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1968: AÑO DE REVOLUCIÓN – Importancia del papel de la clase obrera (Parte 1)

1968: AÑO DE REVOLUCIÓN – Importancia del papel de la clase obrera (Parte 1)

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Pero esto era perder el proceso de cambio que se llevaba a cabo bajo la superficie. No eran los únicos en pecar en este rubro. Muchos marxistas habían caído en la trampa del impresionismo, concluyendo que la clase obrera se había reconciliado con el capitalismo, que estaba acabada, o al menos inactiva y por lo tanto inefectiva en ese estado en la lucha contra el capitalismo.

Los dirigentes des Partido Socialista Militante discutieron esto. Nosotros defendimos –y aún lo hacemos ahora- el énfasis de Marx sobre el papel de la clase obrera en la revolución socialista. Está es la única clase, organizada y disciplinada por la producción industrial en gran escala, que puede tener la suficiente cohesión y combatividad para llevar a cabo la tarea de la revolución socialista. Esto continúa siendo verdad, a pesar de la desindustrialización que ha tomado lugar en Inglaterra y otras economías avanzadas. ¡Las nuevas capas de la clase obrera incluyen, por ejemplo, funcionarios públicos y maestros quiénes, bajo el látigo del neo-liberalismo, han sido llevados a tomar medidas de la clase obrera como las huelgas! Cuándo los maestros británicos se pongan en huelga el 24 de Abril, funcionarios públicos y maestros universitarios se unieran a ellos.

El campesinado, por su propia naturaleza, esta dividido en diferentes estratos, los niveles altos tienden a mezclarse con los capitalistas. Por otro lado, los niveles bajos del campesinado o pequeños granjeros están más cercanos a la clase obrera y, a través de la ruina económica tienden a caer en los rangos de la clase obrera. Lo mismo se aplica para la clase media, tanto en las áreas rurales como en las urbanas.

Pero muchos marxistas concluyeron antes de 1968 que la clase obrera era conservadora, que había sido ‘burguesificada’ y por lo tanto ya no era el principal agente del cambio social. Esto los llevó a buscar salvación en otro lado, ya sea con Tito en Yugoslavia, reconocido por implicación como un ‘Trotskista inconciente’ o un Mao Zedong en China o aún un Fidel Castro. Este último había presidido una revolución muy popular con elementos de control obrero pero sin la democracia obrera que existió en Rusia en el tiempo de la Revolución de Octubre.

La posición del Militante en esa etapa colisionó con aquellos como los adheridos al partido Trotskista Secretariado Unido de la Cuarta Internacional (SUCI). El líder de esta organización, Ernest Mandel, lo dijo en Londres en Abril de 1968. Nosotros retamos la tesis de Mandel acerca de que ¡mientras el dólar estuviese estable la situación en Europa no cambiaría fundamentalmente por lo menos en veinte años! El SUCI y Mandel habían concluido que el ‘epicentro’ de la revolución mundial había cambiado, por lo menos por un tiempo, al antiguo mundo colonial y semi-colonial.

Los militantes siempre buscaron explicar el significado de los eventos en esta región del mundo, envolviendo como lo hizo a dos terceras partes de la humanidad en los espléndidos movimientos de liberación nacional en los 50s., 60s., y 70s. Sin embargo, desde el punto de vista mundial, las fuerzas decisivas para el cambio socialista estaban aún concentradas en los países avanzados industrialmente que tendrían que ligarse con los movimientos del mundo neo-colonial.

Esto de ninguna manera implica que creímos que el mundo debiera ‘esperar’ hasta que los obreros de Europa, Japón y Norte América estuviesen listos para entrar en acción. Dimos apoyo completo, en general y con acciones, a la lucha de liberación nacional, aún cuándo estaba bajo el liderazgo de fuerzas burguesas o pro-burguesas, como ocurrió en Argelia en el momento de su lucha contra Francia. Pero, como la experiencia de los bolcheviques en Rusia antes de la Revolución de 1905 y 1917 había demostrado, en períodos de aparente inactividad, es vital defender el papel de la clase obrera como el principal agente del cambio socialista, aún si eso no es aparente en la superficie.

CAMBIO INTELECTUAL

La mayoría de las fuerzas que declaraban ser marxistas o trotskistas en ese tiempo se basaban principalmente en los estudiantes radicales e intelectuales que se habían desarrollado en el período hasta 1968. La inteligencia, o los intelectuales pueden jugar un papel clave en el desarrollo de los movimientos de la clase obrera, como la historia del movimiento de los obreros rusos lo demostró. Lenin y Trostky y los grandes líderes Bolcheviques, sin tener en cuenta a Marx y Engels, evolucionaron desde la burguesía y la pequeña burguesía. Sin embargo, ellos habían roto, tanto personalmente y más importantemente políticamente, del entorno del que provenían. Ellos resumieron, sumaron, la experiencia de la clase obrera en perspectivas, programas, estrategias y tácticas, así como organización. Fueron ‘puristas’ en precisión teórica y claridad, particularmente en lo referente a las fuerzas sociales involucradas en la revolución, el tipo de organización necesario para la clase obrera, las leyes de revolución y todo lo que emanara de esto. No tuvieron nada en común con los ‘intelectuales’, muchos de ellos socialistas y aún ‘marxistas’, que podían cambiar de ideas, como dijo Balzac, como cambiar de atuendo.

En realidad Marx y Engels, catalogados actualmente, aún por escritores burgueses como ‘sociólogos perceptivos’, fueron invariablemente denunciados en su tiempo como ‘elementos de revuelta, particularmente por sus oponentes ‘socialistas’. Debido a que ellos tenían un fundamento teórico, un método –como Lenin y Trotsky- fueron inoculados en contra de los cambios episódicos y teorías de moda que pueden complicar, por decir lo menos, la lucha por un entendimiento claro en el movimiento obrero. Estos intelectuales no son un factor independiente en la historia, sino que reflejan, a veces adelantadamente, pero mas frecuentemente después de sucedidos, los movimientos que se llevan a cabo, subterráneamente, en la base de la sociedad.

Se evidencia el hosco papel de estos intelectuales en el periodo que siguió al colapso del Estalinismo y la campaña ideológica de la burguesía por el ‘libre mercado’. Con la excepción tal vez de América Latina – en donde una capa de intelectuales socialistas y marxistas se mantuvieron en contra del aluvión de propaganda hostil- la abrumadora mayoría en el entorno intelectual de Europa y América, penetrando aún en el mundo neo-colonial, o capitularon o se acomodaron en una posición pro-capitalista. No solo Francis Fukiyama, sino la mayoría de los intelectuales se han hecho a la idea de que la ‘ideología, y por lo tanto la lucha de clases, están muertas.

Aún ahora, mientras diariamente más y más vemos caer la ‘arquitectura financiera’ del mundo capitalista, revistas como el London Review of Books pública artículos que constantemente se refieren a la era ‘post-ideológica’ y un apenas disimulado desprecio por el proyecto socialista. Alan Badiou, comentando sobre el legado de 1968 en Reseña de la Nueva Izquierda increíblemente puede escribir: “Marxismo, el movimiento obrero, el movimiento de multitudes democrático, Leninismo, el partido del proletariado, el estado socialista – ya no nos son realmente útiles”. (Alan Badiou, “La Hipótesis Comunista”, Reseña de la Nueva Izquierda, Enero-Febrero 2008). Si hay alguna conclusión primordial del 68 es que la ausencia de un gran multitudinario “partido del proletariado” permitió a la burguesía francesa desviar la revolución. Además sin la creación de esa fuerza se perderán oportunidades favorables en el futuro. Sin duda una violenta erupción de movimientos de debajo de la clase obrera –que se llevarán a cabo como consecuencia de la peor recesión desde la Gran depresión de los 30s.- forzara a la capa intelectual a adaptarse, tal y como lo hicieron en el pasado y muchos de ellos abandonaran sus presentes posiciones.

Una parte vital del proceso de la revolución socialista es la preparación, desde los puntos de vista ideológico, político y de organización. La perspectiva de la mayoría de los estudiantes e intelectuales que participaron en los eventos de 1968 fue de tendencia socialista, algunos aún fueron marxistas o trotskistas. Esto se debió al estruendo desde abajo en las fábricas y sitios de trabajo y también porque había un modelo ‘socialista’, al menos en términos económicos, en las economías planificadas de Europa Oriental y la Unión Soviética aunque no obstante discapacitada por los regímenes burocráticos, totalitarios de un solo partido. Sin embargo la opinión predominante de la mayoría de las organizaciones que se basaban en el estrato intelectual canceló a la clase obrera, o cualquier perspectiva de eventos como los que ocurrieron en Mayo-Junio de 1968.

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