Ayer falleció en la comuna de San Joaquín, a sus 91 años, América Sagredo Sagredo (1934-2026).
Su nombre de seguro no despertará ninguna impresión, sin embargo, esta mujer sin estridencias, humilde y tranquila, profesora de artes plásticas, era testimonio e historia viva, hija de una experiencia trágica. Su padre, presidente de un Sindicato Agrícola y profesor normalista, no pudo conocerla ni «reconocerla» debido a que tras ser detenido por carabineros, fue torturado, flagelado y fusilado en el puente, siendo su cuerpo arrojado al río; su madre, a quien la prensa fascista apodó «la descuartizadora», la tuvo mientras se encontraba en prisión luego de los brutales sucesos en que el sadismo y la barbarie uniformada asentaron, en julio de 1934 y en plena nevazón, una masacre más en su indigno historial institucional. Sus padres fueron comunistas y se conocieron en Lonquimay, donde fueron protagonistas de lo que la historia conoció como el «Levantamiento de Ranquil» (o «Masacre de…»). Su padre era Juan Leiva Tapia y su madre Clementina Sagredo Uribe (Blanca).
El año pasado, gracias al René, un buen amigo, supe de esta extraordinaria noticia: aunque nadie sabía, Leiva Tapia había tenido una hija, y vivía. Fue así que con el Nico fuimos a conocerla, pero aunque algo tarde, pues su memoria y vitalidad ya estaban reducidas, fuimos recibidos por sus hijas y su nieto, quienes amable y desinteresadamente nos recibieron para tener una larga charla, rememorando la historia, mientras comimos galletitas. Para ellos, va mi abrazo grande en este día.
FOTO: América Sagredo Sagredo durante su primera visita a Loquimay, IX Región, en febrero 2002. Fue a conocer sus raíces y su historia.
Acá su madre Clementina (Blanca), quien se encontraba embarazada de ella durante los sucesos, en la prensa reaccionaria. Decían que ella descuartizaba a los carabineros…
Ayer falleció en la comuna de San Joaquín, a sus 91 años, América Sagredo Sagredo (1934-2026).
Su nombre de seguro no despertará ninguna impresión, sin embargo, esta mujer sin estridencias, humilde y tranquila, profesora de artes plásticas, era testimonio e historia viva, hija de una experiencia trágica. Su padre, presidente de un Sindicato Agrícola y profesor normalista, no pudo conocerla ni «reconocerla» debido a que tras ser detenido por carabineros, fue torturado, flagelado y fusilado en el puente, siendo su cuerpo arrojado al río; su madre, a quien la prensa fascista apodó «la descuartizadora», la tuvo mientras se encontraba en prisión luego de los brutales sucesos en que el sadismo y la barbarie uniformada asentaron, en julio de 1934 y en plena nevazón, una masacre más en su indigno historial institucional. Sus padres fueron comunistas y se conocieron en Lonquimay, donde fueron protagonistas de lo que la historia conoció como el «Levantamiento de Ranquil» (o «Masacre de…»). Su padre era Juan Leiva Tapia y su madre Clementina Sagredo Uribe (Blanca).
El año pasado, gracias al René, un buen amigo, supe de esta extraordinaria noticia: aunque nadie sabía, Leiva Tapia había tenido una hija, y vivía. Fue así que con el Nico fuimos a conocerla, pero aunque algo tarde, pues su memoria y vitalidad ya estaban reducidas, fuimos recibidos por sus hijas y su nieto, quienes amable y desinteresadamente nos recibieron para tener una larga charla, rememorando la historia, mientras comimos galletitas. Para ellos, va mi abrazo grande en este día.
FOTO: América Sagredo Sagredo durante su primera visita a Loquimay, IX Región, en febrero 2002. Fue a conocer sus raíces y su historia.
Acá su madre Clementina (Blanca), quien se encontraba embarazada de ella durante los sucesos, en la prensa reaccionaria. Decían que ella descuartizaba a los carabineros…
Su nombre de seguro no despertará ninguna impresión, sin embargo, esta mujer sin estridencias, humilde y tranquila, profesora de artes plásticas, era testimonio e historia viva, hija de una experiencia trágica. Su padre, presidente de un Sindicato Agrícola y profesor normalista, no pudo conocerla ni «reconocerla» debido a que tras ser detenido por carabineros, fue torturado, flagelado y fusilado en el puente, siendo su cuerpo arrojado al río; su madre, a quien la prensa fascista apodó «la descuartizadora», la tuvo mientras se encontraba en prisión luego de los brutales sucesos en que el sadismo y la barbarie uniformada asentaron, en julio de 1934 y en plena nevazón, una masacre más en su indigno historial institucional. Sus padres fueron comunistas y se conocieron en Lonquimay, donde fueron protagonistas de lo que la historia conoció como el «Levantamiento de Ranquil» (o «Masacre de…»). Su padre era Juan Leiva Tapia y su madre Clementina Sagredo Uribe (Blanca).
El año pasado, gracias al René, un buen amigo, supe de esta extraordinaria noticia: aunque nadie sabía, Leiva Tapia había tenido una hija, y vivía. Fue así que con el Nico fuimos a conocerla, pero aunque algo tarde, pues su memoria y vitalidad ya estaban reducidas, fuimos recibidos por sus hijas y su nieto, quienes amable y desinteresadamente nos recibieron para tener una larga charla, rememorando la historia, mientras comimos galletitas. Para ellos, va mi abrazo grande en este día.
FOTO: América Sagredo Sagredo durante su primera visita a Loquimay, IX Región, en febrero 2002. Fue a conocer sus raíces y su historia.
Acá su madre Clementina (Blanca), quien se encontraba embarazada de ella durante los sucesos, en la prensa reaccionaria. Decían que ella descuartizaba a los carabineros…
Carmen Meneses
Gran mujer América,me consta que en plena dictadura,ella salía a entregar El Siglo.