Inicio Análisis y Perspectivas ¡¡ARRODILLADOS Y CON DISONANCIA COGNITIVA!!

¡¡ARRODILLADOS Y CON DISONANCIA COGNITIVA!!

142
0

por Franco Machiavelo

Se autodenominan izquierda, se visten con palabras heredadas de luchas ajenas y aún pronuncian, con cierta nostalgia impostada, conceptos como pueblo, justicia social o derechos. Pero en la práctica piensan, hablan y actúan como administradores obedientes del neoliberalismo y voceros menores del imperialismo. No es una contradicción accidental: es disonancia cognitiva convertida en método político.
Estos pseudoizquierdistas han hecho del acomodo una ideología. Defienden privatizaciones “responsables”, extractivismo “verde”, tratados de libre comercio “inevitables” y sumisiones geopolíticas “realistas”. Cuando el capital manda, obedecen; cuando el imperio presiona, justifican; cuando el pueblo protesta, sermonean. Luego, para calmar su conciencia, ejecutan una gimnasia verbal interminable: volteretas retóricas, tecnicismos vacíos y moralinas contra su propia clase social.
Su argumento central siempre es el mismo: no hay alternativa. Esa frase —aparentemente racional— es en realidad la rendición total del pensamiento crítico. Con ella legitiman el saqueo, normalizan la desigualdad y criminalizan la resistencia popular. Se colocan por encima del pueblo, lo infantilizan, lo culpan de su propia miseria y lo acusan de no “entender la complejidad del mundo moderno”.
Aquí la disonancia cognitiva cumple su función histórica:
permite defender un sistema que oprime, mientras se conserva una identidad “progresista” para consumo personal. Es el autoengaño elevado a discurso público. Para no reconocerse como aliados del poder económico, atacan a quienes aún se atreven a cuestionarlo. El traidor siempre necesita desacreditar al que resiste.
Han reemplazado la lucha de clases por la gestión de indicadores, la soberanía por la subordinación diplomática y la solidaridad por el cálculo electoral. Hablan de derechos humanos con selectividad quirúrgica y denuncian autoritarismos lejanos mientras callan —o aplauden— la violencia estructural que padecen sus propios pueblos.
No es ignorancia. Es elección.
No es ingenuidad. Es conveniencia.
Arrodillados ante el capital y atrapados en su disonancia cognitiva, necesitan justificar cada renuncia atacando la memoria histórica, ridiculizando la dignidad popular y despreciando a la clase social de la que provienen —y a la que ya no quieren pertenecer—.
Porque enfrentar la verdad sería más doloroso que seguir mintiéndose. 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.