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A 153 años de la Comuna de París. Democracia comunal y soberanía popular: ¡siempre de actualidad!

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POLITICA

En Chile habrá elecciones municipales en octubre próximo, funciones que Juan Pablo Cárdenas describe como «un buen negocio». Razón eminente que nos lleva a evocar La Comuna. Si vas al Cementerio del Père Lachaise, en París, donde reposan tantas celebridades, en el ángulo sureste, en la división 76, encontrarás el Muro de los Federados, ante el cual 147 combatientes de la Comuna fueron fusilados por el ejército versallés, al término de la Semana Sangrienta en mayo 1871. Desde entonces simboliza la lucha por la libertad, la nación y los ideales de los Comuneros.
Viva la Comuna
A 153 años de la Comuna de París
Democracia comunal y soberanía popular: ¡siempre de actualidad!

Por Florence Gauthier – Historiadora, Universidad de París 7-Diderot (traducción de Tlaxcala)

Coloquio Guillemin, Comuna de París, nov. 2016

Publicado en H. Guillemin et la Commune. Le moment du peuple?, Utovie, 2017

Henri Guillemin se interesó mucho por la Comuna de 1871, y le consagró primero numerosos trabajos de acercamiento, para mejor entender el contexto, en torno al Segundo Imperio y de esta Curiosa Guerra de 1870, que le intrigó sobremanera y en la cual volvió a encontrar la alta traición de las clases dominantes.

Guillemin contó la historia de la Comuna de 1871 en una serie de conferencias y, siempre en busca de las luchas libradas por los oprimidos, sintiendo la necesidad de arrojar luz sobre lo que él llama «la dictadura de las gentes honestas», de la «gente como se debe», de las «gentes de bien», para retomar las expresiones con las que ellos mismos se adornaban hasta hace poco, cuando el término «élites» las sustituyó.

Deseo agradecerle a la Asociación de Amigos de Henri Guillemin por invitarnos a releerlo y a compartir su gusto por la justicia y la fraternidad con los oprimidos.

Mi contribución constará de tres partes: empezaré recordando la institución democrática y popular por excelencia que fue la Comuna de París, con la elección de representantes revocables por el electorado, luego lo que de ella impresionó tanto a uno de sus contemporáneos, Karl Marx.
Por último, evocaré rapidamente el ejemplo de la Comuna de Shanghái, que se interesó en la Comuna de 1871 en la China de la Revolución Cultural Proletaria de 1966-1971.
Comite Central
I. La elección de la Comuna el 26 de marzo de 1871

El fracaso militar del Segundo Imperio en Sedán provocó la insurrección en París y la proclamación de la Tercera República el 4 de septiembre de 1870.
Sin embargo, el nuevo gobierno capituló el 26 de enero de 1871 y París fue sitiada por el ejército prusiano. El gobierno de Thiers huyó a Versalles y el 18 de marzo, al llamado de la Guardia Nacional de la ciudad, el pueblo de París se sublevó.

Pocos días después, la Guardia Nacional, que no pretendía ejercer el poder, decidió organizar las elecciones de la Comuna de París, que tuvieron lugar el 26 de marzo de 18713.

El Llamado a los electores parisinos, fechado del día anterior, 25 de marzo de 1871, y redactado por el Comité Central de la Guardia Nacional, pone de relieve la cuestión crucial del sistema electoral, precisando la naturaleza de las relaciones entre electores y elegidos.

REPÚBLICA FRANCESA
Libertad – Igualdad – Fraternidad
COMITÉ CENTRAL
ELECCIONES A LA COMUNA
CIUDADANOS,

Nuestra misión ha terminado; vamos a ceder el lugar en vuestro Ayuntamiento a vuestros nuevos representantes electos, a vuestros mandatarios electos.
Ayudados por vuestro patriotismo y dedicación, pudimos llevar a buen término la difícil labor emprendida en vuestro nombre. Gracias por vuestra perseverante ayuda: la solidaridad ya no es una palabra vacía: la salvación de la República está asegurada.

Si nuestro consejo puede tener algún peso en vuestras resoluciones, permitid que vuestros más celosos servidores os hagan saber, antes de la votación, lo que esperáis de la votación de hoy.

CIUDADANOS,
No perdáis de vista que los hombres que mejor os servirán son los que elejiréis de entre vosotros, viviendo vuestras propias vidas, sufriendo los mismos males.
Desconfíad tanto de los ambiciosos como de los arribistas; a ellos sólo les inquieta su propio interés y siempre acaban considerándose imprescindibles.
Desconfiad también de los fanfarrones, incapaces de pasar a la acción; sacrificarán todo a un discurso, a un efecto oratorio o una palabra ocurrente. Evitad también a aquellos a quienes la fortuna ha favorecido demasiado, porque rara vez quien posee una fortuna está dispuesto a mirar al trabajador como a un hermano.
Por último, buscad hombres de convicciones sinceras, hombres del pueblo, resueltos y activos, con un sentido recto y una honestidad reconocida. Dad preferencia a quienes no buscarán vuestros sufragios; el verdadero mérito es modesto y cabe a los electores reconocer a sus hombres, y no a estos a presentarse.
Estamos convencidos de que, si tenéis cuenta de estas observaciones, habréis inaugurado por fin la verdadera representación popular, habréis encontrado mandatarios que nunca se considerarán como vuestros amos.Hôtel-de-Ville, 25 de marzo de 1871 – El Comité Central de la Guardia Nacional :
AVOINE fils, Ant. ARNAUD, ASSI, ANBIGNOUX, BOUIT, Jules BERGERET, BABICK, BAROUD, BILLIORAY, L. BOURSIER, BLANCHET, CASTIONI, CHOUTEAU, C.DUPONT, FABRE, FERRAT, FLEURY, FOUGERET, C. GAUDIER, GOUHIER, H. GERESME, GRELIER, GROLARD, JOSSELIN, Fr. JOURDE, LAVALETTE, HENRY (Fortuné), MALJOURNAL, Edouard MOREAU, MORTIER, PRUDHOMME, ROUSSEAU, RANVIER, VARLIN.


El sistema electoral es, aquí, el del mandatario, del agente de confianza, revocable por los electores y responsable ante ellos. La idea de este sistema es que el elegido está al servicio de los electores.

No se trata de buscar «estrellas mediáticas», como se empeñan en producir nuestros sistemas actuales, sino personas capaces de prestar este servicio público por excelencia y de asumir la pesada responsabilidad que les incumbirá. Los electores tienen -por consiguiente- todo interés en encontrar personas de confiar, que conocen y con las cuales hablarán del mandato que les confían y de su servicio a venir.

Este sistema electoral afirma el principio según el cual son los electores quienes escogen a sus mandatarios, y no éstos últimos los que presentan sus candidaturas para hacerse elegir. El objetivo es constituir una «representación popular» con «mandatarios» controlados por los electores, y elegir «servidores» del pueblo en lugar de «amos».

De lo que se trata es pues de una relación de confianza: si el mandatario traiciona la voluntad general, la voluntad del electorado, simplemente será revocado y sustituido por un nuevo mandatario confiable.

El proyecto de la Guardia Nacional del 25 de marzo de 1871 consistía en elegir los miembros del futuro Consejo Municipal de la Comuna de París, con la esperanza de que el movimiento siguiera en toda la República, y que pronto se eligiera la Cámara de mandatarios revocables a la escala de todo el país.El Comité Central de la Guardia Nacional de París publicó también, el mismo 25 de marzo, sus Recomendaciones, en las que expuso el proyecto general a escala nacional esta vez, de las que extraigo el siguiente pasaje:

«Ciudadanos,
Estáis llamados a elegir vuestra asamblea comunal (…)

Conforme al derecho republicano os convocáis vosotros mismos, por medio de vuestro comité, para darle a los hombres que vosotros mismos habréis elegido un mandato que vosotros mismos habréis definido (…)

Aprovechad esta hora preciosa, única tal vez, para recuperar las libertades comunales de las que disfrutan en otros lugares los villorrios más humildes y de las que habéis estado privados durante tanto tiempo.

Dotando vuestra ciudad de una fuerte organización comunal, estaréis sentando los cimientos de vuestro derecho, base indestructible de vuestras instituciones republicanas.

El derecho de la ciudad es tan imprescriptible como el de la nación; la ciudad debe tener, como la nación, su asamblea, que se llama indistintamente asamblea municipal o comunal, o comuna (…)

Esta asamblea funda el verdadero orden, el único duradero, basándolo en el consentimiento frecuentemente renovado de una mayoría frecuentemente consultada, y suprime todas las causas de conflicto, guerra civil y revolución, suprimiendo todo antagonismo contra la opinión política de París y el poder ejecutivo central.

Salvaguarda a la vez el derecho de la ciudad y el derecho de la nación, el de la capital y el de la provincia (…)

Por último, dota a la ciudad de una milicia nacional (…) en lugar de un ejército permanente (…)

Ciudadanos, querréis conquistarle a París la gloria de haber puesto la primera piedra del nuevo edificio social, de haber sido los primeros en elegir su comuna republicana.

Como se ve, el proyecto era constituir una república democrática y social a partir de la organización de las comunas en todo el país, células de base de la vida social, económica y política, federadas entre ellas en una Asamblea Nacional Legislativa, cuyos mandatarios serían también agentes de confianza, responsables ante sus electores.

Este sistema electoral está vinculado a una concepción de la política fundada en el principio de la soberanía popular efectiva, y no sólo declarada.

Esta concepción de la política busca establecer una forma de gobierno por el pueblo y para el pueblo. Y así llegamos al corazón de la política, que resumo en cuatro cuestiones:¿Cuál es el objetivo de la sociedad? ¿Quién toma la decisión? ¿Quién es el soberano y dónde está? ¿Debe el Estado estar separado de la sociedad?

El objetivo de la sociedad es establecer una forma de gobierno por el pueblo y para el pueblo. Los medios son el debate público más amplio posible y, sobre todo, el control de los elegidos por el electorado, con el fin de constituir una «verdadera representación popular». Y el objetivo que precisan las Recomendaciones, buscando anticipar las causas de «conflictos, de la guerra civil y de la revolución», es establecer un estado de paz mediante esta política democrática, que busca asociar efectivamente el pueblo a la toma de decisiones y eso de manera constante y no sólo mientras duren las elecciones.

¿Quién toma la decisión en política? Es la cuestion crucial de la política, puesto que se trata de decidir. Es el soberano quien toma la decisión, ¿y qué decisión? La de la formación de la ley a la que la sociedad debe dar su consentimiento.

¿Quién es el soberano? La Comuna afirma que es el pueblo, es decir, el conjunto de los ciudadanos reunidos para tomar decisiones, ya sea directamente, como hicieron al sublevarse el 18 de marzo, ya sea al empezar a constituir su sociedad política eligiendo a sus mandatarios en la Comuna de París, luego a nivel nacional, pero también instituyendo el control de los electores mediante consultas frecuentes, que les permiten expresar su consentimiento a las leyes y su confianza en sus mandatarios. Se comprende que el poder de decidir, es decir, el poder legislativo, no está reservado a la asamblea de diputados, como en ciertas constituciones, sino que incluye al electorado que elige y controla a sus representantes elegidos.

¿Dónde se encuentra el soberano? El lugar por excelencia del ejercicio de la soberanía popular es la comuna: ¿por qué? Porque es allí donde vive la gente, donde se celebran las asambleas generales de los habitantes y las asambleas electorales.Las Recomendaciones del Comité Central de la Guardia Nacional revelan que sus redactores conocían bien las instituciones y las prácticas populares heredadas de la Edad Media: las libertades comunales, las bien nombradas.En 1871, ¡los Guardias Nacionales sabían que los pueblos más humildes de Francia seguían practicándolas!

Este testimonio es interesante porque nos enseña que esas instituciones democráticas comunales, con su sistema electoral de asamblea general comunal, que elige a sus agentes de confianza, revocables en caso de no respeto de la misión que les fue confiada, pertenecían ciertamente a la cultura popular, así como a la experiencia revolucionaria de 1789-1794.

Y, naturalmente, el Comité Central convocó a elecciones de la Comuna de París, apoyándose en la cultura y las prácticas populares, puesto que se trata de constituir, nuevamente, una República democrática y social con una soberanía popular efectiva.

Última pregunta: ¿está el Estado separado de la sociedad? No, en lo que respecta al poder legislativo, como acabamos de recordar. En cuanto al poder ejecutivo, está formado por delegados de las comisiones de la Comuna, que preparan los proyectos de ley sobre las distintas cuestiones a resolver. Estos delegados forman la Comisión Ejecutiva, cabeza del ejecutivo de la Comuna de París.La idea es la siguiente: el poder ejecutivo está estrechamente sometido al doble control del legislativo, formado por los representantes elegidos de la Comuna y el electorado. ¿Por qué? El poder ejecutivo es peligroso cuando escapa al control del legislativo, porque entonces puede interpretar las leyes y violar las decisiones legislativas. Por ejemplo, muchos casos de corrupción, grande o pequeña, pasan por este tipo de falta de control de la aplicación de las leyes… La solución consiste en poner al ejecutivo bajo el control del legislativo, pero no en abolirlo, ¡porque la aplicación de la ley es necesaria!Si comparamos con nuestro sistema actual, el artículo 3 de nuestra Constitución enuncia claramente que: «La soberanía nacional pertenece al pueblo, que la ejerce por medio de sus representantes y mediante referéndum.

Como se ve, la referencia al soberano recae en el sistema electoral. Pero este no tiene nada que ver con el de la Comuna. Nosotros somos convocados en fechas muy precisas, el tiempo justo para elegir a nuestros representantes, que no son mandatarios revocables.

Tampoco son los electores quienes los eligen. Son presentados por el sistema de partidos políticos, que interfiere entre electores y representantes. Resultado, los candidatos no son escogidos por los electores, sino por los partidos; no son los mandatarios de los electores sino de su partido, y son entonces los elegidos de los partidos quienes tomarán las decisiones soberanas, es decir, la formación de las leyes…¿Dónde está el soberano en nuestro sistema actual? Ya no es el pueblo quien es soberano: si lo es sobre el papel de la Constitución, el sistema electoral organizado por los partidos políticos se lo impide. Así es que en nuestro sistema la transferencia de la soberanía se efectúa del pueblo a los elegidos, y así es como nuestros elegidos se convierten en nuestros amos.

Hay teorías políticas que separan el Estado de la sociedad. La nuestra, por ejemplo, en la cual el Estado es autónomo de la sociedad, salvo en algunos breves momentos que son los de las elecciones. Una vez celebradas, el Estado es separado de los ciudadanos y de la sociedad. Los electores no disponen de otro recurso para hacerse escuchar sino las peticiones, la manifestación, las huelgas, los recursos judiciales y otros medios sumamente complicados…

En el espíritu de la Comuna, el ejercicio de los poderes públicos está bajo el control muy real de los electores gracias a la institución del “commis de confiance”, ese mandatario revocable apenas pierde la confianza de su electores.

Aquí, lo que el sistema actual llama el Estado, la Comuna lo entiende por el ejercicio de los poderes públicos no separado del control activo de la sociedad. Y eso puede hacer posible lo que el Comité Central de la Guardia Nacional desea realizar:

«Esta asamblea funda el verdadero orden, el único duradero, apoyándolo en el consentimiento frecuentemente renovado de una mayoría consultada a menudo, y suprime todas las causas de conflicto, de guerra civil y de revolución.

«El objetivo es el de establecer la paz civil constituyendo poderes públicos controlados por los electores: se regresa entonces a la definición misma de la política, que tiene por función establecer la paz civil buscando soluciones políticas, y por tanto pacíficas, a los conflictos, mediante el debate y el consentimiento y que, por supuesto, reconoce la primacía del poder legislativo.

Pero cuando el Estado hace la guerra a la sociedad, la política ha desaparecido y es entonces el inicio de la instauración de un estado de guerra.
Florence Gauthier Actualidad Comuna ES
II. El espíritu de la Comuna fascinó a Karl Marx

Él buscó comprender el espíritu de su constitución y lo comparó con la de 1793, en su persistencia en darle la primacía al legislativo sobre el ejecutivo y la participación de los electores en la formación de la ley mediante el control de los mandatarios revocables.

Marx ya había desarrollado estos temas en Crítica de la filosofía del derecho hegeliano, que escribió probablemente en 1843, texto que quedó inconcluso y fue publicado póstumamente en 1879.

Allí, Marx trata la constitución y desarrolla su crítica a las teorías del Estado separado de la sociedad, en las cuales el ejercicio de los poderes políticos se constituye al margen del control de la sociedad y en oposición a ella: es esta separación la que Marx califica de despótica.

Marx vio en la experiencia de la Comuna de 1871 la entrada de la sociedad, de ser posible de toda la sociedad, en el poder legislativo. El poder legislativo es la expresión misma de la conciencia social. Y cuando la sociedad en su conjunto entre en el control del poder legislativo, creará un real estado de democracia.

Por tanto, el poder legislativo debe imponerse al ejecutivo, siempre peligroso dado que tiene la posibilidad de interpretar las leyes impunemente y actuar en secreto, sin publicidad ni debates.

Marx también subrayó que la constitución de la Comuna le permitió a los servicios llamados públicos serlo realmente:

«Los servicios públicos cesaron de ser la propiedad privada de criaturas del gobierno central (precedente). No sólo la administración municipal, sino toda la iniciativa ejercida hasta entonces por el Estado fue repuesta en manos de la Comuna.

«Esto ilustra sobre el uso de los servicios públicos, pero también sobre una descentralización verdaderamente democrática, porque es comunal.Y así fue como la Comuna derrocó al viejo poder estatal moderno, que Marx califica de tiránico, de parásito que asfixia a la sociedad, y lo remplazó por una «Constitución comunal» que debía organizar «la unidad de la nación» en una asamblea nacional formada por «delegados revocables en todo momento y obligados por el mandato imperativo de sus electores»11 . Marx concluyó que la Comuna «le proporcionó a la república la base de instituciones realmente democráticas».

En su primer ensayo de redacción, Marx desarrolla la cuestión del Estado moderno que era el Segundo Imperio en Francia, como ejemplo de «un Estado separado de la sociedad e independiente de ella» que, «por usurpación», se convirtió en «el amo de la sociedad en lugar de su servidor».

Para él, la Comuna:

«Fue una revolución contra el propio Estado, esa rata aborto sobrenatural de la sociedad; fue la recuperación por el pueblo y para el pueblo de su propia vida social. No fue una revolución hecha para transferir el poder de una fracción de las clases dominantes a otra, sino una revolución para romper el horrible aparato mismo de la dominación de clase».Marx concluye: «Cualquiera que sea su destino (de la Comuna) en París, le dará la vuelta al mundo.»
Mural ComunaMural sobre el tema de la Comuna de París, rue de la Ferme Savy (donde se situaron las últimas barricadas), al fondo del parque de Belleville en París, realizado con motivo del 150 aniversario de la Comuna por el artista Question Mark (proyecto de l@s Amig@s de la Comuna)
En su libro sobre El imaginario de la Comuna, Kristin Ross1 ofrece un estudio de las corrientes que se nutrieron de la Comuna y son independientes de «la historia oficial dictada por el comunismo de Estado», así como de la Tercera República. Y podemos añadir, de todas las historias oficiales…El recuerdo de un acontecimiento es una cosa», precisa Kristin Ross, «pero se distingue del movimiento que encuentra sus fuentes en él y produce acciones y un pensamiento creativos». Se trata, añade, de una prolongación, de una nueva vida que integra al acontecimiento de la Comuna de París. Y es cierto: este inmenso soplo de libertad que libera la breve experiencia de la Comuna, el heroico sacrificio de los Comuneros y su resistencia, han desde entonces despertado ese poderoso rechazo de lo inhumano que ni siquiera la amenaza de muerte puede hacer retroceder:
«¡Vivir libre o morir! Tal es su consigna…

Marx lo había sentido. Varios investigadores notaron que la experiencia de la Comuna había tenido incidencias en la evolución de su pensamiento. En efecto, retomó la cuestión eminentemente política de las relaciones entre Estado y sociedad, como acabo de indicar. K. Ross insiste en el hecho de que, en 1872, Marx y Engels redactaron un nuevo prefacio3 al Manifiesto comunista, incorporando lo que les había revelado la Comuna, «que, durante dos meses, puso por primera vez el poder político en manos del proletariado4 «. Ya no se trataba de apoderarse del aparato del viejo Estado y hacerlo funcionar para ellos, sino, como vimos más arriba, de sustituirlo por esta «Constitución comunal» formada por mandatarios revocables.

Marx se interesó también en profundizar la cuestión de la propiedad comunal del suelo y las prácticas de las comunidades aldeanas en Rusia: fue su encuentro con Elisabeth Dmitrieff, una joven rusa, que entró en contacto con él en Londres a través de la Internacional, poco antes de la Comuna, y que le habló del movimiento populista, de los anarquistas rusos y de sus vínculos con la comuna campesina rusa. Elisabeth Dmitrieff participó en la Comuna de París y fundó la Unión de Mujeres. Un poco más tarde, Marx mantendría correspondencia con Vera Zasúlich, amiga de Kropotkin, sobre las posibles vías para construir una sociedad socialista que difería de lo que él había pensado hasta entonces, privilegiando (la noción de) el «progreso» del capitalismo.
Comuna revisadoLa Comuna de Shanghái
III “Le dará la vuelta al mundo”

Por último, quisiera recordar, aunque sea brevemente porque se trata de un gran trozo de historia, el gran «soplo de libertad» que sintió la Revolución China con la experiencia de la Comuna de París.

En 1959, Mao Zedong había renunciado a la presidencia de la República China: entonces era muy criticado en el Partido Comunista Chino por su política del Gran Salto Adelante, y fueron los partidarios de una corriente economicista quienes tomaron el poder en el seno de este partido único instalado, desde la Revolución, según el modelo de la Unión Soviética.

En 1966, Mao Zedong lanzó la Revolución Cultural Proletaria contra esa corriente economicista. Se apoyó en el Ejército chino y en su líder Lin Piao, y respaldó la creación de Guardias Rojos, procedentes principalmente de las universidades.

El objetivo de Mao no era derrocar al partido único, sino cambiar la política del partido renovando su miembros: esperaba formar una triple unión apoyándose en las organizaciones de masas, que entonces existían en todos los sectores de la sociedad, en el Ejército y en la renovación de los cuadros del partido reclutando a una nueva generación.

Así, fue lanzada en China una gran campaña para la instrucción popular, para dar a conocer la Comuna de París, utilizando los textos de Marx sobre el tema.

Pero desde sus inicios la Revolución Cultural, dirigida por los llamados «rebeldes», encontró la resistencia de los cuadros del Partido, calificados de «conservadores». El ejército también se resistió, a pesar de que su máximo jefe, Lin Piao, era uno de los líderes rebeldes, junto a Mao.

En la enorme ciudad de Shanghái, las luchas fueron encarnizadas, pero ofrecieron experiencias particularmente ricas, con la union de estudiantes, campesinos y obreros unidos para, no sólo mejorar la producción y las condiciones de trabajo, sino también para ayudarse mutuamente a comprender las cuestiones culturales y políticas.

Se abrió una vasta campaña en todo el país para realizar los Cuatro Grandes Derechos, lanzados por Zhou Enlai en 1967, y que la Revolución Cultural se proponía que se reconocieran: osar expresarse, osar hablar francamente, osar abrir debates y expresarse libremente mediante carteles. Comenzaba un vasto movimiento en favor de la libertad de pensamiento y de expresión.

En enero de 1967, los rebeldes crearon la Comuna de Shanghái. Se formaron numerosas organizaciones de masas bajo el nombre de Comuna en las universidades, las fábricas, en todas partes, sustituyendo o duplicando a las antiguas organizaciones. Sus representantes elegidos eran mandatarios revocables «de acuerdo con los principios de la Comuna de París» y su antiguo título de «Jefe» fue remplazado por el de «servidor del pueblo».

Sangrientas batallas tuvieron lugar entre rebeldes y conservadores, y un pequeño número de rebeldes criticó la existencia misma del partido único en el poder.

Esta situación se prolongó en la mayor parte del país, provocando en ocasiones graves disturbios, hasta que Zhou Enlai asumió el poder en 1969, calmando los ánimos. El Partido Comunista reconoció a Lin Piao como sucesor de Mao. Mao y Zhou Enlai trabajaron para restablecer el predominio del Partido. Lin Piao fue abandonado, intentó huir y murió en un accidente de avión en 1971.

Luego, cuando Zhou Enlai y Mao murieron en 1976, el Partido restauró la corriente conservadora con Deng Xiaoping, reprimió a los rebeldes y llevó a cabo una contrarrevolución.

La Banda de los Cuatro, nombre dado a cuatro líderes de la Revolución Cultural en Shanghái, intentó resistir, pero fueron reprimidos y juzgados. La contrarrevolución se impuso.

Se han dado diversas interpretaciones a estos acontecimientos y, hoy en día, en China, existe un renovado interés por ellos. Y aunque los medios, los objetivos y el contexto de la Comuna de París y los de la Revolución Cultural Proletaria diferían en muchos aspectos, es notable constatar que el espíritu de la Comuna de París, con su Constitución Comunal, dejó un deseo infinito de volver a ella.
Comuna un sueno¡Realizaremos el sueño de La Comuna!
Las obras de Henri Guillemin en francés están publicadas por Utovie: https://www.utovie.com/categorie-produit/henri-guillemin/
Sus dos únicos libros traducidos al español son Napoleón tal cual (Plaza & Janés, 1978) y ¡Los pobres, a callar!, libelo, traducción de Juan Vivanco (Grijalbo , 1997)

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