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Las heces de ballena ¿Pueden Ayudar a Salvar el Planeta?

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  • «Las pruebas científicas que demuestran el valioso papel de los cetáceos se amplían cada día. Ellos actúan como ingenieros de los ecosistemas, incluyendo su capacidad para secuestrar carbono y mejorar la biodiversidad,», afirmó el Dr. Joe Roman, biólogo de la conservación en el Instituto Gund para el Medio Ambiente de la Universidad de Vermont.
  • «Es fundamental que la CBI y sus miembros consideren esta evidencia como parte de los esfuerzos en curso para gestionar y recuperar las poblaciones de cetáceos».

Radio del Mar

Washington, DC (6 de julio de 2021) – A pesar que la Comisión Ballenera Internacional (CBI) se creó para regular la caza de ballenas, hoy su trabajo se centra cada vez más en el valor de las ballenas vivas para la salud del planeta. Así también lo revela el nuevo informe de un taller que confirma el papel ecológico de las ballenas para ayudar a mitigar el cambio climático, transportar nutrientes, mejorar la productividad marina y promover la biodiversidad en los ecosistemas marinos.

Los principales especialistas mundiales se reunieron en abril en un taller virtual de tres días de duración coorganizado por la CBI y la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS). La reunión se produjo en respuesta a una resolución de la CBI de 2016, presentada por el gobierno de Chile, para recopilar información científica sobre las funciones ecológicas de los cetáceos (ballenas y delfines).

Los debates del taller se centraron en una serie de funciones ecosistémicas primarias de los cetáceos, como el transporte de nutrientes, tanto en la columna de agua como entre sus zonas de alimentación y reproducción. También sobre el impacto de lo que se denomina como «caída de ballenas» (cuando las ballenas mueren y se hunden en el fondo marino) en la biodiversidad y la captura de carbono, y el papel de los cetáceos como depredadores y presas. Mediante una serie de presentaciones, los especialistas proporcionaron pruebas convincentes de los impactos multifacéticos y beneficiosos de los cetáceos en los ecosistemas marinos, como su contribución a la productividad de los océanos a través de sus excrementos (que pueden influir los rendimientos de las pesquerías) y el papel que cumplen sus grandes cuerpos, los cuales actúan como verdaderos sumideros de carbono (que pueden contribuir a combatir el cambio climático).

«Es significativo que la Comisión Ballenera Internacional haya recogido de manera inequívoca los fundamentos de la resolución que propusimos en su oportunidad en favor de la protección de estos mamíferos», afirmó José Fernández, comisionado de Chile ante la CBI. «Se trata de un reconocimiento sólido -de carácter permanente y visionario- sobre la necesidad y obligación que recae en la sociedad civilizada para fortalecer un imperativo ético cuyos efectos, en última instancia, se traducen en un instrumento de enorme eficacia para la protección y el aprovechamiento sostenible de los océanos, sus recursos y ecosistemas, así como para combatir los efectos nocivos del cambio climático», concluyó Fernández.

«Las pruebas científicas que demuestran el valioso papel de los cetáceos se amplían cada día. Ellos actúan como ingenieros de los ecosistemas, incluyendo su capacidad para secuestrar carbono y mejorar la biodiversidad,», afirmó el Dr. Joe Roman, biólogo de la conservación en el Instituto Gund para el Medio Ambiente de la Universidad de Vermont y autor principal de un informe primario preparado para el taller. «Es fundamental que la CBI y sus miembros consideren esta evidencia como parte de los esfuerzos en curso para gestionar y recuperar las poblaciones de cetáceos».

El taller destacó cómo la caza comercial de ballenas ha contribuido a la matanza de casi 3 millones de estos mamíferos marinos sólo en el siglo XX, disminuyendo significativamente la capacidad de estos animales para ayudar a mitigar el cambio climático. A medida que algunas poblaciones de ballenas se han recuperado tras décadas de protección, han retomado su función de secuestrar carbono. Sin embargo, ese papel beneficioso sigue viéndose obstaculizado por otras amenazas para los cetáceos, en particular la captura incidental en las aparejos de pesca.

«La caza comercial de ballenas no sólo causó la extinción o casi extinción de varias poblaciones de ballenas, sino que también dio lugar a la pérdida catastrófica de sus beneficios para el ecosistema», declaró Sue Fisher, consultora del Animal Welfare Institute (Instituto de Bienestar Animal). «Debemos aprender de los errores del pasado y, por el bien de las ballenas y de la salud de los océanos, acabar con la caza comercial de ballenas de una vez por todas».

«Mientras el mundo lidia con las nefastas consecuencias del cambio climático, es imperativo que se consideren todas las soluciones -grandes y pequeñas- para mitigar estas amenazas», declaró Steven Lutz, oficial de programa senior y líder de carbono azul en GRID-Arendal, asociado al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente con sede en Noruega. «La protección de los cetáceos es esencial para promover el carbono azul oceánico como una solución basada en la naturaleza para nuestro clima cambiante, y es hora de que los gobiernos del mundo reconozcan este importante valor en la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático en noviembre.»

«El diezmo de las poblaciones de cetáceos en los últimos 200 años ha desequilibrado el ecosistema marino», agregó Astrid Fuchs, responsable de políticas de Whale and Dolphin Conservation.  «Ahora sabemos que si ayudamos a las poblaciones de ballenas y delfines a recuperarse, pueden contribuir a sanar el océano como parte de una solución basada en la naturaleza para las emergencias climáticas y ecológicas. Para que esto ocurra, la CBI y sus países miembros deben reforzar urgentemente las protecciones para los cetáceos, reduciendo los riesgos de la captura incidental, la caza de ballenas, la contaminación y las colisiones con embarcaciones, y creando áreas de protección para que vivan y se reproduzcan.»

«Durante las últimas cinco décadas (es decir, dentro de la esperanza de vida de una especie de ballena), los seres humanos han llegado a conocer su inteligencia, sus complejidades sociales y su cultura. Ahora, la ciencia revela cada vez más su importante papel para un océano sano y una solución al cambio climático basada en la naturaleza», concluyó Fabienne McLellan, codirectora de relaciones internacionales de OceanCare, que se centra en terminar con la caza directa. «Aunque las ballenas se convirtieron en el símbolo del movimiento ecologista en la década de 1970, deberían ser tratadas realmente como el símbolo de nuestro océano como sistema de apoyo a la vida. Tenemos que protegerlas con todos nuestros esfuerzos, ya que nuestra vida depende de ellas».

Fotografía de portada: ©WDC/NA

Antecedentes:

El taller se organizó en respuesta a una Resolución de la CBI de 2016, que «reconoció la necesidad de incluir la consideración de las contribuciones realizadas por los cetáceos vivos y los cadáveres (de ballenas muertas naturalmente) presentes en el océano al funcionamiento del ecosistema marino en la conservación, las estrategias de gestión y la toma de decisiones.» La resolución solicitó al Comité Científico de la CBI que desarrollara un análisis de los vacíos en lo que respecta a la investigación relacionada con los cetáceos y las funciones de los ecosistemas y que desarrollara un plan para priorizar las necesidades de investigación. La resolución también ordenó a los países miembros de la CBI a considerar las contribuciones de los cetáceos al funcionamiento del ecosistema en sus decisiones de conservación y gestión.

Los participantes en el taller señalaron que el interés en el tema del funcionamiento de los ecosistemas de los cetáceos, particularmente en el contexto del cambio climático, ha ganado impulso internacionalmente y probablemente aumentará. Los debates sobre el carbono azul (el carbono capturado, almacenado y secuestrado de forma natural en los ecosistemas costeros y marinos) y las soluciones basadas en la naturaleza para el cambio climático (el uso de las herramientas que proporciona la naturaleza para proteger, gestionar de forma sostenible y restaurar los ecosistemas naturales o modificados) son de interés para las partes interesadas, especialmente las ONG medioambientales y los responsables de la toma de decisiones.

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