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PERU – EN LOS OJOS DEL MUNDO

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Por Gustavo Espinoza M.

Si vemos la primera plana del New York Times –el más influyente diario de occidente- correspondiente al martes pasado; si nos acercamos a los programas de la televisión francesa, o alemana; si miramos lo que ocurrió  recientemente en España –en Madrid y Barcelona- ante las representaciones diplomáticas de nuestro país; si oímos Radio Centenario de Montevideo o la emisora La Boca de Buenos Aires; si captamos la señal televisiva de Telesur, la RFI o RT; si ingresamos al espacio conquistado por los peruanos en Milán; o vemos los plantones en Londres, Paris, Berlín, Quito, San José de Costa Rica o Ciudad de México; o si simplemente vemos la manifestación registrada recientemente en las  calles de Nueva York con carteles de repudio a Dina Boluarte y en solidaridad con el pueblo peruano; podremos darnos cuenta que la causa del Perú es apreciada internacionalmente, y que nuestro país está hoy ante los ojos del mundo

Los acontecimientos registrados en los días más recientes, no han hecho sino confirmar esto: Desde muy distintos confines del planeta, ven a esta antigua tierra de los Incas, con una mezcla de simpatía y terror.

Simpatía por la capacidad de lucha demostrada por nuestro pueblo; por su firmeza, su férrea voluntad, y su entereza, una vez más puestas a prueba; por su empeño en enfrentar la adversidad con una envidiable dosis de valentía.  Y terror por el rostro emergente de una suerte de fascismo criollo que busca aplastar a las grandes mayorías nacionales, para imponer el capricho de una señora arrogante y soberbia  

En Chile se han imaginado que el Perú se bate ante una perversa versión de Pinochet con faldas. En Argentina, deben haber pensado que el general que preside el Congreso, es una suerte de Videla en perspectiva. En México y en Brasil deben haber creído  que López Aliaga y el Congresista Montoya, son la expresión de Peña Gómez y Bolsonaro.

Para los neoyorkinos, lo que ocurre hoy en el Perú debe ser algo así como la secuela de lo que habría sucedido, si Al Capone hubiese alcanzado el Poder en los años treinta del siglo pasado en el país de las barras y estrellas.

En la ONU y en la OEA –y hasta en la Unión Europea- el nombre del Perú ha adquirido otra dimensión. Pero no hay que hacerse ilusiones con los que manejan los altos organismos internacionales. A ellos, no les interesa lo nuestro. Les importa Ucrania y la manera cómo usan su drama para fortalecer a la OTAN y conquistar el mundo, en sueño ridículo.

Muchas cosas podrán ocurrir en el futuro con la señora Boluarte y “los 4 suyos”–Keiko, Williams, Otárola y Montoya que la acompañan-, pero lo que está claro, es que ni ella ni ellos podrán borrar el estigma que les cayó encima cuando resolvieron derramar sangre por las calles y los campos del   Perú.  La sangre -dicen los ingleses- es más densa que el agua. Por eso, no se borra ni de la ley, ni de la memoria de los hombres.    

Pero más allá de esta visión, que no es ciertamente tremendista, está la mirada de quienes se sienten dueños del Poder, en este país de “desconcertadas gentes”. Para ellos, el Perú vive en absoluta calma, salvo cuando ella es interrumpida por “pequeños grupos” de descontentos o desadaptados, manipulados desde una opción terrorista, y empeñados en sembrar el caos y la discordia.

La señora Boluarte dice que “no entiende” por qué protestan los peruanos, ni sabe qué es lo que piden. Quizá para salir de esas dudas, recientemente invitó a los movilizados desde distintas regiones, a visitarla pacíficamente en su transitorio fortín. 

Pareciera, sin embargo, que la dama de los múltiples vestidos, olvidó informar de su deseo a la Guardia Pretoriana que la protege, porque la misma, les cerró todos los accesos. Cuando pudo “conversar” con los manifestantes, estos, no pudieron llegar. Alberto Otárola, el “hombre fuerte” de su régimen, batió palmas. Es él quien califica a los marchantes, y decide quiénes son “terroristas”, y quienes no.  

Para el gobierno, este es un conflicto pequeño, que carece de apoyo ciudadana y por ende, de importancia. Pero sólo en Lima, el 19 de enero, movilizó algo más de 12 mil policías, para “controlarlo”. Y decenas de miles más, tuvieron que operar en el resto del país porque la jornada convocada por la CGTP y la asamblea Nacional de los Pueblos, remeció el país entero. Bien podría hablarse, entonces, de un “Estado Policiaco”, por decir lo menos.    

¿Recuerdan cuando se decretó el Estado de Emergencia” y se dispuso la acción de la Fuerza Armada?. Eso fue cuando el gobierno aseguró que en el país se registraban 52 bloqueos de carreteras, lo que tendría que “terminar de inmediato”. Pero esos bloqueos sumaron 98 luego de la matanza de Juliaca, y más recientemente llegaron a 136.

Antes, se decía que el conflicto se “localizaba”  en el sur del país; hoy sabemos que en el Perú entero.  La “Prensa Grande” arguyó que se trataba de una protesta “en la zona andina” del país. Ahora se sumaron la costa, la sierra y la selva.  Lambayeque, Cusco, Tacna, Tumbes, Pucallpa, Amazonas, Arequipa, Ayacucho, Apurímac, Piura, La Libertad, Loreto, Junín, Huancavelica, Cajamarca, Ica, Puerto Maldonado, San Martín, Puno, Moquegua, Huánuco e incluso Lima. ¡Todo el Perú combatió por la misma causa, y con la misma bandera!.  

¿Recuerdan cuando en el 2000 “los medios” quisieron convencernos que el incendio del Banco del Nación lo hicieron “los vándalos”? . Ahora hacen igualito. La policía cerró la calle y luego vino el incendio. “los vándalos”, otra vez. Como los desterrados de Coblenza, “nada han aprendido, y nada han olvidado”. ¿No hubo muertos en Lima?   Esta vez les dieron la orden: no matar. En Ayacucho y Juliaca,  la orden fue contraria.  

¿Qué más tendrá que pasar para que la señora Dina Boluarte y su cohorte líen maletas y abandonan sus precarias y efímeras posiciones de Poder?  Si alegan victoria, no la tienen. Incluso el Cisne, tiene su último canto 

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