por Franco Machiavelo
La democracia estadounidense se presenta como modelo universal, pero en la práctica funciona como una fachada cuidadosamente administrada. El poder real no reside en el pueblo, sino en una élite económica que financia campañas, dicta leyes y decide qué vidas importan y cuáles son prescindibles. Votar cada cierto tiempo no equivale a gobernar cuando las opciones están previamente filtradas por el capital, los lobbies y el complejo militar-industrial.
En Estados Unidos, los derechos humanos se subordinan a la lógica del mercado. La pobreza crece en el corazón del imperio no por falta de recursos, sino por una estructura que necesita exclusión para sostener acumulación. Millones viven sin salud garantizada, sin vivienda digna, endeudados de por vida por estudiar o enfermar. La represión no siempre llega con tanques: llega con policías militarizados, cárceles privatizadas y leyes que criminalizan la pobreza, la migración y la protesta social.
La violencia estructural se normaliza mediante un aparato ideológico que convierte el sufrimiento en responsabilidad individual. Si eres pobre, es culpa tuya; si protestas, eres una amenaza; si resistes, eres enemigo interno. Así se disciplina a la sociedad y se vacía la democracia de contenido, mientras se exporta un discurso moralizante para juzgar a otros pueblos.
En contraste, Cuba, Venezuela y Nicaragua —con todas sus contradicciones y asedios— han intentado poner la vida por delante del lucro, ampliando derechos sociales, participación popular y soberanía frente a poderes externos. Por eso son atacadas: no por falta de democracia, sino por desafiar la idea de que el mercado debe gobernarlo todo.
La verdadera pregunta no es quién repite mejor la palabra “democracia”, sino quién garantiza pan, dignidad, participación real y autodeterminación. Y ahí, el imperio muestra su mayor fracaso: mucha retórica de libertad, pero una realidad de control, desigualdad y pobreza creciente.












De hecho, ni siquiera los países capitalistas de Europa siguen el modelo norteamericano. La doctrina de los gringos solo la tienen ellos. Ni Milei en Argentina, Ni Kast en Chile, siguen las ideas imperialistas yanquis. Simplemente porque es impracticable. Además US está lleno de símbolos, y héroes de la ciencia ficción, nada es real. Por lo mismo siempre tiene que estar imponiéndose por la fuerza, nunca por la razón y por la verdad. Podríamos seguir enumerando hasta el infinito todos los crímenes que ha cometido US en nombre de «su libertad» y de «su justicia». El monstruo norteamericano le ha querido enseñar al mundo que la libertad del mercado, es la verdadera libertad, siendo que ellos mismos en nombre de esa libertad explotaron y mataron a millones de esclavos en tiempos donde los africanos eran considerados una mercancía. Sin contar a todos los indígenas, víctimas de esa misma idea loca que llevó a US a hacerse rico aplicando todo el peso de la crueldad esclavista. Y ahora vienen a dar cátedra de justicia, sinvergüenzas, criminales, ladrones, financistas, matones, y lo peor cobardes de la peor calaña. Etc, etc y etc.