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Chile: peligran reservas naturales por impacto de la industria salmonera

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Prensa Obrera, Argentina

Se difundió la noticia sobre la «desoxigenación» de los fondos marinos por parte de las plantas de cultivo de salmón.

Gastón Fernández

Fuera salmoneras.

Son harto conocidos los efectos nocivos de la salmonicultura industrial sobre los ecosistemas costeros. En la República de Chile, la misma adquiere consecuencias aun más graves todavía. Pero siendo la segunda actividad económica (luego del cobre) y el segundo productor mundial del rubro, la burguesía chilena la defiende a rajatabla sin importarle el desastre ambiental y social que genera. En tanto, no por casualidad en la provincia Argentina de Tierra del Fuego hubo una fuertísima resistencia y lucha popular para que las salmoneras no se instalen, por lo cual la legislatura local debió sancionar una ley prohibitiva al respecto. Todo esto viene al cuento de que recientemente se difundió la noticia sobre la “desoxigenación” de los fondos marinos por la acumulación de desechos por parte de las plantas de cultivo de salmón en las áreas naturales protegidas de la región austral de Magallanes, dejando casi inerte su flora y fauna.

Parque Nacional Kawesqar: un caso emblemático

En varios artículos de Prensa Obrera, se ha caracterizado minuciosamente el funcionamiento de la cría y desarrollo intensivo y artificial de salmónidos. Además, sus repercusiones negativas para la biodiversidad en los lugares donde se establece. En la presente nota, vamos a abordar la situación en torno a la Reserva Kawesqar.

De acuerdo a lo señalado por el portal Indymedia (29/12/22), en los últimos años, organizaciones y comunidades han denunciado la falta de oxígeno en mares de la Patagonia Austral que estarían relacionadas directamente con la operación de concesiones acuícolas, mayorítariamente salmoneras. Los hechos han llevado a que diferentes instituciones científicas y académicas realicen monitoreos para buscar respuestas a la preocupante situación actual sobre la carencia de oxígeno de los océanos que amenaza la supervivencia de especies marinas y
por ende de servicios al ser humano.

Sin embargo, para varios referentes especializados, la tragedia en mares australes por la falta de oxígeno tiene una explicación: el crecimiento de la industria salmonera es incompatible con los objetivos de conservación de los planes de manejo de las áreas protegidas del Estado, siendo urgente regular las áreas de reservas nacionales, especial atención a la Reserva Nacional Kawésqar y la Reserva Nacional Guaitecas, áreas protegidas donde hoy existen unas 300 concesiones de cultivo de salmón, es decir casi un tercio de la industria salmonera opera en áreas que debieran estar a resguardo.

Los residuos originados por la salmonicultura, provenientes de las heces y alimentos no consumidos, se van depositando en el fondo marino y demandando más oxígeno, lo que resulta en una menor cantidad de este vital elemento disponible para que las especies bajo el mar puedan respirar y se mantenga la vida.

En esta región también es clave la pesca artesanal de la que viven cientos de miles de familias trabajadoras y pueblos originarios. Las salmoneras, arrasan con esta actividad ancestral.

Una palabra contundente, la brinda el especialista Tarsicio Antezana Jerez, donde pone en claro el doble discurso del Estado chileno: por un lado, declama estar preocupado por el ambiente y el cambio climático y, por el otro, permite el funcionamiento de los ultracontaminantes establecimientos salmoneros. Antezana Jerez es biólogo marino de la Universidad de Chile, quien manifestó: “El agotamiento progresivo del oxígeno que permite la vida en el mar ha sido denunciado amplia y persistentemente como un impacto grave que genera la megaindustria acuícola y principalmente la salmonicultura. Sus residuos orgánicos sobrepasan la capacidad regenerativa natural del océano acumulándose y formando ambientes anóxicos pútridos que impiden la vida de las comunidades biológicas del fondo, y las comunidades de microorganismos planctónicos suspendidos y de peces que viven en aguas adyacentes”.

El experto agrega: “La que fuera una prístina región de fiordos y canales se han llenado de estas alcantarillas, lo cual ha llegado a normalizarse como una externalidad y una zona de sacrificio más”. También indica: “Debemos insistir en que los indicadores anaeróbicos que establecen la institucionalidad acuícola para limitar la producción de salmones, superan ampliamente la capacidad de carga de esos ecosistemas. Ni la industria ni la institucionalidad han aceptado reconocerlo, ni el consecuente deterioro progresivo, ni su extensión en el ecosistema circundante”.

A su vez, cabe consignar, que en el marco de la COP 27, el gobierno de Chile promovió la denominada “Política Exterior Turquesa”, con una serie de objetivos y prioridades al posicionamiento de Chile como un actor relevante en la mitigación del cambio climático, la protección del océano y los ecosistemas con especial énfasis en avanzar “hacia un modelo de desarrollo más sostenible”. En este escenario descrito por la Cancillería de Chile, el gobierno lidera “Américas por la Protección del Océano”, que tiene por objetivo establecer una red de áreas marinas protegidas ecológicamente interconectadas que abarque desde Canadá hasta Chile, destacando los mares “desde el fin del mundo”. Sin embargo, esos slogans son un saludo a la bandera. La realidad es que los gobiernos no han puesto un coto a la industria salmonera ni han asumido una política concreta para sacar las concesiones acuícolas de las empresas y corporaciones transnacionales al interior de áreas marinas protegidas. Al respecto, Tarsicio señala: ”Chile ha pretendido liderar políticas ambientalistas en foros internacionales ampliando sus zonas de protección pero en el océano abierto, y esquivando el grave problema del deterioro sistemático y progresivo de los ecosistemas costeros y estuarinos (la Patagonia). Así, se promueve a la mega-industria acuícola y se la blinda, incluso en parques y zonas protegidas”. (Indymedia 29/12)

El Estado Chileno: cómplice de la depredación

Tanto la autoridad pesquera (Sernapesca) cómo el organismo forestal nacional (Conaf), brindan constantes informes sobre la actividad de los centros de cultivos de salmón en la zona del Kawesqar y en la región Magallanica en general. Pero a la vez revela la impunidad con la que funcionan las salmoneras, carentes de todo control. Por el lado de la Conaf, aducen, por ejemplo, que el Parque Nacional Kawesqar solo está protegido en su parte terrestre pero no así en la parte marina. Esa región, tiene características geográficas de miles de islas fragmentadas generando mares semi interiores, lo cual la hace “apta” para la industria del salmón. Por tanto, es una zona de sacrificio total. En cuanto a la Sernapesca, esta realiza anuncios de que prontamente contaran con nueva tecnología para monitorear mejor a las plantas de salmónidos. En fin, solo promesas.

¿Y el gobierno de Boric?

Debemos recordar, que desde hace casi un año en Chile hay un nuevo gobierno liderado por Gabriel Boric. El “izquierdista”, a diferencia de su antecesor derechista Sebastián Piñera, se ha mostrado con una supuesta agenda ambientalista, teniendo en cuenta que Chile es una naciones que está padeciendo severamente las consecuencias del cambio climático (sequías prolongadas, incendios, etc.) Sin embargo, se choca con la realidad más allá de sus participaciones o declaraciones en los foros ambientales internacionales. Su gobierno, también es un agente del gran capital y sigue sosteniendo el saqueo extractivista por su tolerancia a la mega minería, salmoneras o la persecución y represión a los pueblos originarios que protegen el ambiente.

Nada podemos esperar de estos gobiernos capitalistas, sean “neoliberales” o “progresistas ” que en definitiva tributan al capital financiero y son peones del ajuste y las peores condiciones de vida del pueblo trabajador.
Solo la persistente organización independiente, en unidad con todas las luchas, puede dar una salida para erradicar definitivamente a las grandes salmoneras y definir una política pesquera y de acuicultura al servicio de las mayorías populares y en armonía con la naturaleza. Eso solo lo puede brindar un gobierno de los trabajadores.

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