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De la retórica a la acción: la doctrina Trump-Monroe 2.0, un patrón de escalamiento estratégico neoimperialista

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Rodolfo Manuel Vega1,  Pittsburgh, 4 de enero, 2026.

La política internacional de la administración Trump contiene una lógica de escalamiento
que se inicia gestos infantiles, como cambiarle el nombre al Golfo de México por el de “Golfo
de América”, hasta expresiones y acciones que contienen una afirmación enmarcada en
una versión renovada de la doctrina Monroe (la llamada Doctrina Trump-Monroe 2.0), la que
cobra hoy una dimensión pragmáticamente distinta en virtud de los hechos ocurridos el 3
de enero de 2026. En este día, la administración de Donald Trump ordenó y anunció
públicamente ataques militares de gran escala en territorio venezolano, con explosiones
reportadas en la capital, Caracas, y en otras zonas del país, seguidas de la declaración de
que el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados y
trasladados fuera de Venezuela tras la operación.

Hasta ahora, hemos presenciado un continuum de acciones y discursos de presión que
incluían sanciones y operaciones de bombardeo de lanchas, discutibles por la ausencia de
debido proceso legal para presentar y defender las pruebas que justifican la acción. Se
supone que estas acciones van dirigidas contra el narcotráfico en el Caribe, vinculando a
Venezuela, y reivindicaciones, también discutibles por su dudosa legitimidad, sobre la
propiedad de recursos petroleros como elementos de un conflicto prolongado. Ese tipo de
acciones podían leerse como una escalada en el uso de la diplomacia coercitiva y de
operaciones discretas, sin llegar a transformar ese discurso en una intervención militar
directa con ocupación o cambio de liderazgo. Sin embargo, con los eventos comunicados
hoy por el propio presidente estadounidense, lo que comenzó como retórica imperialista de
Trump sobre el control de recursos y la soberanía hemisférica —incluyendo su crítica
explícita a Maduro y su insistencia en que los recursos petroleros venezolanos “pertenecen”
a EE. UU., se ha cruzado un umbral hacia la acción militar abierta y el desplazamiento
forzoso de un jefe de Estado extranjero, demostrando de este modo que la administración
Trump se siente segura de transgredir el estado de derecho internacional y violar la
soberanía de cualquier país del mundo. El inicio bien puede ser Venezuela; luego, cualquier
otro país del continente que considere que limita su poder e intereses en su área de
influencia exclusiva (doctrina Trump-Monroe 2.0).

Este cambio, de la retórica a la acción, no es menor: cuando las palabras de Trump se
traducen en explosiones en una capital extranjera, destrucción de su infraestructura, y la
captura del gobernante de esa nación, sea o no un dictador, la guerra de narrativas se
convierte en guerra de hechos. La coyuntura de hoy no solo pone de manifiesto una
continuidad entre declaraciones agresivas y una política exterior intervencionista e
imperialista, sino que marca un punto de inflexión en el que la retórica de seguridad
hemisférica se traduce en una fuerza militar directa sin precedentes en décadas recientes.
Incluso gobiernos aliados y organismos internacionales han reaccionado con preocupación
y han llamado al respeto del derecho internacional, lo que subraya la magnitud del giro
respecto de episodios anteriores de presión y sanciones. Un hecho de estas características
no se distingue de las dramáticas experiencias con las acciones de los imperialismos de los
siglos XIX y XX, incluidas las dos guerras mundiales; imperialismos que mantenían a la
humanidad en una tragedia sin fin de muertes, destrucción, explotación y genocidios. La
llamada doctrina Trump-Monroe 2.0, que hoy se está manifestando en los hechos en
Venezuela, marca el inicio de un proceso dramático que no solo desestabiliza los principios
del derecho internacional, sino que hace irrelevante cualquier organización internacional
para hacerlos respetar, ya sea la ONU o la OEA. Trump demuestra que el matón del barrio,
con la pandilla más numerosa, es quien hace su voluntad y punto.

En este contexto, la hipótesis de escalamiento se afirma no solo como lectura crítica de
discursos y acciones anteriores, sino también como un patrón causal en el que las
declaraciones de política —particularmente las de Trump— han servido como
anticipadores y justificadores de actos militares concretos. El ataque de hoy, en el que se
alega la captura y el traslado de un presidente extranjero, representa un avance dramático
en ese patrón y redefine la dinámica entre la retórica estratégica y la política exterior efectiva.
Vale entonces preguntarse: ¿qué irá a pasar con los territorios y gobiernos de otros países
que no agachan la cabeza ante la presión hegemónica imperialista de Trump, como podría
ser el caso de México o de Groenlandia? Recordemos la retórica de Trump respecto de este
territorio que pertenece a Dinamarca. Repetidamente ha manifestado que debe ser parte
de EE.UU., por ser un territorio estratégico para los intereses hegemónicos de este país:
“Obtendremos Groenlandia… Hay una buena posibilidad de que podamos hacerlo sin
fuerza militar, pero no estoy descartando esa opción”, dijo Trump en una entrevista con el
periodista Kristen Welker de NBC News en marzo de 2025.

En el caso de México, Trump, en una entrevista a Fox News tras la operación en Venezuela,
señaló: “Somos muy amigos de ella (Claudia Sheinbaum); es una buena mujer. Pero los
cárteles gobiernan México. Ella no gobierna México — los cárteles gobiernan México. Algo
habrá que hacer con México.”2 Basados en la experiencia reciente con Venezuela, y en el
contexto de la doctrina Trump-Monroe 2.0, ya sabemos la dirección de esas palabras. Por lo
mismo, la valiente y diplomática respuesta de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum,
no tardó en aparecer: “Respetamos mucho la relación México-Estados Unidos … y pues no,
no es verdad esta afirmación que hace [Trump]. Le agradezco, además, la buena mención
que hizo de mi persona… Muchas gracias, presidente Trump, pero no. México es un país libre,
independiente y soberano.”3

En el mismo sentido, ¿qué pasaría con el cobre chileno? A ver aquellos “patriotas” chilenos
que hoy aplauden a Trump. Juzgue usted:
“El estado de dependencia de fuentes extranjeras de cobre es una vulnerabilidad
para la seguridad nacional que podría ser explotada por países extranjeros, debilita
la resiliencia industrial de los Estados Unidos, expone al pueblo estadounidense a
interrupciones en la cadena de suministro, inestabilidad económica y
vulnerabilidades estratégicas, y pone en peligro la base industrial de defensa de los
Estados Unidos.4”

1 Académico investigador, Pittsburgh, PA, Estados Unidos

2 Trump, D. J. (2026, 3 de enero). Declaraciones en entrevista sobre México tras la operación en Venezuela. Fox
News.

3 Claudia Sheinbaum, conferencia de prensa, 4 de noviembre de 2025, EFE

4 Adjusting Imports of Copper into the United States. By the President of the United States of America.
Proclamation 10962 of July 30, 2025. https://www.govinfo.gov/content/pkg/FR-2025-08-05/pdf/2025-
14893.pdf?utm_source=chatgpt.com pdf

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