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En la Argentina nada es lo que parece

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por Tirso, desde Argentina

En la Argentina vivimos unas semanas vertiginosas. Hay un montón de cambios que yo no podría evaluar porque requieren más tiempo de estudio. Lo primero y principal que debemos aclarar es lo siguiente: *en la Argentina nada es lo que parece*. Desde esta premisa se nos hará más fácil comprender nuestra compleja realidad. 

Lo segundo que es necesario tener en cuenta: *la Argentina padece una fragmentación extrema*, de manera que no hay quien piense en *el común*. Y lo tercero: una condición especial de nuestra organización es el *colonialismo interno*, que trastoca las interpretaciones basadas en parámetros clásicos.

En términos generales, podemos apreciar que el actual gobierno propone una serie de medidas desregulatorias que parten de una convicción: *la inflación* destruye la economía, y la causa de la inflación es *el déficit crónico* de las cuentas públicas. 

INFLACIÓN Y DEUDA

La inflación es destructiva: eso es cierto. La Argentina no tiene moneda, todos disparamos del peso, porque en un mes se nos esfuma el poder adquisitivo. Y ese fenómeno ataca primero a los más pobres. 

Que las causas de la inflación sean el déficit y la emisión desenfrenada de billetes es cierto sólo en parte. Los estados nacional, provinciales y municipales son máquinas de derroche y corrupción, en la Argentina, pero en ese análisis falta un ingrediente fundamental: gran parte del déficit obedece al pago de *intereses de la deuda pública que ya oscila en los 500 mil millones de dólares*. Esa deuda es en gran medida fraudulenta y desde la dictadura ha crecido por la levadura que contiene la usura en sí misma. Además, no se considera en su análisis la responsabilidad de los que prestan el dinero sabiendo que el deudor no está en condiciones de devolverlo.

Sin embargo, casi todos los partidos que se alternan en el poder y se presentan como adversarios, sino enemigos, han coincidido en *avalar la deuda pública* a través de sus votos en el Congreso. Las denuncias por el fraude están en veremos. Si se avanzara, se llegaría a responsables políticos y empresarios que son la mayoría de los que integran el oficialismo y la oposición hoy día. 

Además de bajar la inflación, el gobierno se propone quitar todas las trabas para facilitar negocios. Con la *creencia en el mercado*. En este punto, debemos decir que todos los microemprendedores y las pymes encuentran en el estado argentino una máquina de impedir. El estado mismo monopoliza los créditos, de modo que *no tenemos moneda* porque se esfuma en un mes, y *no tenemos crédito* porque todo lo toma el estado. 

En este estado de cosas, con predominio del capital financiero y sus socios de la política, lo que manda es la especulación en términos económicos y políticos. 

DE REMATE

Desde estas verdades, el gobierno avanza con una desregulación que *deja las riquezas y los servicios a merced del capital internacional*. Por eso no estamos errados si decimos que hoy la Argentina está de remate. Como viene la mano, pensamos que las cosas estaban muy mal y no estarán mejor. *Entre aquellos que creen que el estado es público, y aquellos que creen en la libertad del mercado, estamos fritos*. (Por supuesto que hay salida, y es comunitaria, es con participación ciudadana, es con organización desde abajo, pero las estructuras verticales todo lo contaminan).

INFORMALES Y DESOCUPADOS

Las causas de esta situación son múltiples. Durante décadas se han ido generando, dentro de la clase trabajadora cuatro variedades:

1-los ocupados comunes;

2-los calificados;

3-los desocupados que viven de un plan del estado, y

4-los informales abandonados por el estado. La suma de desocupados e informales da una mayoría.

Los obreros comunes y calificados están representados por sindicatos. Pero no hay sindicalistas que representen al conjunto de los trabajadores. Así, la mitad de todos los trabajadores del país sienten que el estado les es ajeno, sino enemigo. Y no tienen simpatía por los sindicatos, que también los han abandonado a su suerte. De ahí que sea previsible que muchos trabajadores voten a alguien que levante su voz contra la casta de los políticos y sindicalistas que parasitan el estado y que abandonan a los desocupados y los informales… 

A los numerosos problemas del trabajo se agrega una tendencia a incorporar y naturalizar tecnología que reemplaza la mano de obra humana, con sindicatos que avalan este despropósito.

No pocos desocupados cobran planes de estado, pero así el estado se ha desentendido de las familias y ha encerrado a millones en una suerte de reducción, sino campo de concentración. Sabemos que no dar función es un acoso, una violencia laboral, y aquí la ejerce el propio estado que no genera puestos de trabajo genuinos, entonces mantiene a muchos en esa condición que quita dignidad a las personas, no por un año o dos sino por décadas.

BIODIVERSIDAD

La Argentina está muy restringida a la producción de alimentos para exportación, en una economía de gran escala, con tecnología moderna que desplaza también allí la mano de obra humana. Y con métodos que ocupan transgénicos, herbicidas e insecticidas que ponen en riesgo la biodiversidad y en ella, la salud humana. En esto confluyen todos los sectores de poder, los llamados progresistas, populistas, neoliberales, socialistas. Nadie queda afuera, cuando de extractivismo se trata. 

TIERRA

El sistema de agronegocios le puso el moño a un problema que ya traíamos: la concentración de la propiedad y la tenencia de la tierra en pocas manos. Hay empresarios que poseen más de 1 millón de hectáreas, y millones que no tienen un metro cuadrado donde caerse muertos. Aún así, existe todavía una variedad en los rubros productivos, y eso podría mejorarse con vistas a generar arraigo y trabajo con alimentos sanos y cercanos. 

El estado, que podría colaborar en la devolución de parcelas a millones, destina sus fondos a emprendimientos que no son prioridad, en absoluto, excepto para Buenos Aires ciudad y provincia, que imponen sus intereses y obligan al conjunto a pagar sus déficit. 

COLONIALISMO INTERNO

Un flagelo de la Argentina está en los privilegios de una región sobre el resto, como resabios de los tiempos coloniales. De ahí que los diagnósticos sobre la situación del país difieren mucho, si parten de Buenos Aires provincia y ciudad, o del interior. Por siglos, Buenos Aires provincia y ciudad se han impuesto, a sangre y fuego, sobre el resto del país, y han logrado así una supremacía que debemos adjudicar al supremacismo, ni más ni menos. Hoy en día no faltan algunos dirigentes y gobernantes (a diestra y siniestra) que aprovechan los privilegios alcanzados para sostener su predominio. Así, los puntos de vista clásicos relacionados con la izquierda y la derecha, o la lucha de clases, hacen agua en la Argentina si no se considera la malformación paralela que es el colonialismo interno.

Especulación, inflación, endeudamiento, colonialismo, fragmentación, ruptura de lazos comunitarios, corrupción, precariedad de análisis, abandono del “común”, son la norma en la Argentina del siglo XXI. Corporaciones, partidos, sindicatos, universidades, medios masivos, colegios profesionales, bancos, coinciden en el menosprecio de la vida comunitaria y de la diversidad natural y social. A propósito: el principal objetivo de la revolución independentista fue *la soberanía particular de los pueblos en confederación*. La revolución quedó trunca, está por verse, y (con distintos maquillajes) los reaccionarios mandan y se alternan en el poder.

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