Inicio Análisis y Perspectivas ¡EL PODER EN CHILE ES UN MONSTRUO SILENCIOSO QUE LO MANEJA TODO!

¡EL PODER EN CHILE ES UN MONSTRUO SILENCIOSO QUE LO MANEJA TODO!

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por Franco Machiavelo
 
No es un hombre ni un parlamento: el poder es un conjunto compacto de grandes empresarios, bancos, mineras, grupos forestales, monopolios de medios y quienes financian campañas políticas. Son ellos quienes deciden qué se produce, quién gana, quién trabaja y quién queda atrapado en la precariedad. Son los que escriben las reglas mientras la sociedad cree que decide libremente.

Los políticos son sus gestores, marionetas bien vestidas que obedecen a los financiadores y a los lobbies. Las instituciones democráticas aparentan independencia, pero solo legitiman privilegios y reproducen desigualdad. Las leyes, los decretos y los programas sociales se diseñan para que nada cambie, para que el engranaje siga funcionando a favor de los poderosos.

Los medios controlan lo que pensamos. Seleccionan qué noticias llegan, qué historias se olvidan y qué opiniones valen. La educación enseña a adaptarnos, no a cuestionar. Incluso los discursos “progresistas” distraen, dividen y, a veces, justifican la desigualdad. Así, la mayoría termina obedeciendo sin darse cuenta, convencida de que es libre.

En la economía, el poder es absoluto. Grandes corporaciones deciden quién vive bien, quién trabaja y quién sobrevive. La pobreza, la deuda y la precariedad no son accidentes: son herramientas para mantener el dominio de unos pocos.

El poder no necesita fuerza bruta constante: nos hace participar en nuestra propia sumisión. Privatizaciones, concentración mediática, destrucción de territorios y fragmentación social son piezas de un engranaje que mantiene a la élite enriquecida y al pueblo dominado.

En Chile, el poder es la oligarquía económica, los monopolios mediáticos, los lobbies políticos y los grandes empresarios que controlan recursos estratégicos. Ellos deciden la vida de millones mientras todos creemos que tenemos libertad. Y mientras creamos eso, seguimos siendo piezas dóciles en un juego que nunca fue nuestro. 
 
 
 

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