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Perspectivas del gobierno de Kast

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20 de enero de 2026/LAS CONDES El presidente electo José Antonio Kast presentó a los ministros y ministras de su próximo gobierno. FOTO: VICTOR HUENANTE / AGENCIAUNO

 ¿ruptura ultraderechista o continuidad del neoliberalismo chileno?

El debate en torno a un eventual gobierno de José Antonio Kast ha estado marcado por advertencias apocalípticas desde el progresismo, se habla de un “Milei chileno”, de una ofensiva ultraliberal sin freno, de una demolición del Estado social. Sin embargo, si analizamos la estructura del capitalismo chileno y la trayectoria histórica reciente, el panorama parece más complejo. Más que una ruptura radical, lo que podría configurarse es una profundización selectiva del modelo, combinada con mayor disciplinamiento social.

En primer lugar, es clave entender que Chile ya es uno de los países más neoliberalizados del mundo. La privatización de las pensiones, del agua, de la energía, la destrucción de la negociación colectiva ramal y la mercantilización de derechos sociales no son promesas futuras, son realidades consolidadas desde la dictadura y administradas tanto por gobiernos de derecha como progresistas. En ese sentido, el margen para una “motosierra” estilo argentino es limitado. No porque exista un freno moral, sino porque gran parte del ajuste estructural ya fue realizado décadas atrás.

Cuando Kast señala que no habrá “motosierra”, esto no puede leerse como moderación ideológica y más como reconocimiento de que el capital chileno ya opera en condiciones altamente favorables. Para el gran empresariado, Chile ha sido durante décadas un espacio de estabilidad macroeconómica, apertura comercial y bajos costos laborales relativos. Generar un shock de inestabilidad profunda podría ser contraproducente para esos mismos intereses.

Ahora bien, continuidad no significa inmovilidad. Un gobierno de Kast podría impulsar reformas tributarias orientadas a reducir o reestructurar beneficios, ajustar gasto público o redefinir subsidios. Pero es probable que tales medidas se muevan dentro de los márgenes del neoliberalismo ya existente, más que hacia una transformación estructural inédita. El contexto internacional, desaceleración global, tensiones geopolíticas, crisis climática, puede forzar ajustes, pero estos responderán a necesidades del capital global más que a un proyecto ideológico puramente doméstico.

Donde sí podrían observarse diferencias más claras es en el plano del orden público y la represión. La criminalización de la protesta social no comenzaría con Kast: ya hemos visto aplicación de leyes como la Ley Nain-Retamal, persecución de dirigentes mapuche y uso intensivo del aparato policial bajo gobiernos anteriores. Casos polémicos vinculados a montajes judiciales o uso excesivo de fuerza no son patrimonio exclusivo de una corriente política. Sin embargo, un gobierno abiertamente conservador podría profundizar y legitimar con mayor claridad este enfoque, reforzando el papel coercitivo del Estado frente a sindicatos, movimientos estudiantiles y organizaciones territoriales.

La crisis climática ofrece otro ejemplo. Los incendios forestales recurrentes no son producto de una eventual ultraderecha, sino del modelo extractivista y forestal que ha sido sostenido transversalmente. La expansión del monocultivo, la precariedad territorial y la lógica de rentabilidad privada han generado condiciones estructurales de vulnerabilidad. Un gobierno de Kast difícilmente alteraría ese patrón, más bien podría reforzar el respaldo al gran capital forestal en nombre del crecimiento.

El reciente debate sobre infraestructura estratégica, como el cable de fibra óptica con China, también evidencia los límites estructurales. Chile opera dentro de tensiones geopolíticas entre potencias y su margen de soberanía está condicionado por esa disputa. Cualquier gobierno deberá administrar esa dependencia.

Finalmente, el factor decisivo podría no estar únicamente en La Moneda, sino en la sociedad. La eventual entrada en escena de estudiantes, trabajadores y movimientos sociales puede abrir escenarios de conflicto o incluso de ruptura por izquierda. La historia chilena demuestra que los ciclos políticos no se explican sólo desde arriba.

En síntesis, la perspectiva más probable no es una transformación radical del modelo económico, sino su continuidad bajo una retórica más conservadora y un énfasis mayor en el orden y la disciplina social. La diferencia real para la vida cotidiana dependerá tanto de las políticas concretas como de la capacidad de organización y respuesta de las mayorías. El capitalismo chileno no nace con Kast, ni necesariamente termina con él, pero su administración puede adquirir nuevos tonos y tensiones.

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