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Ha muerto Hernán Soto Henríquez

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El compañero Hernán Soto, ex subdirector de revista Punto Final y ex subsecretario de Minería de Salvador Allende fue velado en la Parroquia Capilla San Felipe de Jesús, ubicada en Chiloé 1420, el sábado 26. 

El funeral fue el domingo 27 a las 10:00 en el Cementerio General.

Hasta siempre honorable compañero y amigo.

Ha muerto Hernán Soto Henríquez

Lo conocí cuando él era subdirector de la revista «Punto Final», y se encargaba de la sección de cultura. Yo era un veinteañero que quería ser periodista. Me acerqué un día a las oficinas de la revista, hablé con una secretaria y ella me hizo pasar al escritorio de Hernán Soto, de madera, pequeño, casi completamente ocupado por su máquina de escribir. Él tecleaba con vehemencia, me indica la silla y me dice: cuéntame, levantando levemente la mirada del teclado. Con nerviosismo y timidez le digo que quiero colaborar con artículos, le hablo de poetas militantes y otros temas asociados. Me pregunta si llevo algún artículo. Yo saco de la mochila mi texto sobre Leonel Rugama: algunas hojas tamaño carta, escritas en una máquina de escribir que hace un tiempo me había regalado un querido amigo y poeta, para que dejara de escribir a mano.

Recibe el texto, lo deja a un costado de la máquina, continúa escribiendo y me pide que profundice en mi propuesta. Yo me siento incómodo, me parece que le hablo al vacío, que el hombre no se interesa en lo que le digo, que seguramente es muy estúpido lo que planteo. Paso de la incomodidad a la molestia: ahora creo que hay cierta arrogancia en este sujeto que pareciera no advertir que estoy sentado frente a él.

Termina, por fin, de teclear, levanta la vista, baja un poco sus anteojos y empieza a comentar, punto por punto y en detalle cada una de mis afirmaciones, comparte algunas, precisa otras y rechaza un par. Paso de la incomodidad y la molestia, a la sorpresa y la admiración: el hombre podía escribir su artículo y escuchar con atención a su interlocutor, al mismo tiempo.

Tomó el artículo, lo miró rápidamente y me dice que regrese la semana siguiente. Lo hago, acompañado de un nerviosismo evidente. Me recibe con una sonrisa y mucha más afabilidad. Me dice que el texto es bueno, pero hay que corregirlo. Me pasa las hojas, marcadas con lápiz rojo. Una frase encabeza el texto: «Bueno, pero demasiado hagiográfico». Le di las gracias, y partí eufórico a casa, a buscar en mi diccionario qué carajos significaba hagiográfico.

A partir de ese momento comencé a colaborar esporádicamente con la revista: textos sobre la poesía política y social de Vicente Huidobro, sobre Roque Dalton, Leonel Rugama, Armando Uribe. Cada nuevo encuentro era más extenso y distendido que el anterior, y nunca dejó de guiarme, de indicar el error, el prejuicio, el ripio, la debilidad, siempre con respeto y afecto. Alguna vez me propuso, ya hacia finales de los años noventa, reunir todos los artículos en un volumen. Con los años la idea me hizo sentido y más de una vez intenté llevarla a cabo. Cada vez que lo pensaba, me decía: el prólogo lo debería escribir Hernán Soto, pero, por diversas razones, el proyecto no prosperaba. 

Ahora ha partido. Fue, en todo el sentido de la palabra, un maestro. Mi gratitud es permanente.

Ernesto Guajardo.

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