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La contaminación lumínica descontrola el sueño y a pájaros

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Por Adán Salgado Andrade

Vivimos artificialmente. Las grandes ciudades requieren agua, drenaje, electricidad, recolección de basura, transporte… sin los cuales, no se podría vivir en ellas. Si se cortaran todos esos básicos servicios por una semana, hasta muertos comenzarían a darse.

Justamente la electricidad es uno de tantos requisitos, pues el alargamiento de los días hacia las noches, no puede hacerse sin tal recurso.

Pero ello ha implicado que sobre todo los habitantes de las ciudades, por tanta iluminación nocturna, ya no puedan ver un cielo estrellado, como el que se observa cuando estamos en algún lejano poblado, en el que apenas hay una que otra luminaria alumbrando el camino.

Y a todo eso se le llama contaminación lumínica, que es un problema serio, aunque no lo parezca. El libro “Un inmenso mundo”, escrito por Ed Young, expone en una parte de su contenido esa situación y cómo descontrola y hasta ocasiona la muerte de millones de pájaros cada año. Dicho contenido, lo expone el sitio digital Delanceyplace.com, que es de donde tomo la referencia (ver: https://us5.campaign-archive.com/?e=fa90d7d342&u=6557fc90400ccd10e100a13f4&id=8014436229).

Comienza Young citando que en el 2001, el astrónomo Pierantonio Cinzano y sus colegas, crearon el primer atlas global sobre la contaminación lumínica, “calculando que dos tercios de la población mundial vivían en áreas con ese problema, en donde las noches eran al menos diez por ciento más brillantes que la obscuridad natural. Un 40 por ciento de la humanidad, estaba permanentemente bajo la influencia luminosa, que equivalía a luz lunar y alrededor del 25 por ciento, constantemente experimentan una luz artificial que excedía la de la Luna llena. ‘La noche, nunca les llega’, escribieron los investigadores en ese entonces”.

En efecto, ya hay zonas urbanas en donde potentes reflectores, hasta dan la impresión de que es de día. La luz afecta el sueño, por ejemplo, pues si no la apagamos, no podremos conciliarlo. “La luz ejerce un fuerte efecto en el ciclo circadiano. El reloj circadiano del cuerpo, responde a la luz, como señal de estar despierto y la obscuridad, de estar dormido. Durante el día, una luz brillante, nos mantiene despiertos, en tanto que en la noche, si se apaga, nos dormimos” (ver:  https://www.cdc.gov/niosh/emres/longhourstraining/light.html ).

Es un problema también para la instalación de telescopios, pues cada vez hay menos zonas sin contaminación lumínica.

El estudio de Cinzano, dice Young, se actualizó en el 2016 y era peor. “Por entonces, alrededor del 83 por ciento de la población mundial – y más del 99 por ciento de estadounidenses y europeos –, vivía en ciudades con cielos contaminados con luz. Cada año, la proporción del planeta cubierto con luz artificial, crece 2 por ciento y se abrillanta más, también en 2 por ciento. Una niebla de luz, cubre un cuarto de la superficie terrestre y es tan gruesa, que en muchos sitios, oculta a las estrellas. Un tercio de la humanidad y casi 80 por ciento de estadounidenses , ya no pueden ver la Vía Láctea. La luz de las distantes constelaciones, viajando millones de años, se pierde en el último billonésimo de segundo, por el brillo de las lámparas “.

En efecto, son pocas las estrellas que podemos observar en una citadina noche, por tanta luz. Y es peor, si es una noche contaminada.

Recuerdo que de niño, cuando íbamos al pueblo de mi madre, enclavado en la Huasteca hidalguense, que todavía no había electricidad, era fascinante ver por las noches el estrellado cielo. Podía uno sentir gran emoción, contemplando tal inmensidad sideral. No he vuelto a ver un cielo así, desde entonces (además de que en esos tiempos, había mucho menos contaminación).

Menciona Young que, en efecto, cuando se contempla el cosmos, se da ese sentimiento de conexión, que se rompe al ocultarlo con tanta luz.

Luego, se refiere a que cada año, el 11 septiembre, en la ciudad de Nueva York, dos potentes rayos  de luz de 7,000 watts de intensidad, son lanzados al espacio, para “conmemorar el derribo de las Torres Gemelas”. Esos rayos pueden, verse a casi cien kilómetros de distancia “y entre ellos, se observan objetos moviéndose, que parecen motas de polvo, “pero no es polvo, sino que son miles de pájaros, quienes son atraídos por esa potente luz, lo que interrumpe su ciclo migratorio, pues esa fecha, coincide con éste”.

Como esa luz se mantiene durante siete días, “unos 1.1 millones de pájaros, son desviados de su ruta migratoria, como ha estudiado el investigador Benjamin van Doren”, dice Young.

Y como la luz llega muy arriba, por muy alto que vuelen los pájaros, son atrapados por los rayos, “como si fueran jaulas. Los pájaros, revolotean, gritan intensamente y, en ocasiones, hasta chocan con los edificios cercanos”.

Explica Young que ese evento, por fortuna, es una vez al año y hasta se apagan veinte minutos las luces, “para permitir que tanto pájaro, vuelva a tomar su rumbo migratorio”.

Pero hay miles de fuentes lumínicas, como las luces de los estadios o las luces de los edificios o las de los pozos petroleros, que sirven para que los aviones adviertan que están allí. “Tantas luces, afectan a las aves”.

También señala que cuando Edison comercializó la lámpara incandescente, 1,000 pájaros murieron cuando chocaron con una torre que estaba iluminada con focos. “Eso fue en 1886. Más de un siglo más tarde, el investigador Travis Longcore y sus colegas, calcularon que casi 7millones de pájaros mueren cada año, tan sólo en Estados Unidos y Canadá, al chocar con torres de comunicación, pues la luz roja de tales torres, que es para que los aviones las identifiquen, desorienta a las aves en sus vuelos nocturnos, chocando con los alambres o una contra otra. Muchas de esas muertes, podrían evitarse si tan sólo se cambiaran luces fijas por intermitentes”.

Esa es, por tanto, otra destructiva consecuencia de nuestra “gran civilización”, impuesta por el destructivo capitalismo salvaje, que debe de estar iluminada en todo momento, sin importar los enormes gastos energéticos que eso implica, ni los daños a la salud, ni, por supuesto, los millones de aves cegadas por tanta luz.

Contacto: studillac@hotmail.com

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