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Cada año, en varios países, son arrojadas miles de bicicletas a ríos

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Por Adán Salgado Andrade, México

El empleo de la bicicleta, se ha estado impulsando en varios países, sea que más gente posea una o que empresas las pongan en renta, para viajes cercanos a los sitios en donde las colocan.

En México, en la capital, desde hace algunos años, el proyecto Ecobici, ha colocado bicicletas en algunas de las zonas menos peligrosas para transportarse en esos vehículos, como sobre la avenida Reforma, y ha tenido una mediana aceptación. Pero sólo es para viajes cercanos a los sitios en donde son alquiladas, pues la mayor parte de la ciudad, no ofrece, realmente, condiciones para su empleo. Los ciclistas que se aventuran a viajar en bicicleta en largos trayectos, incluso, hasta arriesgan la vida (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/07/el-riesgo-de-ser-ciclista-responsable.html).

Sin embargo, de todos modos, ya sean ventas o rentas de bicicletas, se ha impulsado mucho su empleo en varios países. No sólo eso, sino que hasta se dan casos de masiva eliminación de bicicletas. Muchas, porque las que se ponen en sitios para ser rentadas, son vandalizadas, despojadas de piezas o hasta incendiadas masivamente, como ocurre en China.

Y muchas más, miles, son arrojadas a los ríos que cruzan varias ciudades del mundo, como expone el artículo “Cementerios de bicicletas: ¿por qué tantas terminan sumergidas en ríos?”, firmado por Jody Rosen, quien comenta que “cada año, miles de bicicletas son arrojadas en ríos, lagunas, lagos y canales. ¿Qué hay detrás de estos masivos hundimientos?” (ver: https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2022/jul/28/bicycle-graveyards-why-do-so-many-bikes-end-up-underwater).

La foto que abre el artículo, es del canal de Saint-Martin, en París, en donde, luego de que se desagua para limpiarlo, decenas de bicicletas, de todos tipos y materiales, aparecen en el fondo, víctimas de la cultura de desecho o de delitos y que por ambas u otras razones, acaban allí.

Dice Rosen que cada década, el mencionado canal de Saint-Martin, es drenado, “y miles se reúnen para contemplar lo que revela. En el 2016, aparecieron colchones, maletas, letreros de tráfico, conos de tránsito, una lavadora, un maniquí, mesas, sillas, baños, WC’s, viejos radios, computadoras, algunos vehículos, carriolas, carritos de súper, una silla de rueda, motonetas, una pistola, un rifle y decenas de bicicletas. Salen a relucir los escondidos secretos que, durante años, han estado en el fondo del canal”.

Desgraciadamente, también los ríos son usados como basureros y no sólo para desechar tóxicas aguas negras y residuales, del drenaje doméstico e industrial. De hecho, investigadores han analizado tales aguas, pues han hallado varias trazas de enfermedades, como cepas de Covid o hepatitis y patógenos que afectan a la población (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2022/03/el-analisis-de-las-aguas-negras-ayuda.html).

Muchas de la bicicletas halladas en Saint-Martin, eran restos de las que en el 2007, se alquilaban, mediante la empresa Vèlib, cuando 14,500 se rentaban en distintas partes de París. “Pero también había otras, contemporáneas y vintage. Algunas, retorcidas, o sin manubrios, sin cadenas, simples esqueletos de las que, alguna, vez, habían sido conducidas por sus orgullosos propietarios, por las calles de la ciudad”.

Muchas han caído allí, debido a que sus conductores, manejaban por las noches y no vieron el canal, en el que inevitablemente cayeron. Otros, conduciendo borrachos, también fueron a dar allí. Muchas, producto de hurtos, fueron arrojadas por los delincuentes que las usaron para robar o que las robaron y fueron descubiertos. “Y los encabezados son frecuentes, de gente ahogada al caer con sus bicicletas al canal, ‘Conducía ciclista durante apagón y cayó al río’ o “Chico cae al río con su bicicleta y se ahoga’ o “Conducía borracho su bicicleta, cayó al río y se ahogó’, entre otros. En el otoño del 2016, una mujer de 38 años, dejó una nota suicida en su departamento de DeWitt, Nueva york, no lejos de Siracusa. La mujer, enseguida, se fue con su bicicleta a un parque cercano, en donde se esposó al cuadro de su bicicleta de montaña y se dejó caer en un lago. Su cuerpo, todavía sujeto a la bicicleta, fue hallado una semana después”.

Ahí están todas esas bicis, mudos testigos de los que se deshicieron de ellas por tirarlas, porque las habían robado y no querían ser descubiertos, por los que cayeron accidentalmente junto con ellas o, como en el caso de la mujer, las usaron para suicidarse.

Pero esos nobles vehículos, que no emiten emisiones contaminantes, pues la fuerza del pedaleo humano las mueve, no tienen la culpa, no se les debe de juzgar. Una bicicleta, puede durar hasta años, con un buen mantenimiento. En mi caso, tengo bicicletas de más de sesenta años, que he restaurado muy bien y siguen funcionando perfectamente.

Muchas de ellas, como señalé antes, simplemente vándalos las han arrojado allí, sin otra finalidad que la de hacer daño, sin razón alguna, sólo por hacerlo, para que la gente se dé cuenta de que allí están esos delincuentes, cuyo crimen es destruir, sin obtener beneficio alguno, más que su satisfacción de dañar. Son, por ejemplo, los que destruyen asientos en el transporte público o los rayan con plumones o marcan con navajas los vidrios. Son personas con serios complejos de inferioridad, que así los desquitan, dañando a objetos materiales, incapaces de defenderse. Como las mencionadas bicicletas robadas, a las que despojan de algunas de sus piezas, antes de tirarlas a los ríos o “que cuelgan de puentes, de semáforos o de ramas de árboles, como si fueran pterodáctilos anidando”, hace la analogía Rosen.

Menciona a la gente que hasta sube videos que captan la acción de arrojar una bicicleta a un río, como la de un chico que lo hizo contra otro, arrojando la bici de éste, sólo por vengarse.

En los canales de Ámsterdam, una ciudad en donde hay más de dos millones de bicicletas, el más empleado vehículo en esa urbe, hay particulares que “pescan” bicicletas. Cada año, extraen unas 15,000 de los Canals que cruzan la ciudad y las venden a centros de chatarra, en donde las muelen y las venden, a su vez, a fundidoras. “Muchas de ellas, las de aluminio, terminan convertidas en latas de cervezas”, dice Rosen.

Históricamente, también el arrojar bicis a ríos, ha sido por motivos de desquites, como escribe el autor Pete Jordan en su “encantador libro sobre Ámsterdam y los ciclistas, pues en los 1930’s, los comunistas se vengaban de los fascistas, arrojando las bicis de éstos a los distintos canales. O durante la ocupación alemana de Holanda, la Resistencia aconsejaba a los ciudadanos de Ámsterdam, tirar sus bicis a los canales, con tal de que los nazis no se las confiscaran y las usaran ellos”.

Y también, en esa ciudad, con tanta bicicleta, cuando una se descompone, “es más fácil deshacerse de ella, tirándola a alguno de los 48 kilómetros de longitud que ocupan los canales”.

En Tokio, cuando una laguna se drenó para deshacerse de un pez invasivo, salieron a relucir cientos de bicicletas en el fondo, una situación hasta entonces desconocida. “Las autoridades de la ciudad, se preguntaron si así estarían los demás cuerpos de agua de la ciudad”.

Y lo mismo sucede en el río Sena, en el Tíber, de Italia, en Melbourne, Hong Kong, San Francisco. En Inglaterra, en sus ríos Támesis, Cam, Avon y Tyne. “Se tomó un video bajo las aguas, que reveló a peces y algas, conviviendo entre cientos de bicicletas”.

En China, también es un grave problema, pues las bicicletas que se rentan, “son vandalizadas, quemadas, robadas de sus partes y otras ‘monstruosidades’ cometidas contra esos pobres vehículos”.

Se suponía que los esquemas de renta de bicicletas, impulsarían su empleo. Incluso, se colocan sistemas de GPS, para ver las rutas más empleadas y planear más bicis en esos sitios. “Varias empresas chinas, invirtieron más de 1,000 millones de dólares en cientos de miles de bicicletas. No sólo eso, sino que hasta violaban algunas leyes urbanas. Fueron requisadas por miles y yacen en sitios que son llamados ‘cementerios de bicicletas’, en donde yacen apiladas, muchas, nuevas”.

Muestra Rosen una foto en donde está uno de esos tiraderos chinos. Las amontonadas bicis, son una dramática escena de la sociedad del desperdicio y de la sobreproducción que caracterizan a esta infame era, la del antropoceno. Si tantos miles de bicis apiladas, hubieran sido realmente necesarias, no estarían oxidándose allí, vanamente, en espera de que algunos las empleen de nuevo.

Y es una escena que se repite con varios millones de objetos desechados, la mayoría, por simples fallas debidas a la obsolescencia programada, el infame truco capitalista para que las cosas se descompongan pronto (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.com/2011/10/la-obsolescencia-programada-el.html).

Autos, electrodomésticos, pantallas de TV, computadoras, celulares… yacen apilados, oxidándose. ¡Estanos convirtiendo al noble planeta, en un gigantesco basurero!

También menciona Rosen que los scooters eléctricos y las bicicletas eléctricas, han hecho su aparición. “En China, hay unos 300 millones de bicicletas eléctricas, muchas, rentadas por empresas especializadas. Pero el vandalismo, opuesto a esos sistemas de bicicletas compartidas, ha hecho que muchos de esos negocios, hayan cerrado, por los constantes ataques. Uno reciente, dejó inservibles a 50 de tales vehículos al mismo tiempo”.

Disponer de la chatarra que generan las bicicletas desechadas, no es fácil. “Un negocio de desperdicios en Nueva York, fue multado con $85,000 dólares, por haber arrojado al canal metal molido”.

La misma autora dice que una bicicleta puede “hasta ser olvidada, cada que uno se muda. He tenido unas veinte bicis y no recuerdo bien el destino de ninguna, excepto la que uso actualmente”.

Dice que porque son “baratas”. Claro, en Estados unidos o Europa, puede que así sea, pero en países como México o de África o de Latinoamérica, no lo son y, por eso, como señalé, bicicletas de muchos años, todavía son empleadas.

“De todos modos, todas esas bicis, tienen una segunda vida, ya sea que algunas, las menos, sean restauradas o que se fundan y se empleen para hacer latas de cervezas o barras de construcción para edificios, para hacer autos, aviones o para reasfaltar caminos. Muchos ciclistas, rodarán por esos rescatados ‘huesos’ de viejas bicicletas”.

Y si, realmente, todas se reciclaran, sería lo ideal. Desgraciadamente, muchas de las que se desechen, estarán apiladas por décadas, oxidándose, hasta que se conviertan en polvo que sea desplazado y vaya a dar a nuestros contaminados pulmones.

Así, como el destructivo capitalismo salvaje está convirtiendo en polvo a este, todavía pletórico de vida, planeta.

Contacto: studillac@hotmail.com      

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