Ases Falsos ha escrito un pequeño manifiesto contra el voto. Es un ejercicio que debemos agradecer, el de explicar, de dar sentido a un acto que puede parecer informe. Su texto me parece preocupante. En su presunto acto de conciencia, veo el imperio de un sentido común que destruye todo lo que no sea mercado. En su presunta crítica desde fuera del poder, veo no las manos, pero sí el espíritu de las manos sucias que nos ultrajan.
Ases Falsos cree pensar por el borde del sistema, incluso se piensan por fuera, se sienten anarquistas; pero en realidad caminan por el corazón del sistema, son exactamente el espíritu de esta época, son el cinismo neoliberal en todas sus formas. “¿Para qué te vas a molestar en hacer política?” dirán, “si siempre pierdes”, agregarán. Sostienen que puedes reemplazar el diseño del mundo por una sonrisa en la calle. Suena muy hermoso, simple, cotidiano. Lo que no dicen es que, en cada retroceso de la política, otra cosa crece. Y lo que crece hoy no es otra cosa que el mercado.
En nombre de la crítica al dinero comprando la política, en nombre de la honestidad, solo terminan por decir lo que la derecha quiere, lo que Pinochet dijo: que la política es siempre corrupta, que la política no es la solución.
Esta convicción ha penetrado Chile, lo ha destruido. Es la convicción de Eduardo Engel restringiendo aún más el poder de la política sin tocar el poder del dinero. Y ese es el hombre que tuvo en sus manos la solución ante el descalabro de la confianza. No puede ser. Ases Falsos y Eduardo Engel pueden decir lo mismo cuando sostienen lo contrario. Unos denostando la democracia representativa, el otro supuestamente salvándola de su propia crapulencia. Pero a la larga, en ambos casos, dejan en pie el mercado, el poder omnímodo de una época fallida, narcisa, liviana, simplificadora hasta el hartazgo.
Dicen Ases Falsos que la política es un teatro de fantasmas. Por supuesto, la idea misma de representación política se sacó del teatro. ¿Y los fantasmas? Obvio, “la tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” decía Marx. No hay problema con las cosas como son. Lo que importa es usarlas como herramientas para transformar el mundo, no para decidir una noche que harás mañana exactamente lo que sabías que no harías porque era más cómodo: no hacer nada. El cinismo es el espíritu de nuestro tiempo y el cínico narciso es el personaje icónico del teatro en que nos representamos. ¿Quieren ver el cinismo? Se los cito del texto de Ases Falsos: