POLITIKA
…cuando Chile explotó, PAC no tuvo que aprender a organizarse en los pasajes y en las plazas: ya lo sabía.
escribe Esteban González Pérez
NOTA
Esta columna fue escrita a partir del Ranking de Calidad de Vida Urbana 2025 (ICVU 2025), elaborado por la Cámara Chilena de la Construcción y el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, publicado en abril de 2026. El ICVU analiza 42 comunas de la Región Metropolitana en seis dimensiones: conectividad y movilidad, vivienda y entorno, condiciones laborales, ambiente de negocios, salud y medioambiente, y condiciones socioculturales. Pedro Aguirre Cerda aparece entre las comunas con nivel bajo en el ranking.
Cuando salió publicado el ranking de calidad de vida de las comunas de Santiago, lo leí con una mezcla de rabia y tristeza que cuesta describir. No porque me sorprendiera. Sino porque el número pone en blanco y negro algo que se vive todos los días y que duele cada vez que se piensa en el hijo, en la familia, en los vecinos de toda la vida.
Pedro Aguirre Cerda figura entre las comunas con peor calidad de vida de la Región Metropolitana. Mala conectividad, malas condiciones laborales, déficit de salud, medioambiente deteriorado. Todo lo que el índice mide, y todo lo que la gente que vive acá ya sabe de sobra sin necesitar que se lo diga una universidad.
Duele. Duele porque esta es la comuna donde elegimos vivir, no donde caímos de rebote. Duele porque los hijos crecen acá y merecen algo mejor. Duele porque la gente que lleva décadas construyendo este lugar, con las uñas y con la organización, sigue esperando que esa construcción se traduzca en condiciones de vida dignas y no solo en orgullo de barrio. El orgullo es real. Pero el orgullo no acorta la lista de espera en el CESFAM, no mejora la micro que llega cada media hora, no le da trabajo digno al cabro que termina el colegio.
No elegimos irnos de PAC. Elegimos quedarnos. Y esa elección tiene un costo que el ranking no mide pero que se siente todos los días.
El mapa no miente, pero tampoco lo explica todo
Las comunas con mejor calidad de vida en la Región Metropolitana son casi todas del sector oriente. Eso no es un accidente ni el resultado de mayor esfuerzo o mérito de sus habitantes. Es el resultado de décadas de inversión pública y privada concentrada en los mismos lugares, de planes reguladores diseñados para unos pocos, de un modelo que distribuyó la ciudad como distribuyó todo lo demás: según la billetera.
Más de la mitad de las comunas de Santiago tiene calidad de vida media baja o baja. PAC no es la excepción vergonzosa. PAC es la regla de cómo este modelo construyó la ciudad.
El propio estudio reconoce que las comunas en el rango más bajo no tienen suelo urbanizable y requieren grandes inversiones de infraestructura que el mercado solo nunca va a hacer. Eso lo dice la Cámara Chilena de la Construcción, que no es precisamente sospechosa de izquierdismo. El mercado no va a llegar a PAC por iniciativa propia. Nunca lo ha hecho. La única forma de cambiar la calidad de vida en este territorio es con decisión política, con inversión pública deliberada y con poder organizado que la exija.
Lo que el índice no puede medir
El ICVU mide conectividad, vivienda, salud, empleo, medioambiente. No mide la historia. No mide la capacidad de esta comuna de organizarse cuando todo lo demás falla. No mide que en 1957 los fundadores de La Victoria construyeron una población desde cero porque entendieron que esperar al Estado era seguir viviendo a la orilla del Zanjón.
No mide que durante la dictadura las ollas comunes alimentaron a familias enteras cuando el modelo dejaba sin trabajo a los padres. No mide que en 2019, cuando Chile explotó, PAC no tuvo que aprender a organizarse en los pasajes y en las plazas: ya lo sabía.
Eso no aparece en ninguna tabla. Pero es lo único que ha cambiado algo real en este territorio a lo largo de la historia. No la inversión privada. No la gestión municipal que cumple lo que pide la ley y lo cuenta en la cuenta pública. La organización. La decisión colectiva de que las cosas pueden ser distintas y el trabajo sostenido para que lo sean.
El mismo estudio que nos pone abajo en el ranking reconoce la urgencia de reactivar la participación ciudadana y el tejido social como elementos clave para tener ciudades más cohesionadas y con mejores oportunidades. Eso es exactamente lo que PAC tiene y lo que este territorio ha construido durante décadas. La pregunta es qué se hace con ello.
La historia como punto de partida, no como nostalgia
Hablar de la historia de PAC no es nostalgia. No es el relato cómodo de los que miran desde afuera y convierten la pobreza en ícono. Es reconocer que en este territorio existe una materia prima que ningún índice cuantifica: la convicción colectiva de que los problemas se resuelven juntos. Esa convicción es real. Y es el único punto de partida honesto desde el que se puede pensar en cómo cambiar el número que duele.
Pero esa historia no alcanza sola. El capital organizativo que tiene esta comuna necesita encontrar una forma política que esté a la altura de lo que el territorio necesita. No una gestión que administre la precariedad con eficiencia. No un municipio que cumple los indicadores mínimos y los presenta como logros en la cuenta pública anual. Algo más ambicioso. Algo que parta de la gente de acá, que se construya con ella, y que tenga como objetivo único cambiar de raíz las condiciones de vida de quienes vivimos en esta comuna.
Eso implica disputar la institucionalidad comunal con una mirada que vaya más allá del presupuesto disponible y de lo que la ley exige. Implica entender que la transformación real de un territorio no viene de arriba ni llega sola: se construye desde abajo, con organización, con proyecto, con la disposición de pelear por lo que la gente de PAC merece y que hasta ahora ningún ranking ha reconocido porque ningún ranking sabe mirar donde realmente importa.
La esperanza no es optimismo
La esperanza no es creer que todo va a salir bien porque sí. La esperanza es saber que existe una base sobre la cual construir algo distinto, y tener la honestidad de decir que esa base existe acá, en PAC, aunque el ranking diga lo contrario.
Elegimos vivir acá. Elegimos que nuestros hijos crezcan acá. Elegimos quedarnos aunque el modelo haya diseñado esta ciudad para que los que pueden se vayan al oriente y los que no pueden se queden callados en el sur. Esa elección no es resignación. Es una apuesta. Una apuesta porque este lugar puede ser mejor, porque la calidad de vida de la gente de PAC puede cambiar, porque la historia de lucha y organización de esta comuna no es un recuerdo bonito sino el material concreto con el que se construye el futuro.
La respuesta al ranking no está en esperar que alguien llegue a salvarnos. Está en construir, desde adentro, el proyecto político que esta comuna todavía no tiene pero que se merece.
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