Inicio Cultura y Arte Brindis de fin de año: qué nos dejó el 2025 y qué...

Brindis de fin de año: qué nos dejó el 2025 y qué nos trae el 2026

225
0

por El Porteño

 

Despedimos este año, puño en alto, a los compañeros que nos dejaron y especialmente a Pepe BurgosArmand Mattelart y a Milko Caracciolo, todos ellos están por lo mismo con nosotros en este momento, como en una barricada. Nos tomamos igualmente, un momento para brindar con nuestros compañeros y seres queridos. De la misma manera, agradecemos profundamente a los lectores de El Porteño el apoyo sostenido durante este año, el envío generoso de artículos, columnas y denuncias, a los miles televidentes de Mate al Rey y por supuesto a sus invitados, advirtiendo que luego de una pausa técnica volveremos con renovados ímpetus. A todos agradecemos la confianza puesta en un medio que contra de la corriente, ha buscado —durante la década que cumplimos este 2026— sostener una voz propia.

Ese intercambio vivo permitió abordar hechos notorios y decisivos del período: la polémica en torno a la venta de la casa de Allende y lo que revela sobre la administración simbólica de la memoria; la ofensiva de la Contraloría y la persecución de licencias médicas contra funcionarios públicos como forma de disciplinamiento laboral; el escándalo de las cuentas de electricidad y la transferencia regresiva de recursos hacia las grandes empresas; los desalojos masivos de pobladores que exponen el carácter de clase de la política habitacional; el avance de las causas judiciales contra militantes de la resistencia mapuche, expresión cruda de la continuidad represiva del Estado y la descomposición del aparato estatal expresada en los escandalosos casos de corrupción como los casos Pro Cultura y Muñeca Bielorrusa. Como música de fondo, la farsa eleccionaria.

Nada de esto fue tratado como episodios aislados y es que, en efecto, la construcción cotidiana de El Porteño es parte de un movimiento mayor que busca dotar de coherencia, densidad histórica y proyección colectiva a un discurso revolucionario, y contribuir —en este largo país atravesado por derrotas, memorias y resistencias— a la estructuración de una organización política e intelectual capaz de intervenir en la lucha de clases con vocación de totalidad y de poder.

Como parte de este esfuerzo, las editoriales de El Porteño publicadas a lo largo de 2025 intentaron configurar un cuerpo programático coherente, reconocible y deliberadamente polémico, orientado a intervenir en el cierre de un ciclo histórico y en la apertura de otro de signo reaccionario. En su conjunto, hemos desplegado una crítica sistemática al progresismo chileno, entendido no como un accidente coyuntural sino como una forma histórica de administración del orden capitalista que, tras haber cumplido su función contrainsurgente luego de Octubre de 2019, entra en una fase de agotamiento definitivo. El hilo conductor es nítido: la derrota electoral de la centroizquierda y del Partido Comunista no es atribuible a errores tácticos, comunicacionales o culturales, sino a una renuncia estratégica a la lucha de clases, a la independencia política de la clase trabajadora y a cualquier perspectiva real de poderRidículamente a esa pusilanimidad y capitulación al enemigo de clase le llaman «vocación de mayoría» y «alta política».

En este orden, uno de los principales aciertos de nuestra línea editorial fue haber anticipado —antes de la consumación electoral— que el triunfo de la ultraderecha no representaba una anomalía externa al régimen, sino su desenlace lógico. El diagnóstico insistente sobre el carácter contrainsurgente del gobierno de Boric, la convergencia progresiva entre oficialismo y derecha en materia represiva, securitaria y de criminalización del conflicto social, así como la crítica frontal a la política de colaboración de clases, permitieron leer la victoria de Kast no como un “giro inesperado” del electorado, sino como la cristalización de un proceso largo de restauración del orden. En ese sentido, El Porteño logró sostener una interpretación estructural, anclada en la dinámica del Estado burgués y del capital financiero, cuando buena parte de la izquierda institucional y radical seguía atrapada en explicaciones electorales de corto alcance.

Otro acierto central fue la crítica al antifascismo liberal como dispositivo de desarme político. A lo largo del año, nuestras editoriales desmontaron la idea de que la defensa abstracta de la democracia y de la institucionalidad pudiera constituir un dique efectivo frente a la ofensiva reaccionaria. Por el contrario, se mostró cómo esa retórica terminó legitimando la adopción del programa de la derecha —en seguridad, migración, vivienda, represión territorial— por parte del propio progresismo, allanando el camino al gobierno de Kast. Esta crítica se volvió particularmente incisiva en el análisis de los debates presidenciales, donde la homogeneización punitiva entre candidaturas quedó expuesta como síntoma de un régimen exhausto más que como una simple coincidencia táctica.

Asimismo, insistimos tercamente en la centralidad de la cuestión de clase frente a la proliferación de categorías sustitutivas —ciudadanía, pueblo, territorios, identidades— que diluyen el antagonismo social. La crítica al anticapitalismo abstracto y al antiextractivismo desanclado de una estrategia de poder fue clave para señalar los límites de una izquierda que denuncia los efectos del capital sin proponerse disputar su mando. En este punto, contribuimos a articular debates teóricos —dependencia, financiarización, capital previsional, desindustrialización— con conflictos concretos, como la vivienda y los desalojos, mostrando la unidad material entre represión estatal, acumulación capitalista y precarización de la reproducción social.

Sin embargo, el propio balance de 2025 permite identificar los riesgos que se proyectan hacia 2026. El primero es que la derrota histórica del progresismo sea leída, incluso en sectores de izquierda, como una razón para replegarse en la pasividad, el electoralismo residual o la espera de una recomposición institucional “responsable”. Proclamamos que ese camino conduce, en los hechos, a una colaboración indirecta con el gobierno de Kast, ya sea mediante acuerdos parlamentarios, oposición administrada o condena preventiva de toda movilización social que desborde los márgenes legales. La apelación reiterada a la “estabilidad” y a la “gobernabilidad” amenaza con convertirse en el lenguaje común de un arco opositor que, temeroso del conflicto, renuncie a confrontar el núcleo del programa reaccionario.

Un segundo riesgo es la fragmentación de la resistencia social en luchas defensivas aisladas, sin articulación política ni horizonte estratégico. Nuestro énfasis editorial en la vivienda, el trabajo, la represión y la defensa de las organizaciones de base apunta precisamente a evitar que estas luchas queden encapsuladas como problemas sectoriales o humanitarios. En un escenario de ofensiva patronal y endurecimiento represivo, la ausencia de una referencia política clasista puede facilitar tanto la cooptación institucional como el desgaste prematuro de los movimientos.

Finalmente, el desafío mayor que El Porteño deja planteado para 2026 es la construcción de una oposición férrea que no se limite a denunciar los excesos del nuevo gobierno del ultraderechista Kast, sino que cuestione el régimen que lo engendró. Una oposición que no confunda firmeza con testimonialismo, ni radicalidad con retórica, y que sea capaz de recomponer un programa de clase, una estrategia de poder y una perspectiva de ruptura. Sin esa delimitación, el peligro no es solo el avance de la ultraderecha en el gobierno, sino la neutralización política de la resistencia social a manos de la política del gran empresariado, convertida en simple variable de ajuste del nuevo ciclo.

En ese punto, el balance de 2025 no se presenta como cierre, sino como advertencia y punto de partida. Porque el 2026 esa partida y ese combate entrelazará los reclamos populares, levantará dichas banderas y nos planteará la liberación de todos nuestros presos políticos —que simbolizamos en Hernández Norambuena, Llaitul y Solar— y la construcción de nuevas barricadas para la liberación —ahora— de la clase trabajadora.

¡¡ Salud, compañeros !!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.