Los protagonistas de la rebelión de las masas, ocurrida el 27 y 28 de febrero de 1989, fue una *población sometida a un intenso proceso de empobrecimiento, de hambre y violencia, que vió frustrada, nuevamente, su esperanza, a los días de una elección presidencial y a los 31 años de la caída y huida de Marcos Pérez Jiménez.*
La chispa original que encendió el polvorín fue en Guarenas, por el *alza indiscriminada del pasaje y la gasolina y las medidas del paquete económico del recién electo presidente,* Carlos Andres Pérez, luego, los brazos de la protesta y sus llamas ardientes recorrieron el país, Maracay, Valencia, San Cristóbal, Caracas y pueblos circunvecinos.
Rebelión social precedida por una marginalidad y pobreza en un 80% de la población, subsistiendo dentro de un contexto político bipartidista, signado por una ingente *CORRUPCIÓN MORAL Y ADMINISTRATIVA*.
Evidente era la *descomposición en las más altas esferas del poder,* el ejecutivo degradado por la ingesta de whisky y la gobernanza de una personaje, cuya impuesta autoridad mandaba más que dinamo nuevo, creando recelo y desaprobación en todos los sectores de la sociedad. Ellos ofenden a otros factores de la superestructura de poder. *Tres años más tarde, en febrero de 1992, la reserva moral patriótica expresa su voz*.
*Un pueblo pasivo*, resiliente ante la calamidad de 31 años de sacrificios, sin incluir las desesperanzas y frustraciones posteriores a la guerra de independencia, que los olvidó y la guerra federal, traicionada por la bala asesina salida de sus propias filas.
Un *pueblo excluido de servicios educativos, salud, seguridad social, sin vivienda, con una creciente infancia abandonada* y grandes masas desempleadas abrazada a la *economía “informal”*, con *salarios devaluados* y con la incertidumbre sobre el qué sucederá con sus vidas en el futuro, ante el triste panorama del contraste entre una *opulencia de muy pocos y la miseria generalizada, agravado por vistosas fortunas de nuevas elites políticas y empresariales, adquiridas a costa del erario público nacional*. La degradación moral, Indignante al extremo, así lo ilustra muy bien, Raquel Gamus Gallegos, al escribir: *“La corrupción se había instalado firmemente no solo en la dirigencia y las fuerzas de seguridad del Estado, sino en los distintos servidores públicos y privados: desde el portugués de la esquina hasta el policía de la otra esquina; desde los más altos niveles políticos y empresariales públicos y privados, hasta el heladero o panadero que buscaba burlar de alguna manera la tonta honestidad, apropiándose aunque fuera de un bolívar que no le perteneciera, cada quien intentaba entrar en una nueva ética, según se lo permitieran sus posibilidades sociales”.*
Indignate la *CRECIENTE CORRUPCIÓN, EL SAQUEO* de la riqueza que pertenece a todos. Descomposición moral que llegó a límites insospechados.
El sufrimiento de décadas, justificado, por la privilegiadas elites, al establecer como causa de la pobreza “la falta de recursos, porque estaban destinados a combatir a la subversión guerrillera”, ello, en los primeros años y luego por la construcción de un *discurso esperanzador engañoso, al ofrecer cambios sociales y futuras mejoras en cada campaña electoral, a una población arruinada y cansada*, pero, que prefería confiar una y otra vez, en los ofrecimientos y ofertas de bienestar futuro que edificaba una renovada fe cada cinco años, que lo hacia preferible ante el escenario del colapso del sistema político o la posterior anarquía; los líderes políticos eso difunden como argumento para *renovar el engaño y mantenerse en el poder,* con ello la población terminaba atrapada, enjaulada, no perdiendo la confianza en el porvenir y la ilusión de tener un sistema político de “vivir en democracia” y tener la posibilidad de volver a las urnas electorales a votar y *cambiar a sus verdugos, por otros iguales o peores, causantes de la miseria y el empobrecimiento de las grandes mayorías.* Es oportuno la explicación, el auxilio de Raymond Boudon quien afirma: *“La gente no se mueve tanto bajo la presión de los sufrimientos del presente como en función de la pérdida de las expectativas futuras”.* *Una población capaz de comerse un cable, de aguantar todos los sacrificios posibles*, educada en la alienación, al punto de ver por décadas lo imposible, al imaginar una luz al final del túnel, de que mejoraría la situación de deterioro económico social a mediano plazo, *esperanza alimentada en la mente de la ciudadanía, mediante un propaganda masiva de ofertas electorales.*
La llamada *“vanguardia política”*, la que vociferaba ser “representante” político del pueblo explotado y a nombre de este hablaba y cosechaba pirricos cargos públicos, diputaciones y senadurias, (con sus honorables excepciones, que si las habían, aquellos quienes exponían su tranquilidad, su libertad y su vida por sus revolucionarias creencias, ejemplos de dignidad y lucha), se mantenía desunida, en parcela individuales y separada, sin un plan político unitario y revolucionario, dirigentes y *líderes políticos que para ellos era primero sus intereses personales, su ambición de lucro, su cómoda vida,* paseo en yate, propietarios de mansiones, fincas y cuentas bancarias robustecida por *la participación en la corrupción*, y las migajas dadas, por su complicidad en mantener bien protegido el sistema bipartidista y el estado de cosas, incluso algunos deciden incorporarse al sistema y traicionar su “revolucionario” pensamiento, todo ello ayuda a neutralizar a la población, a mantener quieto por largo tiempo la erupción del volcán que con fuerza inusual se expresaría el 27 y 28 de febrero de 1989.
Los partidos políticos del status quo, eran puntales en el mantenimiento del estado de cosas de ese momento, dejando de ser la organización natural y la expresión del plan de lucha y de los intereses del pueblo, al estar inscrito mayoritariamente en AD y COPEI, partidos que desde 1958 gobernaban, repartiéndose los altos cargos públicos.
Común era que una vez el candidato del partido ganaba las elecciones, se olvida de las ofertas electorales y en cohabitación o contubernio con los partidos frenaban, aplacaban, postergaron para después, una y otra vez, las más sentidas reivindicaciones populares.
*El partido convertido en una maquinaria omnipresente todopoderosa, el carnet partidista tenía más valor que la cédula y que la condición de ciudadano,* eran maquinaria de y para el autoritarismo autocrático, los jefes políticos ejercían el mando vertical con vocación de reyes. Toda crítica o justo reclamo o *cualquier nuevo liderazgo emergente, honesto y luchador era radicalmente descalificado, marginado y desplazado, se le negaba trabajo* y hasta se le retiraba el saludos. Quien no se convertía en pillo, delincuente, y por sus convicción y ética no participaba del festín, era aislado y execrado y se le *negaba cualquier derecho constitucional, propio de un país republicano, como el trabajo*, una beca, un cupo en la universidad, o ser tomado en cuenta para la seguridad social al estar transitando la vejez. No era permitida la disidencia, a los más radicales se les desaparecía o los esperaba el lanzamiento desde un helicóptero o la prisión. Una tragedia que quedaba validada en las urnas electorales.
Al desbordarse el río, se produce EL DESQUITE SOCIAL, LA REBELIÓN,“una guerra de pobre contra ricos”,* en Caracas y en las principales ciudades. El protagonista una población arrinconada y extremadamente empobrecida en presencia de empresarios y la emergente «clase política», convertida en nueva burguesía, escandalosa, opulenta y ostentosa, acompañada por *una izquierda que abandona la ideología y transita un discurso clientelista, incorporándose domesticada al sistema.* El resto de la población (trabajadores, obreros, campesinos, profesionales y clase media) empobrecidos, carentes de todo lo básico para vivir dignamente, al extremo que *millones de seres humanos no tenían dinero para las cosas más elementales, por ejemplo sacar copias fotostáticas, comprar el jarabe para la tos del niño enfermo, carente del pasaje para ir al trabajo o al hospital, imposibilitado de tener como pagar para la inyectadora o el yelco, la radiografía y los insumos médicos, para una operación de urgencia, tenía que esperar que la caridad pública mediante rifas, tómbolas, sancochos de fin de semana, vendimias, o la solidaridad pecuniaria de vecinos, amigos y almas sensibles contribuyeran “al pote”, ayudaran para solventar una OBLIGACIÓN incumplida del Estado Venezolano, y un DERECHO insatisfecho, previsto en la constitución Nacional, como lo es la asistencia a la salud*. El 80% de la población sin posibilidad de un eficiente servicio hospitalario, no obstante, la alta y humanitaria entrega vocacional del personal de salud (médicos, enfermeras, camilleros,etc.), a ellos se añade la crítica situación para poder hacer las compras en el supermercado, sostener a la familia, *no había cómo comprar un kilo de harina pan, menos para un kilo de leche en polvo, o para los nutrientes del recién nacido, ausente la frutas en los hogares, no había cómo comprar un kilo de cambur,* una odisea y tortura diaria era enviar los hijos a la escuela sin dinero. Miles de estudiantes, bachilleres sin cupo.
Dentro de ese contexto histórico gana las elecciones Carlos Andres Pérez, se corona espléndidamente, no escatima en gastos fastuosos. *Impulsador de la política neoliberal, aplica las órdenes del Fondo Monetario Internacional, hace “sus ajustes”, aprieta más el cinturón de los pobres, a nivel de asfixia, aumenta el pasaje, la gasolina; ello fue el chispazo que encendió el polvorín de 31 años de calma y paciencia,* junto a la escasez artificiosa de comerciantes que escondían, desaparecían los productos y remarcaban especulativamente los precios que días antes se habían subido: la leche en un 400% y el trigo en un 200%, similar ocurría con el aceite, el azúcar, el arroz, la harina de maíz, la carne, el jabón, los calzados, la ropa y hasta los intereses especulativamente liberados. Así, dentro de esa realidad se inició el *DESQUITE del saqueo que por décadas la burguesía ha realizado sobre la fuerza de trabajo,* los obreros, campesinos, profesionales, en suma, trabajadores manuales e intelectuales.
Acorralada FEDECAMARA e incendiada, saqueado los negocios, rota las santamarías, piezas completas de reses, equipos de refrigeración, neveras, cocinas, lavadoras, televisores, cualquier artefacto electrodomésticos o de otra naturaleza fue objeto del despojo por parte de las masas populares, protagonista que como la turbonada, río crecido y desbordado, se apropian, por esa vía, de todo objeto o bien muebles que tenían negado en décadas de añoranza.
Luego de 48 horas se suspenden las garantías Constitucionales. El Estado aplica el terror de la violencia, hay detenciones, allanamientos, asesinatos masivos y aparece el fantasma del terrorismo ante el derecho de protestar y disentir. El resentimiento social desafió al ejército y los organismo de seguridad del Estado, con una alta cuota de sacrificios y muerte, que comedidamente se habla de *3.000, visto la cantidad de camiones con cadáveres sepultados en fosa común, en el sector de “la peste” en Caracas,* sin cumplir con el protocolo forense, sin identificar, incluso muy posterior y bien avanzado el mes de marzo. A 31 años los familiares esperan por la justicia que le corresponde a los acribillados y asesinados, todos pertenecientes a los sectores humildes, los explotados de siempre.
La rebelión social, el *desquite popular* se explicó -sin agotar el tema- cuáles fueron las causas que la hicieron posible, toca ver si los dirigentes políticos, los empresarios, los dueños del capital, están dispuestos a corregir lo que produjo la indignación del pueblo y sus expresiones de violencia «justiciera», para que no se repita, y menos, con la magnitud extrema de un terremoto en la más alta escala, para ello *se debe comenzar por democratizar la riqueza, distribuir el capital producto de la explotación de los recursos naturales, construir la democracia protagónica y participativa, crear el Estado Comunal, perseguir y eliminar la corrupción, la burocracia, la exclusión, y el carnet partidista (como instrumento de derecho o llave maestra abridora de puertas)*. Pero sobre todo entender que lo social, económico y político es un problema estructural, se debe apuntalar un cambio de sistema. Dentro del capitalismo imposible ver al pueblo, a los trabajadores como personas no explotados ni negadas. La esperanza es el socialismo, no el pregonado de la boca para afuera, mientras se complace al gran capital transnacional y a los grandes monopolios.
*Eduardo Orta Hernández*
*Polvorín* *Explosión de ideas insumisas* *Un combate por la vida* *Somos historia insurgente*