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Historia: ¿Cómo llegó Hitler al poder?

Historia: ¿Cómo llegó Hitler al poder?

En Alemania, en los últimos años, decenas de personas han sido asesinadas por la violencia de la extrema derecha, a través de bandas neo-nazis.

En relación a esto, el 30 de enero pasado, se cumplieron 76 años desde que Hitler fue nombrado Canciller del Reich, en 1933. Desde 1933 hasta 1945, el pueblo alemán y toda Europa sufrieron la pesadilla nazi. Los trabajadores de todo el mundo tenemos el deber de aprender de esta trágica experiencia, sobre todo ahora que los fascistas están levantando cabeza.

Daniela Heipel y Ulf Petersen

Comité por una Internacional de Trabajadores, CIT en Alemania.

Con el establecimiento de la dictadura nazi en 1933 se inició el terror, la barbarie y la guerra que costaría la vida a 55 millones de personas. La primera gran masacre de este siglo, la 1a guerra mundial, sólo estaba quin­ce años atrás. Los acontecimientos de esos años sólo pueden entenderse en conexión con los resultados de esta guerra y de los turbulentos años que le siguieron.

Después de la guerra: revolución y contrarrevolución

La repuesta de la hambrienta población y de los soldados a la gran masacre en beneficio del gran capital que representó la guerra, fue una ola de levantamientos y revoluciones que sacudieron toda Europa.

El comienzo estuvo marcado por la Revo­lución de Octubre. En 1917, un año antes que terminará la guerra, los soviets tomaban el poder en Rusia, destruyendo no sólo el milenario Imperio zarista sino también el sis­tema capitalista.

También en Alemania la población traba­jadora no estaba dispuesta a sufrir durante más tiempo hambre y miseria. En 1918 toda Alemania fue sacudida por insurrecciones. Estimulados por la Revolución rusa, los obreros, soldados y marineros tomaron el poder en sus manos, y crearon espontáneamente “Rätes” obreros1 obligando al Kaiser a abdicar.

Los obreros tenían la posibilidad práctica de alcanzar el poder. Pero los líderes del SPD2 impidieron a través de su política reformista el triunfo de la revolución. Estos líderes eran parte del sistema. Federico Ebert 3 dijo abiertamente: “yo odio la revo­lución social como el pecado”. El Partido Comunista, surgido a partir del USPD (Partido Socialdemócrata Independiente), una escisión de izquierdas del SPD, tenía una influencia demasiado pequeña entre los obre­ros.

El gran capital, los aristócratas y terratenientes que eran los auténticos responsables de la sangría de la 1ª Guerra Mundial y que sacaron buenos beneficios de ella, se libraron de la expropiación. El precio que debieron pagar por ello fueron amplias concesiones a la clase obrera que pudo arran­car importantes conquistas como la jornada laboral de 8 horas y el seguro de desempleo. También se reconocieron los comités de empresa, así como derechos y libertades democráticas como nunca los había habido en Alemania.

Así la República de Weimar fue un com­promiso que ni satisfacía a los obreros ni a la capa superior reaccionaria que quería res­taurar la monarquía. Los años siguientes fueron una lucha constante entre estas dos fuerzas.

El 5 de enero de 19194, Berlín fue esce­nario de manifestaciones masivas. 300.000 obreros tomaron las calles al ser destituido el jefe de policía de Berlín, el socialdemócrata de izquierdas Emil Eichhron que pertenecía al USPD. Editoriales, imprentas, oficinas de información, telégrafos y bancos fueron ocu­pados. Los comunistas quisieron llevar a cabo una insurrección revolucionaria, pero quedaron aislados. Cuatro días más tarde el movimiento fue derrotado a tiros. “Freikorps”5 reaccionarios tomaron el poder en varias zonas de Berlín. Los gobernantes aprovecharon la oportunidad para hacer limpieza entre los líderes izquierdistas del movimiento obre­ro. Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, otros 156 revolucionarios y 1200 “sospecho­sos” fueron asesinados. Todo ocurrió con el apoyo de la dirección del SPD.

Desórdenes revolucionarios

Cuando el 13 de marzo, 12.000 solda­dos de la Brigada Erhard bajo las órdenes de von Luítwitz marcharon a Berlín para imponer una dictadura militar por el gene­ral Kapp, en toda Alemania triunfó una huel­ga general. El intento de golpe de estado fracasó. En agradecimiento la huelga gene­ral fue rápidamente desconvocada por el presidente socialdemócrata Ebert. Los obre­ros armados de la zona del Rhur fueron aplastados brutalmente por el ejército y los Freikorps.

El origen de estos desórdenes revolucio­narios de entonces era, una vez más, conse­cuencia de la guerra perdida.

Las deudas de guerra tenían que ser pagadas, y esto alimentó la inflación. Con la continua subida de los precios y la pérdida de valor del dinero, se expropió a los pequeños propietarios y trabajadores, cuyos salarios y ahorros quedaron reducidos a la nada. La gran industria se vio beneficiada, ya que, las deudas acumuladas de los capitalistas que­daron muy reducidas.

También el estado se liberó pronto de sus deudas gracias a la impresión de bille­tes. “La inflación era la venganza del gran capital por el miedo pasado durante la Revo­lución de Noviembre” (Arthur Rosenberg). En el año 1923 se llegó a una explosión de la inflación y a una nueva oportunidad revolucio­naria. Una amplia huelga general derribó al gobierno Cuno6. Como el movimiento no tenía otra demanda fue decayendo. El KPD7, que ya tenía una influencia de masas, perdió esta nueva oportunidad revolucionaria.

Sólo la sobre la base del estrangulamiento de la Revolución de 1918 y de las oportunidades perdidas hasta 1923 fue posible una estabilización de la situación. El saneamien­to de los beneficios en deterioro de la mayoría de la población a través de la crisis inflacionaria así como créditos masivos llegados del ex­tranjero, ayudaron a encauzar la economía.

Fascismo, la última salida para los capitalistas

Los capitalistas y terratenientes son personas desagradecidas. Aunque los líde­res del SPD les habían salvado de la ofen­siva de los trabajadores, no estaban satisfechos. La clase obrera tenía potentes or­ganizaciones y no se iba a dejar exprimir de forma ilimitada.

Los dorados años 20 fueron poco brillan­tes para la clase obrera. A fínales de 1925 el desempleo subió hasta un 20%. Otro 20% se encontraba en regulación de empleo con re­cortes en la jornada. Hasta los sindicatos se vieron debilitados por la crisis. En 1927, el 23% de los sindicalistas estaban desempleados, ocho veces más que antes de 1914.

Al llegar el crack de 1929, la crisis golpeó fuertemente a Alemania. En las primeras dos semanas de 1930 fueron despedidos 40.000 trabajadores. Krupp8 redujo su plantilla de 100.000 a 50.000 trabajadores. Los sindica­tos estaban debilitados y los salarios baja­ron.

En seis meses el desempleo subió de más de un millón a tres millones. Alemania se encontra­ba frente a una catástrofe; era de esperar que la cesantía aumentase masivamente en los años siguientes.

Hacia finales de 1931 el ejército de desempleados aumentó hasta casi seis mi­llones. A comienzos de 1932 comenzó bajo el gobierno de Brüning, la época del estado de excepción9.

Cerrado el Reichstag10, se llevaron a cabo las medidas necesarias para asegurar los beneficios empresariales. Pero esta for­ma de dominación fue inestable, al seguir existiendo las organizaciones obreras y por tanto, mantenerse el peligro de una respuesta revolucionaria de los trabajadores a los ataques de los capitalistas.

Por eso echaron mano de la última solu­ción que les quedaba: la reacción fascista. El revolucionario ruso León Trotsky explicó el significado especial del fascismo a diferencia de las medidas de opresión de la policía y los militares, bajo el estado de excepción, a finales de la República de Weimar.

“El fascismo no es solamente un siste­ma de represión, violencia y terror policía­co. El fascismo es un sistema particular de estado basado en la extirpación de todos los elementos de la democracia proletaria en el seno de la sociedad burguesa (…) Para esto no basta con exterminar físicamente a la capa más revolucionaria de los obreros. Hay que aplastar todas las organiza­ciones libres e independientes, destruir todas las bases de apoyo proletario y ani­quilar tres cuartos de siglo de la socialdemocracia y los sindicatos. Porque es sobre este trabajo sobre el que se apoya, en úl­tima instancia, el partido comunista.”

La meta la dejo clara el patrono Krupp: “Sólo queremos obreros leales, que desde el fondo de su corazón estén agradecidos por el pan que les dejamos ganar”.

En Octubre de 1931 se reunió la plana mayor de la derecha alemana en Bad Harzburg. Se encontraban allí generales jubilados y almirantes, representantes de la Casa Hohenzoller11 y por supuesto, numerosos representantes de la gran industria, de los bancos, etc. También se encontraba presen­te todo el grupo parlamentario del NSDAP12. A principios de 1932, Hitler expuso en el club industrial de Dusseldorf su programa a los representantes del gran capital para asegu­rar su apoyo.

Hitler debía ser utilizado para imponer los intereses del capital: erigir un régimen autoritario, eliminar a los sindicatos, acabar con el subsidio de desempleo, con la seguridad social y en general, con los derechos de los trabajadores.

Alza del NSDAP

Los Freikorps, antecesores de las SS (“Escuadrones de Seguridad”), ya fueron utilizados inmediatamente después de la 1ª Guerra Mundial contra la clase obrera. Has­ta el año 1930, los nazis eran únicamente uno más entre los muchos grupúsculos fas­cistas sin una base de masas.

Los antaño soldados profesionales y ofi­ciales reaccionarios, que, debido a la reduc­ción del ejército a 100.000 hombres (impues­to a Alemania por los vencedores de la guerra en el Tratado de Versalles), quedaron “desempleados”, fueron los primeros cua­dros del movimiento fascista.

Sólo durante el desarrollo de la crisis económica consiguió el fascismo una base de masas. En las elecciones al Parlamento de mayo de 1928 el partido nazi sólo consi­guió un 2,6% de los votos; en julio de 1932, en cambio, consiguió un 37,4%, su mejor resultado.

Capas pequeño-burguesas (campesi­nos, funcionarios que entonces estaban claramente separados del movimiento obre­ro, pequeños comerciantes, intelectuales,…) formaban cerca del 50% de la población. En los años revolucionarios,después de 1918, la pequeña burguesía depositó sus esperanzas en la clase obrera, que parecía estar en el camino de la victoria Sólo después de las oportunidades perdidas hasta 1923 se alejó del movimiento obrero. Empobrecida con la crisis de 1929 buscaba una salida radical. Esta parecía encontrarse en Hitler.

Así la mayoría de los afiliados al NSDAP eran empleados, funcionarios y autónomos13. Los obreros eran minoría. En los círculos dirigentes se encontraban, sobre todo, oficiales, catedráticos, empresarios y directores de fábrica.

La brutal aparición de las hordas de las SA14 daba sensación de fuerza. La imagen de los judíos se ofrecía como cabeza de turco. Con­signas en contra del “rapaz capital” y a favor de la eliminación de los “ingresos sin trabajo ni esfuerzo” servían para atraer a los pequeños burgueses — que en la competencia con los grandes capitalistas eran inferiores — y a sec­tores atrasados de la clase obrera. Por eso también aparecían las expresiones “socia­lista” y “obrero” en el nombre del partido.

Sobre la psicología de la pequeña burguesía y su predisposición por las ideas de Hitler, escribió Trotsky: “la pequeña burguesía ne­cesita una autoridad superior, que esté por encima de lo material y de la historia, y que esté a salvo de la competencia, de la infla­ción, de la crisis y de las subastas. A la evolución, al pensamiento materialista y al racionalismo-de los siglos XX, XIX y XVIII-se contrapone en su mente el idealismo nacional como la fuente de inspiración heroica. La nación de Hitler es una sombra mitológica de la pequeña burguesía misma, un delirio patético de un Reich milenario (…) Así como la nobleza arruinada busca con­suelo en la aristocracia de su sangre, la pequeña burguesía pauperizada se embria­ga con cuentos sobre la superioridad de su raza. (“Que es el nacionalsocialismo” 1933)

Movimiento obrero dividido y paralizado

Los nazis nunca tuvieron una gran im­portancia en el movimiento obrero. En las elecciones sindicales de otoño de 1933, después de la toma de posesión de Hitler, la NSBDO (organización sindical nazi), ape­nas consiguió un 3%. Pero entonces ¿cómo pudo llegar al poder y destruir las organiza­ciones obreras?

Entre el SPD y el KPD consiguieron en las elecciones al Reichstag (1928-32) entre un 36% y un 40% de los votos. Las poderosas organizaciones obreras — SPD, KPD, los sin­dicatos, la prensa obrera y las milicias15 seguían existiendo.

Pero, el movimiento obrero estaba dividi­do y paralizado. La dirección del SPD había salvado al capitalismo en los años 1918-23 y así había allanado el camino a las fuerzas reaccionarias y a los fascistas. La burocracia en la dirección del SPD y los sindicatos no tenía ningún interés en hacer peligrar su po­sición privilegiada en la sociedad capitalista mediante “aventuras revolucionarias”.

Querían llegar al socialismo “a paso de tortuga”. En la práctica, en cambio, se permitió desde 1930 el estado de excepción y los primeros pasos del rearme militar (construc­ción de acorazados). En la lucha contra los nazis creían que los jueces y la policía los contendrían, cuando esos sectores estaban mucho más claramente que hoy al lado de los reaccionarios. Creían todavía en el “espíritu de Weimar” cuando el capital ya había apos­tado por Hitler.

Después de la experiencia de la traición de la dirección del SPD, el KPD se desarrolló como una fuerza de masas. A pesar de esto, la mayoría de los obreros seguía al SPD. La tarea del KPD hubiese sido organizar la ac­ción común de todos los obreros de todos los partidos y sindicatos contra los nazis. El ofre­cimiento de un frente único al SPD hubiese posibilitado una defensa eficaz, junto con los obreros socialdemócratas, del peligro fascis­ta. El KPD con esta política hubiera ganado a la mayoría de la clase obrera para el derribo revolucionario del capitalismo, atajando así el peligro fascista de raíz.

De hecho, el KPD hizo justamente lo con­trario. Desde la victoria de la burocracia estalinista en la URSS, seguía las órdenes de Stalin. Stalin y la dirección del KPD calificaban de fascista a todo lo que se encontraba a su derecha. El SPD no se escapaba de este esquema. “La socialdemocracia es .desde un punto de vista objetivo, el ala moderada del fascismo. Estas organizaciones no se exclu­yen la una a la otra, sino que se complemen­tan. No son antípodas, son hermanos geme­los.” Así era definida la teoría del socialfascismo en “Die Rote Fahne”16.

Con esto decían que era lo mismo que estuviese en el poder el SPD o el partido nazi; Brüning o Hitler. Esta política fue siempre y continuamente criticada por la Oposición de Izquierdas en el KPD que luchaba contra la dirección estalinista. Así escribía Trotsky, lí­der de la Oposición de Izquierda Internacio­nal: “Los sabios que se pavonean de no ver la diferencia entre Brüning y Hitler, dicen de hecho: importa poco que nuestras organiza­ciones existan todavía o que ya estén destrui­das.”

Debido a este error el KPD se mantuvo pasivo y expectante después de la subida de Hitler al poder. Esperaban que el fascismo se desgastara por sí solo dejando así el terreno libre al KPD.

En enero de 1933 volvió a haber manifes­taciones contra Hitler. 130.000 manifestan­tes sólo en Berlín. También hubo manifesta­ciones en otras partes del país. Pero, mien­tras los Freikorps eran armados sistemáticamente, al proletariado se le quito su fuerza. Estas movilizaciones quedaron como la última muestra masiva de resistencia. La división de las direcciones obreras paralizó el movi­miento obrero. Los trabajadores veían como las huelgas y manifestaciones acababan desperdigándose.

Naturalmente que hizo aparición el mie­do, pero la resistencia nunca acabo del todo. Tanto en 1935 como en 1936 hubo huelgas que acabaron con despidos, encarcelamientos y fusilamientos de los obreros.

Hitler en el poder

Los primeros pasos que Hitler llevó a cabo al llegar al poder fueron la disolución del parlamento, la prohibición de todos los partidos y la destrucción sistemática del movimiento obrero. Social demócratas y co­munistas fueron detenidos y muertos en los campos de concentración y los locales sindicales fueron ocupados.

Hitler no tenía escrúpulos ni frente a sus propios batallones de choque. Desde el principio, Hitler no quería llevar a cabo los puntos “social-revolucionarios” de su programa y con gusto los hubiese eliminado en favor de los capitalistas. Las SA, que en su mayoría esta­ban compuestas por desempleados, se oponían a ello. Sus líderes hablaban siempre de la segunda revolución. En junio de 1934, Hitler hizo liquidar sin titubeos a toda la dirección de las SA.

Después de que la pequeña-burguesía enfurecida y sectores atrasados de la clase obrera y de los cesantes desempeñaran el papel de ariete destruyendo a las organiza­ciones obreras, el dominio de los nazis se fue convirtiendo poco a poco en un régimen policíaco-militar “normal”.

El aparato de estado fascista obtuvo una cierta independencia de los capitalistas, pero actuaba enteramente a favor de los intereses de los Stinnes, Flick, Thyssen y compañía. Los programas de rearme beneficiaron a los grandes industriales.

La advertencia de que Hitler significaba guerra pronto se vio confirmada. El exigido “espacio vital para el pueblo alemán” no sig­nificaba otra cosa que fuentes de materias primas para el imperialismo alemán. La des­trucción del movimiento obrero fue necesaria también para poder utilizar a los obreros como carne de cañón durante la 2ª Guerra Mundial.

Las otras potencias imperialistas obser­varon con agrado como Hitler maniató a los trabajadores en 1933. Esperaban que ataca­ra a la URSS. Un político británico, Lord Balfour, llegó a pedir en 1933 el rearme internacional de Alemania contra el peligro del Este.

El pogromo del 9 de Noviembre de 1938 comenzó la persecución sistemática de los judíos que finalizó con el asesinato de seis millones. La explotación de millones de traba­jadores forzosos en los campos de concen­tración fue de gran beneficio para los capita­listas alemanes. Empresas como Volkswagen, Thyssen, Krupp,… pudieron desembarcar, después de la guerra, en el “mila­gro económico” de los ’50, mientras que mi­llones de familias obreras sufrieron la muerte y la miseria.

El fascismo hizo un buen trabajo para los capitalistas alemanes, pero también les llevó a una nueva derrota en la 2ª Guerra Mundial. Hoy, después de la reunificación de Alemania, la clase dirigente quiere superar las últi­mas consecuencias de la guerra y volver a ocupar militarmente un papel como potencia imperialista.

El peligro fascista, hoy

Igual que hacían los nazis en los años 30 con los judíos, el gobierno alemán utiliza a los asilados como cabeza de turco, para desviar la atención de las verdaderas causas de la crisis y la miseria. Así, las bandas fascistas se ven embravecidas.

Pero, esto no significa que la clase diri­gente marche hacia el establecimiento de una dictadura fascista. El fascismo es una forma de poder especial que asegura la dominación del capitalismo en épocas de crisis. Esto no es fácil:

* La clase dominante entrega, al me­nos, parcialmente el aparato del estado. Ya se “quemó los dedos” durante la dictadura nazi.

* Todo apoyo abierto a los fascistas puede llevar a una reacción de los jóvenes y los trabajadores.

* En los años 30 los nazis tenían una base social en la pequeña-burguesía empo­brecida que se dejaba movilizar contra el movimiento obrero. Hoy, los partidos de extre­ma derecha se apoyan, más bien, en votos provenientes de los trabajadores. La peque­ña-burguesía clásica ha sufrido una drástica reducción.

La clase dominante utilizará a los neo-nazis, sobre todo, como tropas de apoyo para intimidar a trabajadores extranjeros, asilados, izquierdistas y sindicalistas. El SPD apoyan­do la maniobra de diversión que ha significa­do el debate sobre el derecho al asilo, tiene parte de la responsabilidad en todo esto.

El decir que, de momento, no hay peligro de una toma del poder por los fascistas no es una infravaloración de la extrema derecha. Si la clase obrera no utiliza su poder para com­batir los ataques del capital y transforma la sociedad, la clase dominante podrá encauzar el camino hacia nuevas guerras y dictaduras. Las bandas nazis ya están preparadas para hacer el trabajo sucio.

Referencias:

1.- Räte: consejo o comité obrero, equivalente al soviet ruso.

2.- SPD: Partido Socialdemócrata. En sus orígenes, un partido
marxista revolucionario. A fínales del siglo XIX, la dirección se derechizó.
La decadencia total del SPD se confirmo al votar en 1914 a favor de los
créditos de guerra.

3.- Federico Ebert: líder del SPD.

4.- El 5 de enero de 1919 se inicio el “levantamiento espartaquista” La insurrección sólo tomó pie en Berlín y Baviera. En Munich se formó una república obrera que resistió hasta abril.

5.- Freikorps: cuerpos armados, formados por oficiales y lúmpenes reaccionarios del ejército derrotado del Káiser.

6.- Cuno: jefe de estado, sin partido, del 22-XI de 1922 al 13-VIII de 1923.

7.- KPD: Partido Comunista Alemán

8.- Krupp: poderosa familia de industriales en Alemania y Europa.

9.- Bruning: canciller del 30-I de 1930 al 1-VI de 1932.

10.- Reichstag: parlamento

11.- Hohenzollern: dinastía del Kaiser alemán.

12.- NSDAP: partido nacional socialista obrero alemán. El parti­do de Hitler.

13.- De cada 100 afiliados, 21 eran funcionarios, 15 autónomos, 12 empleados; 8 campesinos y 5 obreros.

14.- SA: Tropas de asalto u organización paramilitar del partido nazi alemán.

15.- Tanto el SPD como el KPD disponían de miles de militantes encuadrados en milicias equivalentes a las SA nazis.

16.- Die Rote Fahne: ‘Bandera Roja’, periódico del KPD.

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