Inicio Análisis y Perspectivas Los pensamientos y el lenguaje crean realidades!

Los pensamientos y el lenguaje crean realidades!

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por Franco Machiavelo

En Chile no estamos viviendo una simple confusión política: estamos viviendo las consecuencias de haber dejado que otros definan lo que es “sentido común”. La derecha no crece porque tenga razón; crece porque supo instalar un lenguaje que golpea donde duele: miedo, orden, castigo. Con esas palabras construyen una realidad que no existe, pero que muchos terminan creyendo porque nadie les ofrece algo distinto. La ultraderecha avanzó porque ocupó un espacio que la izquierda abandonó por cansancio, por silencio o por comodidad.
 
La izquierda cayó no por falta de ideas, sino por miedo a decirlas con fuerza. Se volvió tímida, técnica, distante, como si defender al pueblo fuera un error. Mientras la derecha agitó el miedo, la izquierda intentó hablar desde la calma, y así perdió el vínculo con la calle, con la rabia, con la injusticia diaria que millones sienten. La gente no dejó de pensar políticamente: dejó de confiar en quienes debían defenderla y terminó sola frente al discurso del miedo.
 
Lo que realmente está pasando es que el país fue entrenado para aceptar la desigualdad como si fuera natural, para creer que la seguridad es más importante que la dignidad, para olvidar la memoria y para asumir que “no se puede hacer nada”. Esa es la mayor victoria del neoliberalismo: convencer a la gente de que no tiene fuerza. Y esa es la derrota más grande de la izquierda: haberlo permitido.
 
Cambiar esta realidad exige recuperar el lenguaje de la lucha, hablar claro, sin pedir permiso, sin doblar el discurso. Exige volver a organizarnos en barrios, sindicatos, territorios, comunidades, y reconstruir la convicción de que la política no es trámite ni cálculo, sino defensa de la vida digna. No cambiaremos nada si seguimos explicando suavemente lo que otros gritan con violencia. Hay que disputar la imaginación del país, devolverle esperanza, construir un relato que no le tema al conflicto y que ponga al pueblo al centro.
 
Chile no está condenado. Lo que está condenado es permanecer callado mientras otros fabrican la realidad a su antojo. Y esa realidad solo cambia cuando el pueblo vuelve a creer en su propia fuerza.

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