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CUBA – participación social, deliberación y organización colectiva

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Radio revolución
Andrea Paolieri  ·

    UN ITALIANO EN CUBA 🇮🇹 ❤️ 🇨🇺

    Se puede discutir sobre la forma específicamente en que se estructuran las candidaturas de Cuba, sus niveles de competencia, sus mecanismos de control y responsabilidad; pero es intelectualmente deshonesto reducirla a una caricatura, como si se tratara de un régimen puramente coercitivo sin mecanismos de participación real.

    Además, reducir la democracia en las elecciones es una operación empobrecida. En Cuba, hay muchas formas de participación social, deliberación y organización colectiva -unión, estudiante, comunidad- que, incluso con posibles desviaciones burocráticas, no responden al típico modelo de captura corporativa de la política.

    Y el discurso de la democracia debe incluir también las condiciones materiales de la ciudadanía: alfabetización, educación obligatoria, asistencia sanitaria como garantía social, derechos independientes de la capacidad fiscal o clientelismo electoral.
    La dictadura de categoría, aplicada mecánicamente a Cuba, tiende a funcionar más como herramienta de intervención que de análisis político. Se está estableciendo una etiqueta que permite moralmente el castigo y el ingenio.

    La discusión sobre Cuba no es sólo sobre Cuba, es sobre el derecho de la gente a sentir sus propias formas políticas sin ser castigada por desviarse de la escritura liberal dominante.

    Lo que no se puede aceptar como punto de partida es la colonización conceptual que convierte a la democracia liberal capitalista en el único criterio de legitimidad. El sistema cubano puede ser discutido y perfeccionado; debe hacerse, de hecho, desde dentro y con participación real, pero lo que no se puede aceptar como punto de partida es la colonización conceptual que convierte a la democracia liberal capitalista en el único criterio de legitimidad.

    Porque la solicitud de normalización, que en realidad significa subordinación, es incompatible con la soberanía. Y la soberanía de Cuba no es negociable.

    En Cuba, la «normalidad» se exige en condiciones deliberadamente anormales. Un país sometido durante décadas a sanciones, hostilidades diplomáticas, presiones financieras, campañas mediáticas y amenazas explícitas está condenado a funcionar como si viviera en un ambiente neutral. La demanda de una democracia perfecta e incontaminado en una sociedad que vive bajo asedio no es más que una herramienta política.

    Andrea Paolieri 

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