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Estados Unidos – “El coronavirus sigue asolando el país y Trump no hace nada”

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Barry Sheppard

A l’encontre, 30-10-2020 

http://alencontre.org/ameriques/

Traducción de Ruben Navarro – Correspondencia de Prensa

En septiembre la cantidad de casos de infección notificados se incrementó de manera regular y luego la aceleración fue constante. El 26 de octubre, fecha tomada como media móvil de siete días de nuevos casos cotidianos (una media que nivela las fluctuaciones diarias de los casos registrados), se registraron unos 70.000 casos nuevos diarios, y las cifras siguen aumentando.

Esta cifra supera el anterior récord de unos 65.000 casos, alcanzado durante el verano pasado. Los científicos predicen que serán 100.000 por día en unas pocas semanas, y sus pronósticos son aún más sombríos.

Las hospitalizaciones, cuya cifra está muy por debajo, obviamente,  de los nuevos casos, han comenzado a aumentar. La cantidad de muertes no va a ceder [227.000 muertes según el Centro de Recursos de Coronavirus de la Universidad Johns Hopkins, el 28 de octubre].

Desde el comienzo de la pandemia, en los Estados Unidos hubo varios picos de contaminaciones y ahora nos dirigimos rápidamente hacia un nuevo aumento de los mismos.

El primer pico fue de unos 30.000 casos por día, a principios de la primavera, y luego la administración Trump ordenó el cierre de todos los sectores, excepto los más esenciales (salud, alimentación, transporte, etc.). Esta fue la única vez que Trump tomó medidas serias para reducir la propagación del virus.

El virus siguió propagándose a un ritmo reducido, gracias al uso de máscaras y al distanciamiento social, evitando las grandes concentraciones de personas. Esas medidas se aplicaron en algunos estados pero no en otros, y se registraron nuevos casos entre los trabajadores de los llamados sectores esenciales, incluidas las enfermeras.

La cantidad de casos se estabilizó en algo más de 20.000. Entonces, Trump pidió la reapertura de toda la economía antes de finales de mayo, lo que se hizo sin ninguna precaución en algunos estados y de manera más prudente y mesurada en otros, con lo que comenzó nuevamente el aumento de las contaminaciones diarias, las que alcanzaron, a principios del verano, un ritmo superior al doble del pico máximo anterior.

Las restricciones, que fueron mantenidas en muchos lugares, permitieron reducir la media nacional a poco más de 30.000.

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Desde el comienzo de la pandemia, Trump no hizo sino minimizar la gravedad de la misma, excepto durante el mes de marzo. Se burlaba, incluso, del uso de las mascarillas.

A pesar de haber sido él mismo víctima de la pandemia y de haber sido hospitalizado, sigue organizando grandes mítines de campaña con miles personas reunidas, la mayoría de las cuales no llevan máscaras. Llega al punto de utilizar su enfermedad para restarle importancia a la gravedad de la pandemia, diciendo que no debemos preocuparnos si nos contagiamos, porque, como él, nos vamos a recuperar.

Trump tiene muchos partidarios y el Partido Republicano se ajusta estrictamente a su discurso, por lo que existe una gran diferencia entre los 26 estados controlados por los republicanos y los 24 estados controlados por los demócratas en cuanto a la forma en que se toman, o no, las medidas para contener el virus.

Eso no quiere decir que los demócratas no hayan cedido al imperativo económico de flexibilizar las medidas restrictivas. Lo hicieron, claro, pero nunca tanto como los estados republicanos.

Las personas que creen en el discurso de Trump -y sus adeptos se cuentan por decenas de millones- también contribuyen a la propagación de la enfermedad por su desprecio arrogante de las medidas que han mostrado su eficiencia para ayudar a contenerla, como el uso de máscaras en lugares públicos, especialmente en lugares cerrados, y el mantenimiento de una distancia física, además de la higiene de las manos.

Esto explica en parte la propagación geográfica del virus. El primer pico se concentró en el noreste, particularmente en la ciudad de Nueva York. El segundo en los estados sureños del “Sun Belt” [El “cinturón del sol” incluye los estados de Arizona, California, Florida, Nevada, Nuevo México, Texas, Georgia  y Carolina del Sur. También puede incluir los estados de Luisiana, Mississippi, y Alabama, NdT]. El tercer pico cubrió el medio oeste y el oeste, incluso en las zonas rurales. En estas últimas, los pueblos pequeños suelen estar a más de cien kilómetros del hospital más cercano. Los capacidad de esos hospitales es en general muy reducida, con el riesgo de verse pronto saturados.

En casi todos los estados, ha habido un aumento de las cifras de nuevos casos. La razón principal de la propagación es la propia naturaleza de este virus, sumamente contagioso. Mientras que el virus exista en un lugar, ningún otro lugar estará al abrigo, lo que también es cierto a nivel internacional.

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Trump se ha negado sistemáticamente a poner en marcha un plan nacional para reducir el impacto del virus. Esta actitud deja en manos de los estados -los que carecen de fondos debido a la falta de ayuda federal- la responsabilidad de desarrollar sus propios planes sanitarios. Algunas ciudades tratan también de implementar sus propias medidas contra la pandemia.

El 25 de octubre, Mark Meadows, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, explicó claramente la política de la administración Trump, cuando dijo a la CNN: “No vamos a controlar la pandemia”. Esto significa que el virus va a seguir propagándose sin una política federal. Trump lo dice en sus mítines de campaña. “No se preocupen”,  el virus se va a ir por sí solo.

La idea es que el virus se propague hasta lograr una “inmunidad de manada”. No importa cuánta gente caiga enferma, porque en ese caso, el porcentaje debe situarse muy por encima del 50%. Digamos que se estima en alrededor del 70% [siempre y cuando la inmunidad de manada se materialice]. Eso significa 245 millones de personas en los Estados Unidos. Si la tasa de mortalidad es del 1%, eso supone 2,45 millones de muertes, lo que es inmoral e inaceptable, digno del nazi Dr. Mengele [una idea que insinúa que las personas mayores de 60 años serían el blanco privilegiado “entregado” al virus].

Además, no se sabe cuánto tiempo dura la inmunidad ante la enfermedad. En el caso de muchos virus, la inmunidad no perdura para siempre, tal como ocurre con la gripe. Las vacunas contra la gripe producen anticuerpos contra el virus de la misma manera que cuando se tiene la enfermedad y sólo dura seis meses. Y al igual que con la gripe, el virus del SARS-CoV-2 puede mutar y los anticuerpos desarrollados pueden resultar inoperantes.

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En sus declaraciones, Mark Meadows dijo también que la administración concentrará sus esfuerzos en el desarrollo de una vacuna y de tratamientos. Trump presiona a las empresas que trabajan sobre las vacunas para que encuentren una rápidamente, “a la velocidad de la luz”.

La “velocidad de distorsión” (también “velocidad warp” o “de empuje por curvatura”) [1] es un término de ciencia-ficción que imagina un viaje interestelar, lo cual es muy difícil porque nada que tenga masa puede alcanzar la velocidad de la luz. Para que la luz viaje a través de nuestra galaxia -la Vía Láctea- se necesitan 107.000 años. Por lo tanto, estos autores de ciencia ficción imaginan una “distorsión” en el espacio-tiempo que permitiría a los objetos pasar a través y por fuera de “las restricciones” de la galaxia en un espacio-tiempo diferente, más allá del límite de la velocidad de la luz. Aunque esto puede ser posible de una manera matemática, nunca se ha observado. Además, el hecho de desplazarse en esa “burbuja” destruiría cualquier objeto.

Para continuar con la analogía, el peligro es que el desarrollo de una vacuna a “velocidad de distorsión” -es decir, tan rápido como lo exija Trump- puede también perjudicar a quien la reciba o ser ineficaz, o con una eficacia sólo parcial, ya que esto significa pasar por alto las pruebas de eficacia y no medir todos los efectos secundarios negativos.

No es de extrañar que mucha gente diga que no piensa vacunarse con una vacuna desarrollada a la velocidad de Trump. Yo no voy a hacerlo. Esperaré hasta que esté convencido de que científicos verdaderamente independientes -y supervisados por sus colegas- la aprueben. Si no hay una cantidad suficiente de personas que se vacunen, no puede haber inmunidad colectiva, aunque más no fuera temporal.

Eso es lo que nos espera, al menos mientras la administración Trump esté en el poder: un nuevo aumento de casos, seguido de hospitalizaciones y muertes sin ningún plan federal para controlar el virus y con un sistema de salud nuevamente sobrecargado.

Esperamos que un número suficiente de estados, ciudades y municipios se despierten y tomen medidas correctivas que le permitan a la gran mayoría, alrededor del 90% de los ciudadanos, hacer lo que resulta eficaz para reducir el número de casos -como ya lo sabemos- : usar máscaras, mantener un distanciamiento físico y evitar las grandes reuniones. O, de lo contrario, que un número suficiente de individuos lo hagan voluntariamente.

Nota

[1] En el universo ficticio de Star Trek, la distorsión o propulsión exponencial es una distorsión del espacio que altera las leyes de la física para permitir que una nave alcance una velocidad supra lumínica. (Redacción  A l’encontre)

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