por Manuel Hidalgo
Recomiendo la lectura del artículo «El necesario deslinde entre el crimen organizado y la delincuencia común» de Ibán de Rementería, en el número de noviembre de «Le monde Diplomatique». Se dan allí los datos que demuestran que «somos el país con más baja victimización en la región, una de las más bajas del mundo y, a la vez, el con más alto temor al delito».
No en vano, la Fundación Paz Ciudadana, levantada por Agustín Edwards, empezó su siembra del temor a la delincuencia ya en 1992. La infiltración policial del «estallido social» (con la quema orquestada de las estaciones de metro, por ejemplo) para que se extremara la violencia contra la infraestructura urbana y se creara así una imagen que desvirtuara su contenido político fue el antecedente inmediato de la emergencia de Republicanos al primer plano de la escena política formal.











