por Franco Machiavelo
¿POR QUÉ EL OFICIALISMO CULPA AL EMPEDRADO Y NO A SÍ MISMO POR SU DERROTA HISTÓRICA?
El oficialismo no perdió una elección. Renunció antes.
Renunció a la lucha de clases, renunció a defender a la clase social del pueblo, renunció a nombrar al poder por su nombre. Y cuando se renuncia a luchar, la derrota solo es cuestión de tiempo.
Por eso hoy no hay autocrítica real. Porque reconocer errores implicaría confesar lo imperdonable: dejaron de estar del lado del pueblo trabajador. Y eso no se corrige con un discurso ni con un cambio de gabinete.
¿Desde cuándo la lucha de clases se volvió un tabú?
Hubo un tiempo en que sabían quién explotaba y quién era explotado.
Hoy hablan de “clases medias vulnerables”, de “emprendimiento”, de “esfuerzo individual”. El conflicto social fue borrado del vocabulario. La palabra clase se volvió incómoda. La palabra pueblo, decorativa.
Cuando se deja de hablar de lucha de clases, no desaparece el conflicto: desaparece el lado desde donde se lo mira. Y el oficialismo eligió mirar desde arriba.
Defender al pueblo… pero solo en campaña
En campaña, el pueblo es protagonista.
En el gobierno, es un problema a administrar.
Los trabajadores organizados pasaron a ser “corporativos”.
Los pobladores movilizados, “desordenados”.
Los estudiantes, “impacientes”.
Así se reemplaza la defensa de clase por la pedagogía del orden. Así se pasa de la transformación al control. Así se gobierna contra la base social que te llevó al poder, mientras se culpa a esa misma base cuando se pierde.
¿Y después se preguntan por qué la gente se fue?
De banderas de lucha a manual de buenas costumbres
Las banderas históricas del pueblo fueron archivadas por “realismo”.
La justicia social se volvió un eslogan vacío.
La dignidad, una palabra segura para discursos, inofensiva para los poderosos.
No enfrentaron al capital concentrado.
No tocaron las rentas del privilegio.
No defendieron con fuerza a quienes viven de su trabajo.
Eligieron la neutralidad. Y en la lucha de clases, la neutralidad siempre favorece al dominante.
La ultraderecha no avanza: la invitan
Cuando quienes decían representar al pueblo dejan de hacerlo, el espacio no queda vacío: lo ocupa la rabia, el castigo, el autoritarismo. La ultraderecha no ganó ideas; ganó abandono.
Abandono del conflicto social.
Abandono de la defensa de clase.
Abandono de la calle como espacio político.











