En un comienzo, la policía determinó que fue un cortocircuito lo que generó el incendio que el 29 de diciembre de 2016 destruyó la casa en que Yini Sandoval Parra (28) vivía junto a sus tres hijos, y que ellos murieron a causa de él. Sin embargo, los peritajes posteriores demostraron que, antes de que se iniciara el fuego, Yini fue apuñalada dos veces, una en el cuello y otra a centímetros del corazón.

Hasta hoy la interrogante sigue abierta. Por esta razón su madre, Alda Parra, viajó este miércoles desde Temuco hasta el palacio de La Moneda para entregar una carta dirigida al presidente Sebastián Piñera, con la esperanza de que, al llegar a las manos de la autoridad, se pueda por fin aclarar qué fue lo que pasó con su familia.

“En este país no pasa nada si uno no está ahí presionándolos”, cuenta por teléfono, con la voz bajita y un poco desganada.

Alda llegó hasta el lugar acompañada de la agrupación “Ni Una Menos”, y en el documento expone el lento avance y negligencias de la justicia que han llevado a que, a un año y seis meses del femicidio, todavía no se conozca a los responsables y la investigación no esté ni cerca de dar luces. “Cómo no se va a poder investigar un caso así, tan cruel, digo yo”, se pregunta ella.

“La lentitud está permitiendo la impunidad”

El fuego comenzó pasadas las 3 de la madrugada en la vivienda, ubicada en la población San Antonio de Temuco. Valentín (5), Daniel (2), y Yini murieron en el lugar, mientras que Ignacio (10) falleció horas más tarde, debido a que resultó con el 90% de su cuerpo quemado.

A un año y medio del crimen, la investigación sigue en una fase incipiente, con una serie de diligencias pendientes y ni siquiera hay imputados en la causa. “No entiendo, es un desinterés total, de la fiscalía y de los policías. Cada vez que nos reunimos nos dicen lo mismo de siempre, que van intentar avanzar lo que más puedan, que es lo que nos vienen diciendo desde el principio”, critica Alda.

En tanto, el abogado querellante, Alejandro Guzmán, reclama que las indagatorias han presentado irregularidades y fallas desde el comienzo. Por ejemplo, luego de que Carabineros concluyera de forma apresurada que el incendio fue causado por el cortocircuito, funcionarios movieron los cuerpos sin investigar y, al cortar la cinta de seguridad, se removieron elementos de la escena del crimen y, según él, se alteró la evidencia.

Una de las diligencias importantes tenía que ver con contrastar la veracidad de los relatos de las ex parejas de Yini. Para ello, la Fiscalía quiso dar con la georeferenciación de sus aparatos telefónicos -y así determinar en qué zona estaban al momento del crimen-, pero se equivocaron de compañía telefónica a la hora de pedir los datos. “Mandaron un oficio a la compañía Claro, pero el teléfono no era de Claro”, agrega.

Otras pesquisas, ya con más de un año de investigación, todavía no se realizan. La mayoría han sido solicitadas por la defensa de la familia. “Entre marzo y junio no se realizó prácticamente nada”, explica Guzmán, quien además critica lo difícil que ha sido poder reunirse con el fiscal a cargo, Jorge Mandiola, y que ni siquiera ha podido conseguir un consolidado de las pruebas que ya tienen en su poder.

“Estamos súper molestos como querellantes y como víctimas porque el trabajo policial deja harto que desear. No es mi propósito aportillar lo que ha hecho la PDI y Fiscalía pero los resultados son evidentes, la lentitud es la que está en este momento permitiendo la impunidad”, agrega Guzmán.

Alda cree que se trata de discriminación: “Mi hija no era famosa, no era importante, no era de alto nivel, ¿a quién le va a importar su muerte? Pero lo que yo no entiendo es cómo no les importa que el que hizo esto ande por ahí suelto”, dice ella.

“¿Cómo no va a haber justicia?”

“La Yini era muy inteligente, siempre tuvo buenas notas, aprendió a leer cuando tenía cuatro años, cuando fue a pre-kínder fue la única que sabía leer, lo hacía sola, era muy vivaracha”, cuenta Alda, mientras recuerda anécdotas como que, cuando tenía cinco años y era invierno, la menor de sus tres hijos escribía a escondidas garabatos en los vidrios empañados de la casa y ella, sin saberlo, castigaba a sus dos hermanos más grandes, Eric y Eduardo.

La joven de 28 años vivía en una casa junto a sus tres hijos y su mamá, y en el mismo terreno, en la parte posterior, estaba construida la casa de su hermano Eric. Sin embargo, Alda trabajaba en Santiago, en una empresa constructora –para que su hija pudiera hacerse cargo de sus nietos– y se encontraba lejos el día del incendio. Aún así no se explica las razones: “Mi hija era súper amiga de sus amigos, era estudiosa, amorosa, de piel, no era alguien que hubiese tenido enemigos, por eso yo no entiendo”, cuenta.

Su abogado, en tanto, afirma que existen varias líneas de investigación abiertas pero que, mientras no se realicen las pesquisas necesarias, no se puede avanzar en ninguna. Por lo mismo, este jueves envió un escrito en que le solicitó al fiscal regional de La Araucanía que destine a una persona que se dedique exclusivamente al caso, respuesta que debería conocerse en los próximos cuatro días. Lo anterior sobre todo ante rumores de que el fiscal Jorge Mandiola será reasignado a otra causa y todo el trabajo volverá a cero.

Para este viernes 22 hay una serie de movilizaciones convocadas en distintas ciudades del país, como Santiago, Temuco y Valdivia, bajo el lema “Yo alzo la voz por Yini y sus hijos”, y que buscan exigir respuestas concretas.

“El femicidio específico de Yini tiene un patrón que es similar a otros femicidios que hemos visto. Lo que encontramos es una vulneración de la investigación porque el fiscal Mandiola permitió la alteración de la evidencia, y eso es de una sensibilidad enorme para las indagatorias futuras. Entonces el problema que tenemos como país es que los fiscales no tienen especialización o perfeccionamiento en investigar los crímenes contra mujeres con perspectiva de género, y eso que Chile ha firmado tratados sobre este tema”, critica Nadia Martínez, una de las voceras de “Ni Una Menos”.

Tras el incendio, Alda y su familia debieron empezar de cero, y ella critica el poco apoyo que ha recibido de los tres padres de sus nietos y por parte de instituciones como el Sernameg en su rol de querellante o la municipalidad de Temuco en apoyo social. Además, cuenta que el principal respaldo le ha llegado de organizaciones que trabajan en la materia y la han apoyado con los asuntos legales y con el tratamiento psicológico y psiquiátrico.

Aún así, asegura que no se rendirá: “No me quiero morir sin antes ver qué pasó, era una ciudadana de este país, mis nietos eran ciudadanos de este país, ¿cómo no va a haber justicia?”.