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Los renegados

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La Historia del socialismo está salpicada de esa especie de ser humano que justifica el título de esta parida.

escribe Luis Casado


   
Una rosa: el símbolo de la socialdemócracia…

El giro que toma la realidad internacional, que ve la resurgencia del fascismo como un fenómeno planetario mientras –al menos aparentemente– se debilitan la lucha de clases, el sindicalismo y las fuerzas revolucionarias, ofrece una imagen engañosa.

En ello la prensa industrial controlada por grandes capitales juega un rol eminente. El diario madrileño El País, parte de un importante sector del mundo de las comunicaciones que no es sino una quinta columna al servicio de los poderosos, hace al mismo tiempo denodados esfuerzos por ofrecer un conveniente perfil democrático y progresista.

Eso confunde a más de algún cándido lector que rehusa leer añosos carcamales reaccionarios como ABCLe Figaro o El Mercurio, precisamente porque su mera existencia está consagrada a eliminar cualquier intento de poner en cuestión la dominación de los poderosos.

El tema no es nuevo: La guerra de la pluma –expresión utilizada por Voltaire en su correspondencia– opone redactores de diarios liberales y serviles y tomó incluso la apariencia de una auténtica guerra civil.

En el Tío tremenda o los Críticos del malecón (Sevilla, 1812), José María Diez del Río se preguntaba en su singular idioma “cual de las dos guerras nos está dando más daño, si la de los gabachos o esta que nos ha traído la libertá de jablar y de escrebir, o para icirlo mejor, el abuso de la libertá.” (El Argonauta español, 2011).

Detenerse a reflexionar si El País, como Le Monde en París, son galgos o son podencos, equivale a repetir lo ocurrido en la fábula de Tomás de Iriarte titulada Los dos conejos: Uno de ellos llega exhausto, huyendo a todo correr. El otro conejo pregunta “¿Qué te pasa?”. El fugitivo, sin aliento, replica “Me persiguen dos galgos”… “No son galgos –replica el segundo conejo– son podencos”. En ese debate perdieron el tiempo los conejos hasta que los dos canes les atraparon y con ellos hicieron su merienda.

La guerra de la pluma que hace más daño en la actualidad a mi modesto entender, es la que libran los medios presuntamente progresistas que, junto a los medios serviles, constituyen lo esencial de la prensa disponible. Es el caso del diario El País, controlado por el grupo PRISA que posee además la Cadena Ser (radios), la Editorial Santillana y las radios ADN en Iberoamérica.

(El fenómeno de la concentración de la prensa, la radio y la TV en manos de grandes capitalistas no es exclusivo de España: en Francia el grupo Bolloré –un fascista– controla radios, TV, editoriales, editores de música, juegos video, puntos de venta y telecomunicaciones… y anunció públicamente boicotear a los autores críticos…).

El País publicó el 14 de junio un compungido artículo:

La rosa enferma: ¿qué le ha pasado a la socialdemocracia europea?

A principios de siglo, casi el 70% de los ciudadanos de la UE vivía bajo primeros ministros de la órbita socialdemócrata; hoy, esa cifra se limita al 10%. Y apenas hay tres mandatarios (de 27) de este signo en el Consejo Europeo: la danesa Mette Frederiksen, el maltés Robert Abela y Pedro Sánchez. ¿Cómo se gestó esta gran crisis?

Buena pregunta. ¿Cómo?

Antes de intentar responder digamos que Malta, isla situada entre Sicilia y el continente africano, con menos de 600 mil habitantes y una superficie inferior a la mitad de Santiago de Chile, cuenta poco o nada.

En cuanto a Mette Frederiksen, primer ministro de Dinamarca, en su juventud militó en el sector más a la izquierda del partido lo que le valió el apodo de “Mette la Roja”. Pero Mette la Roja gobierna en coaliciones con el centro, adoptando en materia de inmigración las posturas de la extrema derecha, al punto de intentar subcontratar el recibimiento de los solicitantes de asilo y confiarle los refugiados a terceros países como Rwanda. Como un Donald cualquiera.

El 27 de agosto de 2025 Mette presentó las excusas oficiales del Estado por la política de contracepción forzada impuesta en Groenlandia durante más de treinta años y fue a Nuuk el 24 de septiembre a repetir sus excusas en una ceremonia ante decenas de mujeres víctimas de tal política… ligeramente nazi.

Cuando Mette Frederiksen llegó al poder, un observador danés del mundo de las finanzas juzgó que su política económica no sería diferente de la que aplicó la derecha que la precedió… ¿sorpresa? En las elecciones de este año la social-democracia obtuvo su peor resultado desde 1903, y perdió la mitad de sus diputados. El socialismo danés murió con Olof Palme.

Pedro Sánchez –que en virtud de un par de decisiones justas pasa por bolchevique– enfrenta no sólo al fascismo, sino también a la Justicia que investiga numerosos actos de corrupción de su partido y de sus predecesores socialistas a la cabeza del Estado.

Mención especial merece José Luis Rodríguez Zapatero (presidente del gobierno de 2004 a 2011), a quién la Justicia le incautó joyas por un valor de un millón trescientos mil euros cuyo origen es extremadamente dudoso. El propio Zapatero, al ser descubierto, declaró que valían sólo 30 mil euros.

El País intenta salvar al soldado Ryan, perdón, Sánchez, lo que constituye una apuesta más que aleatoria. El socialismo hispano destiñó desde los tiempos de su fundador Pablo Iglesias: para cuando Felipe González llegó al gobierno, el PSOE había dejado de ser obrero y ya no merecía el nombre de socialista.

En Francia, al terminar su periodo presidencial, el “socialista” François Hollande era tan impopular que no se atrevió a solicitar un segundo mandato el año 2022. Anne Hidalgo, candidata que representó al partido socialista francés obtuvo el 1,7% de los votos en la primera vuelta: ¡ 1,7% !

La Historia del socialismo está salpicada de esa especie de ser humano que justifica el título de esta parida. En mis primeras lecturas políticas hubo tres figuras emblemáticas –Marx, Engels y Lenin– así como polémicas legendarias como la que enfrentó al líder de la Revolución Rusa con Karl Kautsky, quién sería recordado en la posteridad como el renegado Kautsky.

La oposición entre revolucionarios y reformistas que querían conservar el capitalismo generó acusaciones que aún hoy hacen su agosto y son repetidas por la prensa y los políticos serviles.

Kautsky plantea el problema del modo siguiente: “La oposición de las dos corrientes socialistas” (es decir, los bolcheviques y los no bolcheviques) es “la oposición de dos métodos radicalmente distintos: el democrático y el dictatorial” (La Revolución proletaria y el renegado Kautsky. VI Lenin. pág. 3).

Lo de “demócratas” es repetido como un mantra, y dio origen a eso de “socialdemócrata”, por oposición a bolchevique, comunista, extremista, maximalista y otros epítetos presuntamente condenatorios. Cada vez que en un país se produce un movimiento revolucionario, o corre peligro el orden establecido por las multinacionales, la derecha echa mano de la socialdemocracia para salvar su pellejo, su dominación y sus capitales.

Razón por la cual el mismo diario El País, publicó el 15 de junio, otro artículo cuyo título lo dice todo:

Imprescindible socialdemocracia

Frente a los extremismos, siguen más vigentes que nunca las ideas y valores de la izquierda reformista.

¿En serio? He aquí lo que predica El País:

Desde la caída del muro de Berlín, nunca la socialdemocracia europea había bajado tanto en las urnas ni había sido cuestionada como en este momento su credibilidad. Pero a la vez nunca ha sido tan necesaria como ideología política que fue artífice, junto a la democracia cristiana y el liberalismo, de la unidad europea ahora amenazada por fuerzas radicales dispuestas a destruir el legado de 80 años de proyecto común. Ante el ataque extremista a los derechos individuales, el incremento de las desigualdades y el reparto del mundo entre superpotencias depredadoras, toma especial relieve la respuesta que la socialdemocracia ha ofrecido históricamente, y que debe estar en condiciones de ofrecer hoy y en el futuro: la lucha contra la desigualdad, la defensa de los más vulnerables y la construcción de la UE como un espacio de derecho, democracia y libertad.”

Todo un programa. El verdadero artífice de la unidad europea fue Franklin Delano Roosevelt, activamente aconsejado por un banquero francés –Jean Monnet, el padre de la UE– durante la II Guerra Mundial. El objetivo, según Monnet, era facilitar la dominación estadounidense convirtiendo Europa en una sola y única colonia (Eric Branca. El amigo americano. Ed. Perrin, París, 2017).

El General De Gaulle vivió el desembarco en Normandía como una invasión colonialista. Por eso siempre se negó a participar en su conmemoración. Por otra parte, los yanquis desembarcaron en el norte de África, en esa época dominio francés, sin molestarse en informar a De Gaulle.

Eric Branca también cuenta que François Mitterrand, presidente de Francia, confiaba al final de su vida: “Francia no lo sabe, pero estamos en guerra con EEUU. Una guerra desconocida, sin muertos… y sin embargo una guerra a muerte”.

Sin embargo El País, sirviendo los intereses que sirve, finge no saberlo. Y pretende que el social cristianismo, la socialdemocracia y el liberalismo fueron los progenitores de la unidad europea. Todo con mucha democracia, sin siquiera señalar que el referéndum celebrado en Francia el 29 de mayo de 2005 rechazó el proyecto de Tratado Constitucional Europeo.

El NO triunfó obteniendo el 54,67 % de los votos emitidos. ¿Dónde está la democracia? Jacques Chirac, entonces presidente, se dirigió a los franceses desde el Palacio del Eliseo: “Francia se ha expresado democráticamente. Ustedes han rechazado mayoritariamente la Constitución Europea. Es vuestra decisión soberana y yo tomo nota de ello.”

El País discierne un “ataque extremista a los derechos individuales”… sin mencionar los derechos colectivos. Es verdad que Margaret Thatcher decretó –con el liberalismo– que la sociedad no existe.

El País también se refiere al “incremento de las desigualdades”… ¿Cómo es posible si la socialdemocracia prevaleció durante un largo periodo de tiempo? Y además la UE cuenta entre sus “valores”, precisamente, la igualdad…

Quienes derrotaron a las potencias depredadoras en la II Guerra Mundial no fueron los socialdemócratas sino los comunistas y los gaullistas. Eso lo sabe un niño de la escuela primaria, pero El País lo olvidó.

Consciente de que la socialdemocracia hace suyo y pone en práctica el programa económico neoliberal de la derecha, El País argumenta:

A pesar de los fracasos electorales, la pérdida de poder real y el descrédito en las últimas décadas de algunos líderes y siglas, las ideas no han perdido vigencia. En Alemania, los sondeos sitúan al SPD en torno al 10% de intención de voto. En Francia el PS ha cedido el liderazgo de la izquierda al populista Jean-Luc Mélenchon. En España los casos judiciales acechan al PSOE y al gobierno. Casi siete de cada diez ciudadanos de la UE vivían a principios de este siglo en países gobernados por el centroizquierda; hoy son uno de cada diez. En un proceso paralelo, ha avanzado la extrema derecha en países como Alemania, Francia o Reino Unido, donde ha pescado en el caladero tradicional de los partidos socialistas, unas clases populares golpeadas por las desigualdades que han ido abandonando el voto de izquierdas en favor de las opciones radicales.”

No queda sino alegar: ¡No me ayude compadre…!

Es verdad que en la Unión Europea –tan democrática ella– resurge el fascismo. No digo que regresa porque la verdad es que nunca se fue. Si 80 años de construcción europea dan este resultado… es como para hacerle caso a quienes la dan por muerta o al menos moribunda.

El modelo económico alemán muestra su agotamiento, la moneda única que fue el fiel reflejo del marco alemán no es una alternativa al dólar, intereses económicos divergentes en el seno de la UE –para no hablar de sus contradicciones políticas– dificultan la adopción de una gestión común, la Comisión Europea nombrada a dedo y sin ninguna legitimidad democrática ni popular hace la unanimidad en contra de ella, etc. etc.

Babosear todo el día a propósito de la democracia no es la democracia. Lanzar una campaña del terror contra las opciones radicales no es un programa ni una visión de avenir: es ponerse el parche antes de la herida. Pero El País no se detiene ante estas nimiedades y busca culpables. ¿Dónde los encuentra? ¡Sorpresa! En la socialdemocracia.

Algunas causas del declive tienen que ver con la desconexión con este electorado (¡qué confesión!), pero también con graves errores éticos de algunos líderes, como Gerhard Schröeder, convertido en lobista de Putin, o Tony Blair, promotor de la guerra de Irak. Igualmente las democracias asisten a la aceleración de la desinformación y la normalización de los discursos de odio (¿quién controla la prensa, la radio y la TV?), aceptados por algunas derechas tradicionales (lo dice El País, diario español, en donde la democracia nunca se ha atrevido a desenterrar las víctimas del fascismo…).”

Las causas de esta evolución van más allá, y evidencian las deficientes respuestas políticas de las formaciones moderadas, no sólo las socialdemócratas, sino también las democristianas, ante el cambio de época.”

¿Qué le hace pensar al diario El País que tales grupos políticos, responsables de lo que vemos hoy, serán capaces de enmendarse? Ni siquiera lo pretende: lo importante es el statu quo, y mantener en vigor los regímenes de dominación que se suceden desde el fin de la II Guerra Mundial.

La conclusión también vale su peso en cacahuetes:

Nadie sabe adonde nos conducen estos tiempos, pero sí sabemos del valor, más allá de dirigentes y siglas concretas, de las ideas de supervisión y regulación del libre mercado, una protección social robusta, un Estado de derecho con separación de poderes, un orden internacional regido por reglas, el feminismo y el rechazo de la xenofobia. Son principios que contribuyeron al periodo de mayor prosperidad, paz y estabilidad en Europa, y su pervivencia exige instituciones y partidos sólidos para defenderlos. Ahora, en la era de Trump, Putin y sus amigos europeos, el mayor error sería entonar precipitadamente el réquiem por los valores que conformaron nuestras democracias. Es justo lo contrario. Ante la deriva polarizadora y extremista, la socialdemocracia es más necesaria que nunca”.

El periodo de mayor prosperidad, paz y estabilidad en Europa vio el bombardeo y el despedazamiento de Yugoslavia en el que participaron los países de la UE, innumerables guerras en Irak, Libia, Siria, Líbano y Palestina a las que aportaron tropas, municiones, misiles y aviones de combate.

Así como la extensión de la OTAN hacia el Este incluyendo un golpe de Estado en Kiev en el año 2014, el armamento acelerado de Ucrania, el simulacro de negociaciones con Rusia paga ganar tiempo y una guerra financiada primero por EEUU y luego la UE que ya dura más de cuatro años.

Durante el genocidio cometido en Gaza por la entidad sionista, los países de la UE continuaron suministrándole armas y municiones a Israel, sin hacer el más mínimo reproche.

Entretanto, nunca en su Historia los países de la UE habían generado tanta riqueza, concentrada como nunca en las manos de 0,1% de su población, mientras la población que vive bajo el umbral de pobreza crece como la mala hierba: según el INSEE, instituto de estadísticas de Francia, en 2023, en el territorio metropolitano, 9,8 millones de personas vivían bajo el umbral de pobreza, un millón más que en el 2022. La tasa de pobreza llegó al 15,4 % y sigue creciendo.

Pero El País, en una exhibición de hipocresía y cinismo se pregunta:

¿qué le ha pasado a la socialdemocracia europea? ¿cómo se gestó esta gran crisis?

Lo que, a pesar de la larga distancia –como dice la canción de José Alfredo Jiménez– contribuye a explicar cómo y porqué la extrema derecha fascistoide chilena obtuvo casi el 70% de los votos en la primera vuelta de las últimas elecciones presidenciales.

JA Kast ganó en la segunda vuelta con el 58% de los votos, y los “progresistas y socialdemócratas” se apresuraron en culpar a los electores a quienes calificaron de idiotas.

No. No fueron idiotas. Reaccionaron exactamente como los europeos cansados de los renuncios, las traiciones, las contradicciones, las mentiras, la corrupción generalizada, los acomodos y las apostasías de quienes alguna vez dijeron ser “socialistas” o “democristianos”.

En Italia, país en el que prevalecieron durante largo tiempo socialistas, comunistas y democristianos… gobierna una fascista declarada. ¿Idiotas los italianos?

Bienaventurada coincidencia temporal, un parlamentario “socialista” chileno, el señor Daniel Manouchehri, acaba de publicar en BíoBío un manifiesto cuyo título hace soñar:

El socialismo no nació para pedirle permiso a los superricos

Recomiendo leerlo con cuidado y paciencia: en todo el texto no encuentras ninguna referencia –por lejana que fuese– al acervo ideológico de lo que fue el Partido Socialista de Marmaduque Grove y Salvador Allende. Para no mencionar a Marx, Engels, Lenin o cualquier figura revolucionaria.

Para Manouchehri la lucha de clases no existe, ni siquiera porque quién expuso sus fundamentos fue David Ricardo, un economista liberal. Para Manouchehri no se trata de tomar el poder para resolver la contradicción esencial entre capital y trabajo, sino simplemente hacer algunas reformas como las que socialdemócratas, socialcristianos y frente-amplistas han estado haciendo desde 1991: unas que consolidan y fortalecen el modelo económico impuesto por Augusto Pinochet y su dictadura.

Victor Hugo, que nunca fue bolchevique, era inmensamente más coherente, él, que proclamaba: “Uds. quieren ayudar a los miserables. Yo quiero eliminar la miseria”

¿Alguna mención de Manouchehri a los héroes socialistas torturados, asesinados y desaparecidos? Ninguna.

El parlamentario Manouchehri es un profesional de la política chilena, es decir una persona conveniente, frecuentable, incapaz de perturbar la tranquilidad de los cementerios. En una palabra, un renegado en el sentido histórico de esa palabra que le viene tan bien a los “socialistas” actuales.

En Chile, como en Europa, no es posible construir una alternativa de futuro sin que antes nos hayamos librado de los renegados, del mismo modo que se destapan los conductos de evacuación de aguas servidas, orinas y deyecciones.

   

¡HONOR Y GLORIA!

 

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