Inicio Comunicaciones ¡¡¡»SI LAS VACAS VOLARAN»… LOS EXTRATERRESTRES SERÍAN CARNÍVOROS!!!

¡¡¡»SI LAS VACAS VOLARAN»… LOS EXTRATERRESTRES SERÍAN CARNÍVOROS!!!

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por Franco Machiavelo

La realidad moderna es tan absurda que ya no necesita censura: basta con un matinal, tres panelistas gritándose encima y un periodista diciendo “impactante” cada siete minutos. El viejo control social evolucionó. Antes existían inquisidores; hoy existen expertos en farándula opinando sobre economía mundial mientras muestran imágenes de archivo de incendios, delincuencia y famosos llorando en cámara lenta.

La élite descubrió algo brillante: no hacía falta prohibir el pensamiento crítico si podían convertir la conciencia colectiva en una mezcla de publicidad, miedo y entretenimiento barato. El ciudadano ideal ya no es el que piensa; es el que consume, repite slogans y cree que discutir en redes sociales equivale a revolución social. Un gladiador digital peleando en los comentarios mientras las grandes corporaciones brindan felices en la terraza.

Y ahí aparece esa izquierda gourmet, cuidadosamente diseñada para no incomodar jamás al mercado. Una izquierda de cafetería orgánica y seminario patrocinado por bancos. Hablan de cambios estructurales usando PowerPoint financiado por las mismas empresas que explotan trabajadores. Son la versión política del yogur light: promete transformación, pero no alimenta nada. Revolucionarios hasta que baja la bolsa.

La prensa corporativa cumple su papel sacerdotal con disciplina admirable. Te enseñan qué indignarte, cuánto tiempo indignarte y cuándo olvidar. Un día el enemigo público es un estudiante que protesta; al siguiente, un jubilado que reclama; luego, un inmigrante, un profesor o una persona pobre que “no se esfuerza lo suficiente”. Todo perfectamente dosificado para que nadie mire hacia arriba. Porque si el público observa demasiado a la élite financiera, podría descubrir el truco del mago.

Entonces la sociedad entra en esa especie de caverna moderna: millones mirando sombras proyectadas por pantallas gigantes creyendo que eso es la realidad. El algoritmo decide qué pensar, el noticiero define qué temer y los influencers explican filosofía en treinta segundos mientras promocionan proteína en polvo.

Y lo más increíble es que muchos defienden el sistema con fervor religioso. Personas explotadas defendiendo a multimillonarios como si fueran familiares cercanos. Trabajadores peleando entre ellos mientras los verdaderos dueños del tablero juegan golf y hablan de “libertad económica” desde paraísos fiscales. Una obra maestra del ilusionismo político.

La monotonía también es parte del diseño. Levántate temprano. Trabaja agotado. Consume ansiedad. Mira noticias alarmistas. Endeúdate. Repite. No hay tiempo para pensar cuando el cansancio es permanente. El sistema no necesita cadenas visibles si puede fabricar fatiga mental.

Y mientras tanto, los medios anuncian con voz dramática: “Último minuto: subió el dólar, bajó la bolsa y un famoso cambió de pareja”.
Civilización avanzada, claramente.

A este ritmo, si mañana aterriza una nave extraterrestre en plena ciudad, los canales de televisión probablemente preguntarán: “¿Pero los alienígenas están a favor o en contra del libre mercado?”
Y algún economista responderá serio: “Depende… si vienen a privatizar la galaxia, podrían ser una tremenda oportunidad de crecimiento”. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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