Inicio Internacional LOS HECHOS NO HABLAN SOLOS (Colombia)

LOS HECHOS NO HABLAN SOLOS (Colombia)

5
0

José A. Amesty Rivera

En muchos países de América Latina ocurre algo que llama la atención de la gente, gobiernos o movimientos
políticos de izquierda llegan con mucha fuerza al poder, impulsan reformas, crean programas sociales,
mejoran servicios públicos y promueven cambios que consideran importantes para la mayoría de la
población, sin embargo, cuando llegan nuevas elecciones, muchas veces encuentran dificultades para
mantener el apoyo de los votantes.

¿Por qué algunos gobiernos hacen cambios importantes y aun así tienen dificultades para ganar elecciones?
Algunas personas creen que esto ocurre porque gobernaron mal, o porque cometieron demasiados errores,
pero la realidad suele ser más complicada.

Las elecciones no funcionan como un examen de matemáticas, donde se suman aciertos y errores para
obtener una nota final. Las personas votan influenciadas por muchas cosas, como, lo que ven, lo que
escuchan, lo que sienten, lo que conversan con sus vecinos/as, lo que reciben por redes sociales y, sobre todo,
por la idea que tienen sobre el rumbo del país.

Por eso, entender una elección requiere mirar mucho más allá de los números y las estadísticas, por ejemplo,
la situación actual de Colombia es un buen modelo de ello.

La disputa entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella no enfrenta únicamente dos candidatos, también
refleja debates que vienen de muchos años atrás, a saber, la violencia política, el conflicto armado, las
desigualdades sociales, el proceso de paz, las diferencias entre regiones, el papel de los medios de
comunicación y las distintas ideas sobre el futuro del país, entre otros.

Existe una situación que se repite en muchos gobiernos que buscan hacer cambios profundos, dedican
enormes esfuerzos a mejorar programas sociales, ampliar derechos, fortalecer la educación, la salud o las
oportunidades para los sectores más vulnerables.

Pero esos cambios casi nunca producen resultados inmediatos; una reforma educativa puede tardar años en
mostrar resultados, una política para reducir la pobreza puede necesitar varios gobiernos para consolidarse,
una transformación económica no ocurre de la noche a la mañana.

Mientras tanto, la gente sigue enfrentando problemas cotidianos; si una persona siente inseguridad en su
barrio, le preocupa el precio de los alimentos o teme perder su empleo, esas preocupaciones pueden pesar
más que otros avances que no percibe directamente.

Por esto muchas veces los gobiernos, son juzgados no por todo lo que hicieron, sino por los problemas que la
población considera más urgentes. Y esto ha ocurrido en distintos países.

En Brasil, muchos ciudadanos/as reconocían avances sociales de los gobiernos del Partido de los
Trabajadores, pero el desgaste político terminó favoreciendo a Jair Bolsonaro en 2018.

En Ecuador, una parte de la población valoraba logros del Correísmo, pero otra parte quería un cambio de
rumbo.

En Argentina, el deseo de alternancia ayudó a llevar a Mauricio Macri a la presidencia.

Pero también existen casos contrarios, veamos…

Lula volvió a ganar en Brasil en 2022, Gabriel Boric triunfó en Chile, Gustavo Petro llegó a la presidencia en
Colombia en 2022.

Esto demuestra que el problema no es simplemente ser de izquierda o de derecha. La verdadera pregunta es
otra, ¿Quién logra convencer a más personas de que su plan para el futuro es mejor?

En el caso de la política colombiana, para entenderla hay que mirar hacia atrás, durante décadas, Colombia
vivió marcada por el conflicto armado, la violencia política, el narcotráfico y enormes desigualdades
sociales; millones de colombianos/as crecieron escuchando noticias sobre guerrillas, paramilitares,
secuestros, atentados y enfrentamientos, y esta historia dejó huellas profundas.

Por esto palabras como seguridad, paz, autoridad, orden, justicia o cambio no significan exactamente lo
mismo para todos los colombianos/as. La firma del acuerdo de paz abrió una esperanza para muchos sectores
de la sociedad, pero también generó dudas y preocupaciones en otros, y estas diferencias siguen presentes
hoy.

Por esto las elecciones actuales no son solamente una evaluación del gobierno de Gustavo Petro, también son
una discusión sobre qué país quieren construir los colombianos/as para las próximas décadas.

Y aquí aparece una idea muy importante, muchas personas que apoyan al gobierno de Petro sostienen que
una parte de la población, no conoce realmente muchos de los avances realizados durante estos años, y esta
situación no es exclusiva de Colombia, ocurre en muchos países, por ejemplo:
Una carretera puede ser construida gracias a recursos del gobierno nacional, pero la gente piensa que fue obra
de la alcaldía. Un programa social puede beneficiar a miles de familias, pero con el tiempo deja de verse
como algo especial y pasa a considerarse normal. Una mejora económica puede atribuirse al esfuerzo
personal y no a decisiones del gobierno.

En otras palabras, no basta con hacer las cosas, también hay que lograr que la gente sepa quién las hizo y por
qué fueron importantes; si los ciudadanos no relacionan los cambios positivos con quienes los impulsaron,
esos logros pueden desaparecer políticamente, aunque sigan existiendo en la realidad.

Y aquí aparece una de las mayores debilidades históricas, de muchos movimientos progresistas en América
Latina, han dedicado enormes esfuerzos a gobernar, pero muchas veces han prestado menos atención a
comunicar. Durante años, una parte de la izquierda creyó que los hechos hablarían por sí solos, pensó que
una buena gestión sería suficiente para convencer a la población.

Pero la política moderna funciona de otra manera, los hechos no hablan solos; alguien siempre los interpreta,
los explica y les da significado. Mientras algunos gobiernos se concentran en ejecutar programas y reformas, otros actores políticos trabajan constantemente construyendo relatos, mensajes, símbolos y emociones, y muchas veces esos relatos terminan teniendo más fuerza que los propios hechos.

Otro problema frecuente es creer que una estadística puede derrotar una emoción, cuando una persona tiene
miedo por la inseguridad, un gráfico no siempre cambia su percepción, cuando una familia siente dificultades
económicas, un informe técnico puede parecer lejano a su realidad.

Las personas necesitan datos, pero también necesitan explicaciones sencillas que les ayuden a entender lo
que está ocurriendo, la política no se mueve solamente por números, también se mueven por sentimientos,
experiencias y esperanzas.

Por esto comunicar bien no significa hacer propaganda vacía, significa explicar claramente qué se hizo, por
qué se hizo y cómo mejora la vida de la gente.

A su vez, hoy la comunicación política es mucho más complicada que hace veinte años; antes la información
circulaba principalmente por televisión, radio y periódicos, ahora millones de personas reciben información
por Facebook, WhatsApp, TikTok, Instagram, YouTube y muchas otras plataformas.

Así en cuestión de minutos una noticia verdadera o falsa puede llegar a millones de personas, un video de
treinta segundos puede tener más impacto que un informe de cien páginas.

Esto obliga a los gobiernos y a los movimientos políticos a adaptarse a una realidad completamente nueva;
quien no entiende esta transformación corre el riesgo de perder la batalla de la opinión pública, incluso
cuando tiene resultados para mostrar.

Existe otro factor que pocas veces se menciona; los gobiernos de cambio suelen despertar enormes
esperanzas. Prometen combatir la desigualdad, reducir la corrupción, mejorar la seguridad y transformar la
economía, sin embargo, los cambios profundos necesitan tiempo.

Las instituciones avanzan lentamente, las reformas encuentran obstáculos, los resultados tardan en llegar.
Cuando las expectativas crecen más rápido que los resultados, aparece la frustración; y muchas veces esa
frustración surge precisamente entre quienes más esperaban del gobierno, por esto algunos proyectos
políticos terminan siendo víctimas de sus propias promesas.

Otro elemento importante es que, tal vez la discusión más importante ocurre en un terreno que muchas veces
pasa desapercibido, no basta con ganar elecciones, tampoco basta con gobernar, también es necesario ganar
la batalla de las ideas.

Las personas construyen sus opiniones en muchos lugares, como, la familia, la escuela, la iglesia, las redes
sociales, los medios de comunicación, las universidades y las organizaciones sociales, allí se forman las ideas
sobre qué significa progreso, justicia, libertad, seguridad o democracia.

Quien logra influir en esas ideas tiene una enorme ventaja política, por esto algunos gobiernos logran ganar
elecciones, pero no logran consolidar una visión compartida del país. Y cuando esto ocurre, cada elección
vuelve a convertirse en una disputa desde cero.

Finalmente, la historia demuestra que los movimientos progresistas no están condenados a perder elecciones;
existen muchos casos de derrotas, pero también numerosos ejemplos de victorias, sin embargo, sí parece
existir un problema recurrente.

Muchos gobiernos logran hacer cambios importantes, pero encuentran dificultades para convertir esos
cambios en una percepción positiva y duradera dentro de la sociedad. El caso colombiano muestra
claramente este desafío.

La discusión sobre el gobierno de Gustavo Petro no gira solamente alrededor de lo que hizo o dejó de hacer,
también gira alrededor de cómo esos resultados fueron comunicados, comprendidos y valorados por la
ciudadanía. Aquí la principal lección quizás sea esta:
Gobernar bien es indispensable, pero en la política del siglo XXI no es suficiente, también hay que explicar,
convencer, escuchar y construir una visión compartida del futuro, porque los hechos son importantes, pero
los hechos, por sí solos, no hablan.

Un dato final, sin entrar en polémicas. En el caso de Iván Cepeda, muchas personas lo reconocen por su
trabajo en temas de Derechos Humanos, y por hablar sobre la historia del conflicto armado en Colombia, esto
le da importancia y reconocimiento en la política del país.

Sin embargo, en una elección nacional, el reto para un candidato con este perfil es lograr que esos temas se
conviertan en mensajes claros, sobre lo que más preocupa a la gente todos los días, la seguridad, el empleo, la
economía y el costo de vida.

En una segunda vuelta, esto suele ser muy importante; muchos ciudadanos no votan pensando tanto en
ideologías o debates políticos complejos, sino en quién creen que puede ofrecer un mejor futuro para ellos y
sus familias.

Por esto, en Colombia las segundas vueltas muchas veces no las gana quien tiene el plan más detallado, sino
quien logra conectar mejor con las preocupaciones de la gente. Normalmente tiene ventaja el candidato que
habla de forma sencilla, transmite confianza y hace sentir a los votantes que entiende sus problemas.
En este escenario, no basta con proponer cambios, también es necesario explicarlos de una manera fácil de
entender y demostrar cómo pueden mejorar la vida diaria de las personas. Al final, suele ganar quien logra
presentar una idea de futuro clara y cercana para la mayoría de los ciudadanos/as, incluso para quienes no
pensaban votar por él desde el principio.

No estamos afirmando que esto ocurrió o vaya a ocurrir de una manera u otra, simplemente es una situación
que suele aparecer en elecciones muy divididas y polarizadas.

Y afirmo categóricamente, ojalá, que sea así, que Ivan Cepeda gane las elecciones en Colombia, para que
este país siga cambiando, para que los colombianos/as, tengan una sociedad de justicia, paz, prosperidad y
tranquilidad, en fin, que sea un triunfo de la izquierda latinoamericana.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.