Inicio Análisis y Perspectivas ¡¡¡MEJOR POCOS, PERO BUENOS!!!

¡¡¡MEJOR POCOS, PERO BUENOS!!!

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por Franco Machiavelo

La política no es un club de buenas intenciones ni una terapia grupal para calmar conciencias. Es un campo de disputa real, donde el poder se organiza, se reproduce y se defiende con métodos sofisticados. En ese terreno, la ingenuidad no es neutral: juega siempre a favor del orden dominante.
No se trata de sumar cuerpos, sino de formar conciencia. No sirve una multitud desordenada si carece de análisis, disciplina y claridad histórica. La acumulación sin criterio produce ruido, no fuerza. Produce burocracia, confusión y una falsa sensación de participación que termina desarmando cualquier proyecto emancipador.
Un cuadro político no es alguien “bien intencionado”. Es alguien que entiende las relaciones de poder, reconoce los dispositivos de dominación, identifica los relatos que moldean la obediencia y sabe que el sistema no se combate con moralina ni consignas vacías, sino con pensamiento crítico y estrategia colectiva. Sin eso, la acción política se vuelve espectáculo, y el espectáculo siempre beneficia a quienes ya mandan.
El “buenismo ingenuo”, el voluntarismo sin teoría, el activismo sin lectura del contexto, no desafían al poder: lo legitiman. Repiten su lenguaje, aceptan sus límites y terminan funcionando como válvulas de escape del descontento social. Creen que están resistiendo, pero en realidad administran la derrota.
Por eso, mejor pocos.
Pocos que piensen.
Pocos que estudien.
Pocos que no confundan emoción con análisis.
Pocos que no se dejen capturar por discursos prefabricados ni por identidades de consumo político.
Y a quienes no quieren —o no pueden— asumir esa responsabilidad, no hay desprecio ni expulsión: hay otros caminos igualmente dignos y necesarios. Cuidar, sanar, embellecer, acompañar. Pasear perritos. Hacer jardines. Visitar enfermos. Trabajar en lo comunitario y lo solidario. Todo eso construye humanidad y es profundamente valioso.
Pero la política exige algo más duro:
lucidez, rigor y una ética que no se rinda al autoengaño.
Porque cuando personas ilusas, necias o políticamente desarmadas intervienen en la lucha por el poder, sin saberlo, sin quererlo, terminan haciendo el trabajo sucio de los enemigos del pueblo. No por maldad, sino por desconocimiento. Y en política, el desconocimiento también oprime.
La emancipación no se improvisa.
Se construye.
Y para eso, mejor pocos… pero buenos. 

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