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¡¡La Teletón: Los pobres mendigan y la caridad es un instrumento ideológico del neoliberalismo privatizador!!

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por Franco Machiavelo

La Teletón Chile se presenta como una cruzada solidaria, un acto de unidad nacional donde empresarios, medios de comunicación y ciudadanía se abrazan bajo la bandera de la ayuda. Pero bajo esa puesta en escena emotiva se esconde una pregunta incómoda: ¿por qué en un país que produce riqueza suficiente la rehabilitación de niños y niñas debe depender de un espectáculo televisivo anual?

La caridad, cuando reemplaza al derecho, cumple una función política precisa. Convierte lo estructural en anecdótico. Transforma la exclusión en tragedia individual. Despolitiza el sufrimiento. Así, la salud deja de ser un derecho social garantizado colectivamente y se convierte en una mercancía cuya provisión depende de la capacidad de pago… o de la generosidad circunstancial del mercado.

El relato dominante construye una burguesía benevolente: grandes grupos económicos que, luego de lucrar en sistemas privatizados de salud, educación y previsión, aparecen ante las cámaras como salvadores compasivos. Se invisibiliza que el mismo modelo que concentra la riqueza es el que precariza la vida. Se naturaliza que el Estado se retire y que la sociedad civil “compense” mediante donaciones lo que debería ser política pública permanente y universal.

En este esquema, los medios cumplen un rol central. No solo recaudan fondos; producen sentido común. Instalan la idea de que sin la empresa privada y sin el espectáculo no habría solución. Se invisibiliza la posibilidad de un sistema público robusto financiado por impuestos progresivos. Se instala la emoción por sobre el debate estructural. Se celebra la meta alcanzada, pero no se discute por qué esa meta existe.

La lógica neoliberal necesita esta pedagogía sentimental. Porque cuando la solidaridad se reduce a donar, se debilita la conciencia de derechos. Cuando la ayuda depende del rating, la dignidad depende del aplauso. Y cuando la rehabilitación depende del marketing, el enfermo deja de ser sujeto político para convertirse en imagen movilizadora de recursos.

No se trata de cuestionar la entrega de trabajadores, voluntarios o familias que encuentran en la Teletón apoyo real y concreto. Se trata de interrogar el marco que hace necesario ese espectáculo. En una sociedad verdaderamente democrática, la rehabilitación no sería un acto heroico anual sino una política cotidiana garantizada por el Estado. No habría que mendigar en televisión lo que corresponde por justicia.

La salud no puede ser mercancía. La dignidad no puede depender de la caridad. Y la solidaridad auténtica no consiste en sostener un modelo que excluye para luego mostrar compasión por los excluidos. Consiste en transformar las estructuras que producen desigualdad, para que ningún derecho fundamental dependa nunca más de una campaña televisiva. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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