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Los cerebros de los cetáceos son tan complejos como los de los humanos

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Por Adán Salgado Andrade, México

Los cetáceos son mamíferos marinos que incluyen a las ballenas, los delfines y las marsopas. “Son animales que se desplazan por aguas marinas y de algunos ríos, mediante poderosos movimientos de sus colas, en forma de aletas. Son considerados muy inteligentes, además de mostrar un comportamiento social complejo y que algunos de sus miembros tienen gran tamaño, como la ballena azul. Pero por la sobrepesca, muchas especies están en peligro de extinción” (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Cetacea).

Justamente como su cerebro es tan complejo, quizá rivalizando el de los humanos, varios científicos se han entregado a investigarlo. Y sobre esos avances, el biólogo Tom Mustill, escribió un libro, titulado How to speak whale (Cómo hablar como ballena), un extracto del cual, publica la revista digital Hakai (ver: https://hakaimagazine.com/features/in-the-mind-of-a-whale/).

El interés de Mustill en las ballenas, sus cerebros y si es posible que lleguemos a comunicarnos con ellas, se derivó de un encuentro que tuvo, junto con un amigo, con una ballena jorobada, en las costas de la bahía de Monterey, California, que casi les cuesta la vida, cuando el cetáceo se arqueó y golpeó su kayak. “Desde esa ocasión, me he obsesionado con la idea de si podríamos comunicarnos con las ballenas”, dice Mustill.

Comienza describiendo lo complejo que es preservar un cerebro de ballena muerta, pues entra rápidamente en descomposición. “Y los escáneres para analizar los cerebros (los MRI), son pequeños, hechos para humanos. Se deben de usar los de los hospitales, antes de que los pacientes humanos los empleen. Pero los cerebros son tan grandes, que sería como tratar de pasar un melón por el agujero de una dona. Recientemente, se logró analizar el cerebro de una cría de cachalote, nacida prematuramente y que había muerto. La bióloga encargada, Joy Reindenberg, me llamó muy entusiasmada. Sólo se tenía la cabeza, la que sería más fácil de pasar por el MRI”.

Una vez que se tuvieron los escaneos, Patrick Hof, era el investigador que los interpretaría. Hof, dice Mustill, ha hecho muchas investigaciones previas sobre ballenas y tiene mucha experiencia cuando observa las imágenes de los cerebros escaneados de aquéllas. Son grandes, “pero no es una medida para sopesar la inteligencia, la que depende de muy complejas interconexiones entre zonas cerebrales y neuronas. Y como se toma al cerebro humano como punto de partida, si se notan varias de sus estructuras en otros animales, se podría concluir que son cerebros complejos”.

La corteza cerebral, por ejemplo, que es lo que cubre al cerebro (como un casco que cubre la cabeza de un motociclista, emplea esa analogía Mustill), es la parte cerebral que establece las complejas relaciones entre todas las partes del órgano que nos lleva a pensar. “Y aunque el cerebro de las ballenas es grande, en proporción, el del ser humano es mayor, de acuerdo con nuestro tamaño. Por otro lado, entre más compactas estén las neuronas, más complejo es el cerebro y más sofisticado”.

Una foto de los cerebros comparados de un delfín narizón, un jabalí y un humano, se muestran. En efecto, el del humano muestra menos espacio entre sus hemisferios, que el del delfín. Pero el del jabalí, es aún más estrecho que el del humano, aunque más pequeño.

Obviamente, como dice Mustill, no puede deducirse del estudio de los cerebros de ballenas o delfines si estos mamíferos tienen consciencia o qué tan desarrollada es su inteligencia. Porque, además, la cuestión de la inteligencia, la valoramos desde nuestra perspectiva.

Quizá pensemos que sólo porque somos “racionales”, somos “inteligentes”. Pero eso es cuestionable, pues nuestra “inteligencia”, nos ha llevado a depredar y contaminar a este pobre planeta y a poner en peligro a animales como las ballenas que, es evidente, son tan inteligentes o más que la humanidad. También esa “inteligencia”, nos ha llevado a matarnos masiva y mortíferamente en segundos, fabricando misiles nucleares de doce megatones, que si se detonara uno solo, podría desaparecer una ciudad, como la de México, en segundos.

En cuanto a neuronas, el cerebro humano tiene unos 15,000 millones. La ballena, alrededor de 10,500 millones. Los chimpancés, 6,200 millones y los gorilas, 4,300 millones. “Pero, de nuevo, no podríamos determinar si eso significa ser más o menos inteligente, pues hay factores que no conocemos”.

Menciona Mustill al doctor Stan Kuczaj, fallecido en el 2016, dedicado a estudiar el comportamiento y la forma en que aprenden los animales, quien afirmaba que “La verdad, ni siquiera podemos medir la inteligencia humana, así que somos peores en nuestra habilidad para compararla con las de las otras especies”.

Como señalo arriba, no es fácil medir la inteligencia y establecer qué o no, es “inteligente”.

Una tira cómica de dos pájaros dialogando entre sí, lo deja muy claro. Dice uno: “Oye, qué tal si no somos la única especie inteligente en el planeta. ¿Cómo serían los otros? Supongo que tendrían que ser buenos para resolver problemas y tendrían que poseer avanzadas habilidades comunicacionales, una estructura social, ser conscientes de sí mismos, o ¿tener la habilidad para volar, quizá?”. El otro, sobre esto de volar, dice que “¡Claro, eso es obligado”. El primero, sigue con sus requisitos para que un ser fuera tan inteligente como un pájaro. “Tendrían que poseer un fuerte pico, por supuesto”. Y el segundo remata, afirmando que “¡Claro!, ¿¡cómo podrías hacer algo inteligente sin un pico fuerte!?”.

Así que con ese gracioso diálogo, queda bastante claro que la inteligencia es relativa.

Se han hallado en las ballenas, neuronas del tipo von Economo (VEN), presentes en los humanos, las que el mencionado Hof, ha estudiado mucho y que también ha hallado que existen en elefantes y grandes simios. Esas neuronas, están asociadas a la ínsula frontal y al cingulum (giro cingulado). “Estas regiones, son usadas cuando sentimos dolor o vemos que nos hemos equivocado, y cuando sentimos las cosas que les suceden a otras personas. Una VEN se enciende cuando amamos, cuando los padres escuchan llorar a sus hijos o cuando alguien trata de discernir las intenciones de otro. En los humanos, las partes del cerebro que se relacionan con funciones cognitivas de alto nivel, tales como atención, intuición y consciencia social, son mayores que las de otros mamíferos. Esto también sucede con las ballenas. Y las VEN’s, están presentes en ambas especies. Como Hof dice, ‘las células que hacen la experiencia integradora humana tan única, también se hallan en las grandes ballenas’. No sabemos exactamente cómo funcionan las VEN’s, pero aparecen como centros integradores especiales, con los que los individuos pueden comunicarse entre sí”.

Mustill insiste en que es difícil entender el funcionamiento de un cerebro, pues, “como dice un neurocientífico, ni siquiera entendemos cómo funciona el de un gusano”.

El cerebro de las ballenas, han mostrado fósiles, evolucionó cuando se retiraron a vivir exclusivamente en el mar y desde entonces, “han desarrollado complejas redes de cooperación entre ellas, así como hacen delfines. Sin cerebros complejos, eso no sería posible”.

Le preguntó Mustill a Hof, su sincera opinión sobre si las ballenas son o no inteligentes. “Son seres extremadamente inteligentes, con impresionantes sistemas neurales, componentes que, previamente, sólo pensábamos que existían en humanos. No podemos compararlas con los humanos, pero tampoco son tan inferiores. Hay gente que las considera estúpidas, sólo peces grandes, ¿no? Pero están equivocadas. Quizá no piensen como nosotros, pero, repito, son seres muy inteligentes”.

Sí, deben de serlo.

Y quizá por eso, muchas, se dice que se suicidan, encallando sus voluminosos cuerpos en alguna playa, para morir asfixiadas, pues sus pulmones no pueden respirar por el enorme peso que está encima de ellos.

Sí, puede ser que no aguanten tanta depredación y contaminación que, como a todos los seres vivos que habitamos este pobre planeta, nos están matando lentamente.

Contacto: studillac@hotmail.com  

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