Inicio Nacional ¡¡MÁS VALE LA VIDA DE PIE… QUE VIVIR ARRODILLADOS!!

¡¡MÁS VALE LA VIDA DE PIE… QUE VIVIR ARRODILLADOS!!

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por Franco Machiavelo

La victoria de la ultraderecha no fue un rayo en cielo despejado. Fue el resultado lógico de una larga pedagogía de la resignación, administrada con prolijidad por quienes decían venir a cambiarlo todo y terminaron dedicados a gestionar lo existente. Cuando el miedo reemplaza a la esperanza, cuando el orden se ofrece como único refugio frente al caos social producido por el propio modelo, el autoritarismo deja de parecer una amenaza y pasa a presentarse como solución.

La ultraderecha ganó porque supo hablarle a una sociedad cansada, precarizada y golpeada, pero lo hizo desde una mentira eficaz: prometió protección sin tocar los privilegios, identidad sin justicia social, patria sin pueblo. Su discurso no nace de la fuerza, sino del vacío dejado por otros. Donde no hay proyecto emancipador, florece el resentimiento organizado. Donde no hay horizonte colectivo, se impone la mano dura como sustituto de la política.

La pseudo izquierda progre continuista tiene una responsabilidad histórica que no puede seguir eludiendo. No fue derrotada: abdicó. Renunció a disputar el sentido común, aceptó el marco mental del neoliberalismo y se dedicó a humanizar lo inhumano. Cambió la lucha de clases por el marketing moral, la organización popular por el cálculo electoral, la transformación estructural por la administración “responsable” de la desigualdad. Prefirió la comodidad del poder tutelado antes que el riesgo de la coherencia.

Arrodillarse fue su estrategia. Arrodillarse ante los mercados, ante el imperio, ante la oligarquía local. Arrodillarse incluso ante el miedo a ser llamada “radical”. En nombre del realismo, desarmó políticamente a su propio pueblo. En nombre de la gobernabilidad, desactivó el conflicto social que podía haber abierto otro camino. Y al hacerlo, dejó intacta la hegemonía cultural del modelo: esa que enseña que no hay alternativas, que la desigualdad es natural y que la política solo sirve para administrar lo inevitable.

Cuando quienes se dicen progresistas repiten el lenguaje del poder, el poder siempre gana. Cuando la izquierda deja de ser clasista, deja de ser alternativa. Y cuando la dignidad se negocia, la ultraderecha aparece como la única que parece “decidida”, aunque su decisión sea profundizar la injusticia.

Por eso hoy la consigna vuelve a ser incómoda, pero necesaria: más vale la vida de pie que vivir arrodillados. Porque no se trata solo de ganar elecciones, sino de disputar conciencias. No se trata de moderarse para existir, sino de existir para transformar. Sin un proyecto que enfrente al neoliberalismo, al imperio y a la oligarquía desde abajo y con el pueblo organizado, la historia seguirá repitiéndose: los de arriba mandando, los de siempre obedeciendo, y la dignidad esperando su turno.

Y la dignidad, cuando espera demasiado, aprende a levantarse sola. 
 
 
 

1 COMENTARIO

  1. Como ya me referí en otro artículo de este mismo autor, sobre la bandera mapuche. Un símbolo con un significado especial para este pueblo, que en algún momento fue utilizado por los manifestantes para representar la rebeldía y también la adhesión a la lucha territorial en el Wallmapu; ahora viene a surgir con otro significado, totalmente contrario a los principios de la lucha reivindicadora de la resistencia. Puede parecer que estoy en contra de las cosas que se dicen en este medio, pero estamos cocinando el mismo pan en distintos hornos, eso es todo. Lo que pasa es que hay un sector de la izquierda que no quiere cambiar de método, porque cree que se trata de una reforma a las tradiciones de 1848. Ya no se usa la pólvora,camaradas, sino el tnt, entre otros nuevos inventos. Para derrotar al capitalismo es necesario aceptar que existen otros frentes de lucha, donde el marxismo leninista, no alcanza a llegar. Eso está demostrado por la historia. Los pueblos originarios (Mapuche, Rapa Nui); los pueblos que profesan un credo (Palestina, Afganistán, Saharaui); los pueblos que no aceptan ningún tipo de injerencia ( Cuba, Nicaragua, Venezuela), son frentes antimperialistas y anti capitalistas, que utilizan otros sistemas de defensa. Mao hizo uso de otra táctica , que le funcionó a la perfección; lo mismo Corea del Norte, y así podemos nombrar a muchos otros. Pero aquí en Chile se sigue tomando té en choquero. Ya no se baila rockandroll en el mundo, ni se pololea por carta. El pueblo está bastante absorbido por la tecnología y ha cambiado hasta la forma de caminar, ya no es el mismo del siglo XIX. Esto no significa que debemos cambiarnos de vereda. Pensar así, es quedarse en el pasado. Estamos en el siglo XXI. No es reformismo, los pragmáticos son los que negocian con el adversario. ¿Ustedes creen que la CAM va a negociar con las forestales? No se puede pensar en la unidad, si no se piensa antes en una identidad. Caso contrario, vamos a seguir así otros 200 años más. ¡vivan los pueblos del mundo que quieren independizarse de todo tipo de yugo!

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