriores , pese a tener una cierta retórica «progresista» vacía de contenidos y de políticas reales.
ESC
17 de enero de 2025











Y uno se hace la pregunta con toda la experiencia, todos los libros, y en algunos casos con todos los apaleos, guanacazos, y gaseos, ¿cómo que no lo vieron venir? y ahora se lamentan. Pero si se los dijo el viejo cuántas veces. Lo que pasa es que están montado en el caballo Rosinante, pegando sablazos como locos a los «molinos» y un ejército de Sanchos totalmente desarmado. Sin contar que el quijote era un viejo calentón, iluso, y más encima gilipollas. Estas cosas nos hacían leer en la escuelita. y también cantamos el mantelito blanco. Tengo, tengo tengo, tú no tienes nada. Y pasó un viejito vendiendo huesillos….Algunas viejujas temerosas dicen que se nos viene la barbarie. Si supieran realmente lo que se nos viene. Le tengo un odio especial a los capitalistas, pero le tengo un odio muy particular a los pacifistas. Porque son ellos los culpables de que el indio haya bajado el hacha. Y por culpa de ellos ahora tenemos que agachar el moño. En todo caso los pacifistas serán los primeros en comprar pasaje.