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Por una fuerza política y social como instrumento para transformar las estructuras que nos dirigen

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Jorge Lincoleo R.

ES NUESTRO EL DEBER.

MARCO GENERAL

Chile atraviesa una crisis profunda respecto de su institucionalidad. Esta afirmación no es novedosa, más bien es ampliamente reconocida transversalmente por toda la sociedad; desde las esferas del poder político y económico hasta los segmentos más marginales socialmente de nuestro pueblo.

El quiebre del sistema democrático a causa del golpe de Estado hace ya medio siglo, que más allá de desarticular el tejido político partícipe de la Unidad Popular y social de los adherentes al gobierno Popular del compañero Salvador Allende a través de asesinatos, desapariciones, torturas, exilio, relegaciones y en general la persecución despiadada de todos aquellos quienes nos identificamos partidarios del gobierno
constitucionalmente electo por voto popular; instauró una carta magna -el año 1980- que en lo fundamental impuso un sistema neoliberal en que empresarios de toda naturaleza consta hasta en la actualidad de privilegios que además del ejercicio de la explotación laboral y de las riquezas naturales, gozan de total impunidad respecto de los recursos del Estado y sus instituciones por la que indistintamente transitan
personajes que hacen uso y abuso de sus cuotas de poder en desmedro de todo un país, abriendo aún más las brechas de desigualdad entre entre ricos y pobres.

EL DESPERTAR DEL PUEBLO

Dos hitos importantes, en los últimos 50 años, nos deben instar a la necesaria y profunda reflexión del camino a seguir y con quienes.

El primero, es el extenso y diverso movimiento socio-político organizado en dictadura contra la misma y exigiendo democracia y con ello los derechos esenciales que esta última debiera contener. Un movimiento falto de conducción político partidistas, desafiante y con capacidad de llevar la iniciativa de las movilizaciones que en un poco mas de tres años, logró desestabilizar un régimen que unilateralmente conducía los destinos de nuestro país por la fuerza y con todo a su favor: medios de comunicación, fuerzas coercitivas de militares y civiles y control autoritario de cada territorio no fueron suficientes para contrarrestar las fuerzas populares coordinadas con medios casi arcaicos. En ese marco la oposición al régimen militar no logró “negociar” una salida lo que implicó que Pinochet cumpliera con su itinerario por lo que se dirimió en el plebiscito de 1988, en la cual se logró apartar del sillón de O´Higgins a Pinochet, no así de los enclaves autoritarios. Posterior a ese histórico evento las llamadas fuerzas democráticas, en la cual el movimiento popular anti sistémico otorgó el mandato del poder de sus fuerzas, negociaron absolutamente todo, quedando prisioneros de una institucionalidad de la cual éstas terminaron sirviéndose para el logro de sus propios intereses, lejanos a los del pueblo, que terminaron siendo parte integrante de la casta política en el poder compartiendo privilegios con los co-gobernantes de la dictadura militar, abandonando con ello cualquier indicio de recuperar la dignidad de nuestro pueblo.

El segundo, es la irrupción de organizaciones laborales, vecinales y de amigos y vecinos en el estallido social de Noviembre de 2019, que sorpresivamente altera las agendas políticas tanto oficialistas como opositoras al gobierno de Piñera, obliga a las fuerzas en el poder a suscribir un acuerdo que tendría por objetivo llamar a la elección de una comisión constituyente para someter al veredicto popular un nuevo texto constitucional.

Más allá de las expresiones multifacéticas del movimiento, éste ya no delega representación alguna en el establishment y sus partidos políticos, más bien y en el marco del llamado a plebiscito -que puede interpretarse también como un voto de castigo- no depositan ni delegan la representación en órganos relacionados con la clase política en el poder. Es así como en las dos convenciones ninguna es aceptada por la
mayoría. La diferencia entre una y otra, fueron la artillería del empresariado a través de los medios de comunicación masiva como son los de la televisión abierta.

Coincidentemente, el último plebiscito se caracterizó por la intensidad y voluminosa cantidad de propaganda y veladas amenazas vertidas en ella respecto de la estabilidad tanto social y económica y; de la seguridad de las personas, a la del plebiscito del SI y el NO, ambas con el resultado que oscilo en el 12% a favor de la extrema derecha.

LA HISTORIA NOS INVITA A CAMINAR JUNTO AL PUEBLO.

Si bien la “olla a presión” revienta cuando los niveles de abuso cruzan los límites de la tolerancia por parte de la masa mayoritaria; ésta ha sido engañada y sometida a los designios de las negociaciones de quienes detentan el poder y que como ya es comprobado no representan a la mayoría dentro de la cual están los segmentos más explotados y abusados de nuestra sociedad. Esto es lo que ha pasado desde el momento en
que depositamos la confianza y con ello nuestro destino en la Concertación post-dictadura, incluso considerando la descomposición acelerada de los partidos que la compusieron y junto a ello los denodados esfuerzos por recomponerla usando otros eslogan, discursos y nombres.

El emergente Frente Amplio, en cierta medida, viene a llenar el vacío político de un centro político progresista ante el cual muchos adhieren como una forma de resistencia al sistema pero que no reúne las condiciones para generar los cambios radicales de las estructurales político-económicas y culturales que den cuenta del desalojo del neoliberalismo que nos tiene prisioneros del sistema.

La constante -desde el advenimiento “democrático” post-dictadura-se ha venido sintiendo cada vez con mayor intensidad la ausencia de una fuerza popular, de izquierda transformadora y en la que las grandes mayorías sean protagonistas de su propio destino.

Nuestro país carece de una fuerza política y social como instrumento para generar el movimiento de las masas, tendiente a transformar las estructuras que nos dirigen.

Es nuestro deber histórico al amparo de la unidad y solidaridad crear una fuerza inquebrantable que siente las bases para la construcción de un sistema democrático social y económicamente capaz de darle dignidad a todo el pueblo y para ello que recupere los recursos naturales de esta larga y angosta faja de tierra con toda su riqueza natural: del suelo y subsuelo; de la hidrografía y el mar. Que ponga en el centro al ser humano y su desarrollo integral; poniendo a su haber todos los servicios sociales, la ciencia y la tecnología.

Es un deber para los que tenemos más conciencia y conocimiento en estas y otras materias, poner a disposición del pueblo el mayor y mejor de nuestros esfuerzos para generar las condiciones de transformación.

Jorge Lincoleo R.
03/01/2023

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