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NIÑEZ EN CHILE, EL ARCOIRIS DE LAS SOMBRAS

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Por Danilo Cantaor

Son las 4 de la tarde de un día jueves cualquiera. Luis tiene 12 años y con mucho trabajo está intentando descifrar los números de un juego que un grupo de personas ha comenzado a realizar en torno a la pavimentada cancha de su población, en el contexto de una actividad en la que participan desde un par de pacos, hasta un grupo de señoras que al parecer tejen todo tipo de cosas.

Luis cursa 4 básico en una escuela que cada vez le parece más distante. Poco recuerda de los juegos con sus compañeros y casi nada de lo que alguna vez intentaron explicarle sus profesoras y profesores. Tiene clases “online” un concepto que hace poco más de un año le parecía tan ajeno como incomprensible.

Pero hoy es diferente, llegaron unas personas con toldos, sillas, mesas plegables y pendones a realizar una actividad que tiene como gran atractivo un montón de regalos que se exhiben sobre una mesa y un juego que Luis poco entiende, porque para él los números son un problema.

Luis tenía poco más de 4 años cuando el presidente Sebastián Piñera, desde el palacio de la moneda y en medio de una actividad donde se hizo rodear por niños y niñas, anunciaba que en su gobierno los niños serían los primeros en la fila.

El anuncio del presidente de la república se complementaba con el llamado a un gran “Acuerdo Nacional por la Infancia”. Este gran acuerdo contemplaba una serie de propuestas y se potenciaba con la unión de todas las fuerzas políticas partidistas, en una ceremonia de iluminación colectiva tan inusual como surrealiasta, cuyo fin último era el de alcanzar el bienestar pleno de los niños y niñas de Chile. Hermoso ¿no?.

Pero volvamos a Luis, quien, a casi 4 años de ese anuncio, ha debido sortear la vicisitudes de un estallido social y una pandemia mundial de dimensiones apocalípticas. Un estallido social que cambió e impactó de diferentes maneras a la sociedad en su conjunto, y a la clase política de manera transversal; y una pandemia que además de provocar muertes y dolor, obligó al cierre de colegios, a la paralización de un sin fin de actividades y desnudó las falencias de un modelo económico, político y social que parecía no tener contrapesos y, bajo el cual, los gobiernos de la amplia gama de colores en el arcoiris de los acuerdos parecieron sentirse cómodos y abrigados. La medida de lo posible como piedra angular de toda decisión “seria”.

Foto principal y esta por Lucho González

“Los Niños Primero” y Luis observa con curiosidad toda la parafernalia instalada en su cancha, cancha sin pasto, adornada por la basura que baila al compás de la brisa, con cuatro montones de piedras que señalan el espacio de los arcos para la pichanga de la tarde. Luis, que sigue sin entender muy bien cómo se buscan los números en el cartón que le entregaron para el juego, números que no comprende. Porque de sus clases “online” de cuarto básico, desde un teléfono que le presta su hermana, internet de datos móviles, que a veces se pega y se cae con frecuencia, no le alcanzó para aprender que el 3 con el 7 forman un número, el número que tiene en la columna de la letra N y que le alcanza para completar un bingo y ganarse una cartón de stickers.

La actividad le ha llamado la atención a él y a un grupo no menor de otros niños y niñas quienes, al igual que nuestro amigo, tienen problemas para encontrar los números en el cartón que les entregaron al acercarse.

¿para qué vamos a terminar con la lógica de las licitaciones? ¿para qué vamos a fortalecer el rol del estado en un tema tan importante como lo son las infancias? ¿Por qué tendríamos que desconfiar del rol y la buena voluntad del sector privado en esta materia? ¿para qué profundizar en el problema?

Se supone que estas actividades están diseñadas para llevar a los territorios vulnerables (eufemismo discutible) un rato de esparcimiento, que además de entretener permita acercar las instituciones a la población (y aquí una vez más el eufemismo) vulnerable.

Pero la gente poco se interesa, la presencia de los dos pacos instalados debajo de un toldo verde genera desconfianza, el uniforme de los funcionarios municipales no convoca y, en general, lo que estas personas han aprendido de estas “intervenciones” es que, en lo concreto, no resuelven nada, “puro sapeo” dicen.

Quedan entonces Luis y sus amigos y amigas, ansiosos y ansiosas de recibir un regalo, esperando que les toque algo de lo que se exhibe sobre la mesa, una pareja de funcionarios hace grandes esfuerzos por parecer simpáticos y otro grupo intenta ayudar a los niños y niñas a encontrar los números en los cartones. Se entregan regalos, colaciones, un par de volantes, se levantan los toldos, se retiran las sillas, los funcionarios suben a sus autos.

Luis, sus amigos y amigas han recibido un poco de la benevolencia del Estado, han sido puestos primeros en la fila: galletas, jugos en caja, una libreta con lápiz, un cartón de stickers, la palmadita en la espalda y muchas fotos. El informe de los funcionarios dirá que la intervención fue realizada con éxito, frente a más de 50 niños pertenecientes a un barrio vulnerable, de una comuna vulnerable. El programa colaborador del Servicio Nacional de Menores (servicio que en los próximos meses cambiará de nombre) ha cumplido a cabalidad con lo estipulado en las bases de la licitación, licitación que seguramente se mantendrá, a pesar del cambio de nombre del servicio, porque ¿para qué vamos a terminar con la lógica de las licitaciones? ¿para qué vamos a fortalecer el rol del estado en un tema tan importante como lo son las infancias? ¿Por qué tendríamos que desconfiar del rol y la buena voluntad del sector privado en esta materia? ¿para qué profundizar en el problema?

El maquillaje siempre es más barato que la cirugía mayor y estos señores saben perfectamente cómo cubrir las heridas con colores y sombras, mucha sombra.


Danilo Garcés | Danilo Cantaor

Cantor popular, trabajador, padre y compañero. Escribidor Chasquilla.

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