por Pedro Albornoz
La convulsiva situación internacional está siendo sacudida por el actuar de la administración Trump y el imperialismo EE.UU. El reciente ataque a Irán nos devela un futuro marcado por más crisis y conflictos bélicos.
Sin duda, vivimos una nueva época de crisis del capitalismo a nivel global; caracterizada por el declive relativo de Estados Unidos como potencia hegemónica mundial. En cambio, un nuevo escenario multipolar se desarrolla; con el ascenso de China y el surgimiento de poderosos bloques económicos como los BRICS.
En este nuevo contexto, la clase dominante estadounidense intenta, ilusoriamente, hacer retroceder el reloj de la historia y volver a hacer grande a a América otra vez. Con este discurso ha llegado a Trump al poder nuevamente, para declarar la guerra comercial a China, para aplicar las medidas de proteccionismo o de fuerza que sean necesarias.
Pero la actual situación es totalmente nueva. Tras la Gran Recesión de 2007-2008, la economía mundial no se ha podido recuperar. Los períodos de crecimiento económico son cada vez más débiles y breves, mientras la crisis y estancamiento son más prolongadas. La inestabilidad económica, social y política es la característica que predomina en prácticamente todos los países.
De hecho, el gobierno de Trump enfrenta una gran crisis; evidenciada por la gran pérdida de apoyo social debido al estancamiento económico, la creciente pérdida de empleos y el rechazo al actuar represivo de los servicios de inmigración (ICE). Es importante señalar, que gran parte de las acciones de Trump en el plano internacional, buscan ganar apoyo social; en este contexto de crisis política interna.
De la guerra comercial a la fuerza bruta
A medida que la crisis económica golpea a los mercados, los Estados buscan un mayor control directo del petróleo, el gas, los minerales, las rutas marítimas y los sistemas financieros. Así, la rivalidad económica se traduce en sanciones, bloqueos y acción militar.
La guerra en Ucrania y la expansión de la OTAN han acelerado este proceso. Los suministros energéticos se han convertido en armas, las sanciones se han multiplicado y el gasto militar se ha disparado. La producción de armas representa una creciente proporción de los presupuestos estatales; esto consolida la militarización a largo plazo.
En América Latina, el imperialismo estadounidense ha ejercido una coerción abierta contra Venezuela a través de confiscaciones de activos, operaciones marítimas y el secuestro de Maduro. Esto con el objetivo de controlar las reservas energéticas y la posición estratégica en la región, a medida que se agudiza la competencia con China. En este contexto, los ataques y amenazas a países como Cuba, México o Colombia, representan intereses similares de dominio en la región.
Las acciones brutales y descaradas del gobierno de Trump, inevitablemente desencadenarán una respuesta de los pueblos oprimidos por el imperialismo. Organizar esa resistencia y la lucha por un cambio revolucionario de la sociedad, sera crucial en el período que viene.
El capitalismo en crisis no solo genera inestabilidad económica. También impulsa a los Estados a la coerción, la militarización y la guerra en su competencia por mercados, recursos y posiciones estratégicas. La planificación socialista internacional, organizada democráticamente por la propia clase trabajadora, no es, por lo tanto, un ideal; sino una necesidad material para que la humanidad escape del ciclo de crisis y conflicto inherente al sistema.









