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Nicaragua: Este país no está en venta. Por Carlos Fonseca Terán.

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ESTE PAÍS NO ESTÁ EN VENTA
Por Carlos Fonseca Terán (09/06/21)

Es evidente que la derecha golpista está actuando adrede para probar hasta dónde nuestras instituciones son capaces de llegar en la aplicación de nuestras leyes en defensa de la soberanía nacional. Y lo hace porque es la orden del amo imperial, pues sólo éste podría tener el interés de averiguar en qué circunstancias le podría temblar el pulso a nuestro país en la aplicación de la ley, por los costos políticos que ello podría implicar. Y como si al imperialismo no le bastara con las lecciones de dignidad que le ha dado este país a lo largo de su historia, ya está comprobando una vez más que no hay circunstancia alguna en la que esta Nicaragua Libre renuncie a la defensa de su dignidad y soberanía, en cuya defensa los patriotas nicaragüenses estamos dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias; esa soberanía que como dijo Sandino, “no se discute; se defiende con las armas en la mano”, y entre esas armas (me atrevería yo a agregar) está la aplicación más estricta de la ley cuando lo que está de por medio es la paz y el bienestar de nuestro pueblo. La confusión de los gringos y sus lacayos internos quizás se deba a que hayan interpretado como una posible muestra de debilidad, la flexibilidad y generosidad que en determinado momento hemos puesto en práctica precisamente en defensa de la paz, pero a estas alturas ya se deben estar percatando de su grave error.

Está muy claro que el propósito de los golpistas es hacer lo necesario para que les caiga todo el peso de la ley y así poder decir después que se está reprimiendo a quienes entre ellos dicen aspirar a la candidatura presidencial de la oposición antisandinista, libero-conservadora y golpista. Si las instituciones de nuestro país, como la Fiscalía o la Policía Nacional, actuaran según intereses políticos de tipo partidista, tal como señala la derecha, sencillamente no aplicarían la ley a esos señores, pues así evitarían que ellos se aprovecharan de eso para decir que el objetivo es sacarlos de la contienda electoral o más bien, impedir que entren en ella, pues de esta manera se posicionan como víctimas quienes en realidad son victimarios.

Sin embargo, el criterio supremo que rige las acciones de nuestras instituciones no reside en simples cálculos políticos partidistas electorales, coyunturales o de corto plazo. Nuestras instituciones ponen por encima de todo el interés estratégico de la nación nicaragüense, al hacer a un lado tales criterios políticos y aplicar la ley como debe ser, en defensa de los intereses del país, en este caso el de la defensa de su soberanía y autodeterminación, que es además también una de nuestras más sagradas banderas como revolucionarios, frente a los clarísimos y descarados actos de traición a la patria por parte de quienes proclaman abiertamente y sin rubor alguno, su complicidad con la potencia extranjera que agrede a nuestro país y que lo ha agredido históricamente, llegando estos arrastrados a niveles increíbles de servilismo cuando incluso hablan en nombre de dicha potencia al anunciar como si fueran sus voceros, represalias contra Nicaragua por no subordinarnos a sus intereses hegemónicos.

Uno de los más abyectos e inauditos actos de entreguismo a los intereses extranjeros de parte de estos especímenes políticos se dio durante el curso mismo de las investigaciones que se les están haciendo por los graves delitos de los que se les acusa, cuando la bandolera aristocrática autoproclamada precandidata sin serlo, alegó en su defensa que ya el Departamento de Estado norteamericano la había eximido de toda culpa, y que por tanto no tenía nada más que declarar.

Una de las mayores muestras de desparpajo por parte de estos filibusteros disfrazados de políticos, así como de sus amos extranjeros que los defienden, es su pretensión de invocar sus proclamadas aspiraciones presidenciales como un motivo legítimo de impunidad ante los graves delitos que por otra parte, abiertamente confiesan con la mayor tranquilidad del mundo. Lo más irónico de todo esto es que las leyes en proceso de ser aplicadas en nuestro país a estos vendepatria son las mismas que en defensa de sus propios intereses nacionales, han aplicado a lo interno de sus países las propias potencias imperialistas, que de la manera más cínica las califican como represivas si las aplicamos nosotros, y como justas si las aplican ellos, haciendo gala por otra parte, de la mayor insolencia intervencionista al entrometerse en nuestra política interna como si todavía fuéramos colonia bajo su dominio.

Luego, como siempre es de esperarse, aparecen los colonizados mentales y neocolonizados reales que gobiernan en algunos países de nuestro continente, repitiendo como cotorras afónicas lo que dicen sus amos, o ladrando histéricos como buenos perros falderos que son. Pero si los poderosos nos tienen sin cuidado, con más razón sus sirvientes de dentro y fuera de este pequeño país, agigantado a punta de heroísmo y dignidad, que tantas veces ha enfrentado y derrotado a sus agresores imperiales: en 1856, cuando expulsó a los filibusteros de William Walker; en 1933, cuando Sandino al frente de su Ejército en harapos expulsó a las tropas interventoras de la marinería yanqui; en 1979, cuando el pueblo conducido por su vanguardia expulsó al último de los marines, impuesto como gobernante por los invasores antes expulsados; en los años ochenta del siglo XX, cuando derrotamos la agresión militar en aquella guerra impuesta por el vaquero de Hollywood que fuera presidente norteamericano en ese entonces; en los años noventa, cuando derrotamos al neoliberalismo impuesto por los gobiernos de derecha surgidos del chantaje electoral ejercido por el imperialismo y sus lacayos internos; en 2007, cuando a pesar del chantaje electoral imperialista, Nicaragua volvió a la senda revolucionaria; en 2018, cuando derrotamos el intento de golpe de Estado patrocinado por el gobierno norteamericano.

Ahora nos disponemos a una victoria más sobre el enemigo imperialista y sus ahijados, frente a sus agresiones y amenazas, haciendo prevalecer nuestra dignidad nacional abonada en sangre de los mejores hijos de nuestra patria, porque este país, por más que les pese a las antiguas metrópolis coloniales y neocoloniales con sus cajeras lavadoras de dinero y sus empleados y mandaderos, no está en venta ni lo estará nunca jamás otra vez en su historia, porque nunca jamás lo volverán a gobernar esos inmundos sapos del imperio, sean éstos oligarcas bananeros, burgueses plebeyos o pobres diablos desclasados.

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