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El enemigo común

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Editorial de La Jornada, sábado, 14 de febrero de 2026
 
Al participar de manera virtual en un foro organizado por la cadena Al 
Jazeera, la relatora especial de la Organización de Naciones Unidas 
(ONU) para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, describió 
como un desafío “el hecho de que, en lugar de detener a Israel, la 
mayoría de los países del mundo lo hayan armado, le hayan 
proporcionado excusas políticas, un paraguas político y también apoyo 
económico y financiero” para cometer el genocidio contra el pueblo 
palestino que tiene lugar desde 1948 y se aceleró a partir de octubre 
de 2023. Asimismo, denunció como enemigo común al sistema que no 
permite llevar ante la justicia y poner fin a los crímenes de Israel.
 
En respuesta, París y Berlín han pedido la renuncia de Albanese por 
considerar “escandalosas y culpables sus declaraciones que no se 
dirigen al gobierno israelí, cuya política puede ser criticada, sino a 
Israel como pueblo y como nación”, que “ya se había permitido 
numerosos excesos en el pasado” y “no puede continuar en el cargo”. En 
lugar de defender a la funcionaria ante los ataques, el secretario 
general de la ONU, Antonio Guterres, señaló que no comparte el 
“lenguaje” de la relatora especial.
 
La embestida contra Albanese denota la incomodidad de las potencias 
occidentales con una de las poquísimas voces que ha tenido la 
valentía, la congruencia y un auténtico sentido del deber para 
denunciar la limpieza étnica desatada por Tel Aviv no sólo en Gaza, 
sino también en Cisjordania. Al pedir, exigir, la destitución de la 
diplomática italiana, los gobiernos de Friedrich Merz, de Emmanuel 
Macron y los que se sumen al golpeteo no hacen sino confirmar los 
dichos de Albanese y exhibir hasta qué punto está dispuesto a llegar 
el sistema de complicidades para facilitar el exterminio del pueblo 
palestino. Cuando estos dirigentes hacen más para remover a quien 
denuncia un genocidio que para detener a quienes lo perpetran, 
recuerdan que Albanese no sólo tiene razón: se queda corta en sus 
aseveraciones.
 
Es preciso remarcar que la dimisión de Albanese incrementaría la 
vulnerabilidad del pueblo palestino al eliminar uno de los pocos 
resquicios en el muro de silencio impuesto por Israel, sus aliados y 
la práctica totalidad de los grandes medios de comunicación, cuyas 
direcciones deponen, hace mucho tiempo sacrificaron la verdad al 
servicio del sionismo. Sería de particular gravedad en momentos en que 
Estados Unidos se apresta a completar lo iniciado por Israel mediante 
el robo de toda la tierra de Gaza y su conversión en una serie de 
complejos turísticos, residenciales y corporativos para ricos y 
ultrarricos, mientras el régimen de Benjamin Netanyahu acelera la 
creación de asentamientos ilegales con el desplazamiento forzoso de 
palestinos en Cisjordania.
 
Hoy nadie puede cerrar los ojos ante la realidad: como ideología 
colonialista y de supremacismo racial, el sionismo y quienes le 
prestan apoyo material, político, diplomático o propagandístico, así 
como quienes prefieren mirar hacia otra parte para preservar 
oportunidades profesionales y de negocios, sin duda son el enemigo 
común de toda nación, todo pueblo, organismo y persona que defienda la 
libertad de expresión, el derecho a la vida, la justicia, la 
tolerancia, la autodeterminación y la dignidad humana.
 
 

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