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México/Estados Unidos – La frontera económica que Donald Trump no puede romper

México/Estados Unidos – La frontera económica que Donald Trump no puede romper

 

Ciudades enteras en la franja fronteriza dependen de la relación comercial entre México y Estados Unidos que genera 530.000 millones de dólares al año.

El 22% de la industria de la manufactura de México se desarrolla en Ciudad Juárez y la mayoría de sus trabajadores –un 70% aproximadamente– son mujeres.

Sonia Corona, desde Ciudad Juárez

El País, Madrid, 1-11-2016

http://internacional.elpais.com/

El horizonte en la frontera de México y Estados Unidos parece una postal. Atrás de las fábricas se ven unas torres altísimas con cristales de espejo: las naves industriales están en territorio mexicano y los edificios corporativos en Estados Unidos. Es la frontera de Ciudad Juárez (Chihuahua) y El Paso (Texas), un centro urbano de más de 2,2 millones de habitantes que están separados por el río Bravo y una valla de acero infinita, pero unidos por una relación comercial simbiótica de millones de dólares. Juárez, sin embargo, se ha llevado la parte más difícil: cientos de plantas con miles de trabajadores que ensamblan productos que se venderán solo en el norte, allí donde están los rascacielos.

Ciudad Juárez ha crecido en las últimas cuatro décadas bajo el amparo de las maquiladoras –la industria de la manufactura que importa insumos y exporta productos listos para ser comercializados– y ha sembrado a lo largo y ancho de la urbe 12 parques industriales que albergan 330 fábricas, la mayoría de origen estadounidense, dedicadas a este negocio. De las naves industriales pueden salir televisiones, lavadoras, ropa, partes de aviones o coches. Entre todas las razones para poner una planta industrial en esta región, la más importante es el costo de los sueldos de los empleados. Unas 265.000 personas trabajan por pagos que rondan los cuatro dólares al día.

“Lo que ha hecho México es darle la posibilidad a las grandes compañías norteamericanas a que vendan sus productos a mejor precio y sean más competitivas, de otra manera perderían esa posibilidad”, explica Miguel Ángel Calderón, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). La misma tarea de ensamblaje que ocurre en Juárez podría hacerse en El Paso, pero los costes de la mano de obra serían ocho veces más altos. Un escenario poco probable a pesar de que el candidato republicano a la presidencia de EE UU, Donald Trump, ha proclamado que si llega a la Casa Blanca se llevará a las firmas estadounidenses de regreso a su país.

A María Rojas, de 42 años, la propuesta de Trump le parece descabellada. “Ese señor no sabe del sufrimiento de los mexicanos que tenemos que trabajar aquí”. Rojas espera a las puertas de una maquiladora por un puesto de trabajo. Ha deambulado durante el día por el corredor industrial más cercano a la frontera para ver si tiene suerte. A los 13 años terminó la primaria y comenzó a trabajar en las fábricas, vio a su hermano morir electrocutado en una planta y vivió largo periodos de desempleo durante la crisis de 2008. En toda su vida no ha pensado en atreverse a cruzar la frontera sin documentos, dice, porque la maquiladora le ha provisto de trabajo. El 22% de la industria de la manufactura de México se desarrolla en Ciudad Juárez y la mayoría de sus trabajadores –un 70% aproximadamente– son mujeres.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) de 1994 catapultó a la maquila en la frontera, pero no preparó a la industria para los reveses de la economía mundial. “Las maquiladoras no generan proveedores, aunque la ciudad depende un 64% de la industria maquiladora de exportación, solo el 2,5% de los insumos de las plantas son mexicanos”, apunta Calderón. Después de la crisis de 2008, Ciudad Juárez ha recuperado poco a poco su empuje industrial, pero en los sueldos de los trabajadores no se refleja ni la recuperación, ni las ganancias que las exportaciones consiguen con un dólar caro frente al peso mexicano. “Tenemos varias prestaciones pero si pudiéramos ganar un poco más, sería mejor, es algo que necesitamos”, comenta Claudia Busso, de 45 años y trabajadora una maquiladora de refacciones aeronáuticas.

Del otro lado del puente fronterizo, las calles están llenas de tiendas con productos de bajísimo coste importados de China. El país asiático compite con México por la industria maquiladora, pero la garantía para los mexicanos continúa siendo la relación económica transfronteriza. Al menos seis millones de empleos en EE UU dependen de la relación comercial con México. El comercio bilateral asciende a 530.000 millones de dólares y México obtienen 296.000 millones de dólares por exportaciones. A través de los 58 cruces fronterizos de un límite de más de 3.000 kilómetros transitan un millón de personas al día. La vida en la frontera no puede darse el lujo de detenerse un segundo. “Todo esto es lo que ha permitido que los productos mexicanos sean competitivos respecto a China y respecto a otro países asiáticos. Llevarse las empresas a Estados Unidos es descabellado porque finalmente en la globalización las compañías están compitiendo por costos y por utilidad”, expone Calderón, de la UACJ.

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