por Margarita Labarca
¡Qué ocurrencia¡ Alguien tiene 71 años y es un pobre viejito indefenso…
Vaya por dios, ahora que se ha prolongado la vida de la gente, tener 71 años o 91
no es nada. Yo tengo 91 y estoy perfectamente, así que no vayan a mandar a
estos tipos a domicilio.
La justicia en Chile se demoró demasiado, ¿apenas llevan un par de añitos en
prisión y ya se quieren ir para la casa? Pues no, señores, porque muchas de sus
víctimas nunca pudieron volver a sus familias, no llegaron a la treintena ni a la
cuarentena. Eran jovencitos cuando ustedes los mataron después de torturarlos
salvajemente. ¿Alguien los ha torturado a ustedes? ¿Alguien les sacó los ojos con
una cuchara? ¿Los hicieron violar por perros especialmente entrenados? ¿Les
quebraron todos los huesos a martillazos? ¿Violaron a su hija en su presencia?
Claro que no, porque la tortura es algo repugnante, inconcebible para una mente
normal.
Quédense en prisión, ¿no les gusta? Lo hubieran pensado antes. Ustedes no han
mostrado un verdadero arrepentimiento, no han denunciado a quienes los
mandaron, no han dicho dónde están los cadáveres, nada de nada.
Las prisiones no son agradables, lo sé porque he trabajado en México cerca de 20
años en la Comisión Nacional de Derechos Humanos y conozco bien los sistemas
penitenciarios. En el mundo entero los reclusorios son malitos, pero ni modo
como se dice acá.
¿Y saben qué? No les conviene salir porque se arriesgan. Si a mí me hubieran
matado a un hijo, un hermano, un padre o madre, que por suerte no ha sido así,
no me quedaría tranquila y conforme si su torturador y asesino estuviera en
libertad. Trataría de cobrarme venganza y seguramente muchas otras personas
harían lo mismo.
Y si el nuevo presidente los quisiera indultar, díganle que mejor no. Es preferible
estar preso y seguro, que libre, asustado y en peligro.
Vamos, viejujos, ustedes se lo buscaron, no sean cobardes y apechuguen.











